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Los niños reciben órdenes de los adultos constantemente. De sus padres, de los profesores, de los abuelos, de los entrenadores… Las instrucciones que damos a nuestros hijos ocupan, según las familias con las que trabajo, el 80% de la relación. El 20% de la relación es conexión.

En cambio es posible invertir estos porcentajes y hacer que el 80% de nuestras interacciones sean conexión, y solo el 20% instrucciones. Las familias que lo consiguen forman un equipo tan sólido con sus hijos que no es necesario pasarse el día dándoles instrucciones porque los niños responden muy bien a las llamadas de los adultos, y les parece natural contribuir al buen funcionamiento del grupo.

Pero ¿cómo se pueden dar instrucciones desde la conexión? ¿Cómo convertir una orden en un momento de encuentro entre adultos y niños?

El siguiente ejemplo ilustra bien cómo se pueden dar instrucciones con y sin conexión con los niños. La situación de partida es esta: el adulto llega a casa después de su jornada de trabajo. Está muy cansado y con mil cosas que hacer: preparar la cena, acompañar a sus hijos con los deberes, acostarlos…  

Este adulto entra en el cuarto de su hija y lo encuentra hecho una leonera, con la cama deshecha y todos los juguetes en el suelo. 

Ella está tranquilamente jugando en el salón, el desorden de su cuarto no le molesta nada. ¡Pero al adulto sí! El adulto no tolera ese grado de desorden en su casa. 

Con un gran enfado, el adulto dice: “Tienes que recoger el cuarto, ahora mismo”. 

La niña protesta o ignora al adulto, que insiste: “Lo quiero recogido ahora”. 

La niña le pide que espere, el adulto dice que no y ambos se enzarzan en una discusión. Finalmente el adulto amenaza: “O recoges ahora mismo o no tienes ordenador en toda la semana”. 

En esta situación, el adulto y la niña están de mal humor y en conflicto. No se han visto desde el desayuno y su primer contacto al final del día ha sido muy desagradable.

Esta sería la alternativa desde la conexión: 

Cuando el adulto ve el cuarto desordenado, se muerde la lengua. Respira hondo. Va hacia su hija, le da un beso, le pregunta qué tal le ha ido el día en el colegio y escucha atentamente lo que la niña le cuenta. A continuación, el adulto añade:

“He visto que tu cuarto está desordenado. ¿Qué te parece si te ayudo a recogerlo rápidamente, y después me ayudas tú a hacer la cena?”

La niña podrá responder que quiere terminar el juego en el que está enfrascada.

El adulto responderá: “Juega cinco minutos más. En cinco minutos vengo, recogemos y nos vamos a la cocina. Así tenemos tiempo para que me cuentes qué tal te ha ido hoy en el colegio, y para que hablemos de los planes de este fin de semana. ¿Quieres que invitemos a tu amiga el sábado? Lo hablamos cuando termines de jugar”.

Su juego es para ella tan importante como para el adulto el orden, de manera que es importante que sea respetado y que se le den unos minutos para cambiar de actividad. Y lo que para ella puede ser aburridísimo (recoger y cocinar), se convierte en un momento de conexión contigo. 

El día presenta muchas más oportunidades de conexión de las que imaginamos. Cuando estés en el parque con tus hijos, deja el móvil en el bolso y míralos jugar de vez en cuando. Guíñales un ojo cuando pasen corriendo por delante de ti. Si vais juntos en el coche, charlad, cantad canciones que os gusten a todos, jugad al veo-veo. Mientras peinas a tu hija haz caras en el espejo para que se ría. ¿Vais al colegio andando? Dale la mano mientras camináis y obliga a tus pensamientos a estar allí, con tu hijo, charlando o en silencio. Podéis el recorrido jugando a no pisar las líneas del pavimento. ¿Están haciendo los deberes? Pásales una mano por la cabeza, apoya tu mano en su hombro… Si tu hijo es un adolescente que no tiene mucho interés en hablar contigo, córtale el paso cuando os encontréis por el pasillo, inicia una pequeña “pelea”. O dale con un cojín cuando esté en el sofá y empieza una pelea de almohadas. 

Busca los intereses de tus hijos y conecta con ellos a través de ellos. Deja que te cuenten cómo ha sido el partido de fútbol del recreo, la partida de fortnite que jugaron ayer o el último descubrimiento sobre dinosaurios. Interésate por sus intereses. Escúchales activamente y mantén la conversación viva. 

El objetivo es siempre lograr que haya un 80% de conexión en las interacciones que tengáis a lo largo del día, todos los días. Si lo haces, la relación con tus hijos mejorará, estaréis más unidos y las situaciones que ahora son complicadas serán cada vez más sencillas para todos.

Si quieres que tus hijos te sigan, recuerda: consigue que el 80% de vuestras interacciones sean de conexión.

Fundadora de Relájate y educa. Ayudo a padres y madres a construir una familia feliz, en armonía y con mucha conexión. Encontrarás más sobre mí en: relajateyeduca.com/recibe-mis-estrategias

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