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Concurso de relatos: El coche de Raúl

Raquel nos deleita con un cuento en el que un niño nos cuenta su experiencia al entrar en un proceso de coaching familiar.

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Publicamos otro de nuestros cuentos participantes en el concurso de relatos. En esta ocasión, la autora es la coach familiar Raquel de Diego. Ya sabéis que si os gusta, debéis darle al Me gusta en Facebook, porque con los Me Gusta se decidirá quién gana. Raquel nos deleita con un cuento  en el que un niño nos cuenta su experiencia al entrar en un proceso de coaching familiar. 

Me llamo Raúl. Tengo 5 años, y vivo con mamá y con papá en una casita que todos dicen que es pequeña. Yo no sé si es pequeña… Lo que sí sé es que me encanta vivir en ella.

También me encantan los coches. Me podría pasar horas, ¡qué digo horas, días! mirando por la ventana de mi cuarto a todos los coches que pasan por la calle. Y me gusta jugar. Con papá y mamá, en casa jugamos a los retos: hacer una lista muy larga de todas las comidas que nos gustan, contar la mejor historia de monstruos buenos, bailar de la forma más ridícula… ¡nos desternillamos de risa!

Un día, sin saber muy bien por qué, eso cambió. Mamá y papá no paraban de discutir, y estaban siempre muy serios. Ya casi no jugábamos a nada juntos. A mí esa situación me ponía muy, pero que muy nervioso. Y sólo se me ocurría llorar, y gritar, y pedirles cosas a papá y a mamá, a ver si así me hacían más caso…pero solo conseguía que se enfadaran conmigo. Sabía que a veces discutían por mi culpa, y esto me ponía todavía más nervioso. Yo no entendía nada, no sabía si papá y mamá se habían enfadado conmigo tanto, tanto, que ya no me querían. Estaba muy triste.

Hasta que una tarde mamá nos juntó a papá y a mí, y nos dijo que ya no aguantaba más, que algo teníamos que hacer. Había hablado con la tía Pili y le había aconsejado que empezáramos todos un “proceso de cambio”. Ni idea de lo que significaba eso. Pero el caso es que íbamos a hacer Coaching Familiar, con una coach de familia. Eso me dijeron papá y mamá el día que nos preparamos para ir a ver a una señora. Cuando llegamos al sitio, esta señora se presentó muy amable y nos dio la b ienvenida a todos, y la enhorabuena por querer empezar a mejorar toda la familia unida.

No sé a mamá y a papá, pero a mí me parecía todo nuevo. Para empezar, la “Señora Amable” me preguntó a mí primero, antes de que contasen nada papá y mamá. Dijo que el orden lo haríamos así, primero los más pequeños…cuando los mayores siempre me dejan a mí para el final por el mismo motivo, ¡ser el pequeño!

Nos preguntó lo mismo a los tres: si sabíamos para qué estábamos ahí, si sabíamos lo que es el Coaching y lo que se hace en un proceso de coaching familiar… Yo contestaba con confianza, según lo que pensaba. Y pensaba que íbamos a que la “Señora Amable” me hiciese ser menos protestón, como me decían mamá y papá. Pero ella nos explicó que en una familia todos sumamos, y lo que hace uno le afecta al otro, que por eso teníamos que hacer todos cosas para estar mejor en casa.

Como le dije que a mí me gustan mucho los coches, nos explicó que la familia era un coche que nos iba a llevar al lugar donde quisiéramos estar. Después de hacer unos juegos divertidos y de hablar mucho los tres, por fin llegamos a la decisión de querer llegar a un lugar llamado Tranquilidad y Alegría. La “Señora Amable” sería una especie de mapa de carreteras para guiarnos y saber llegar a nuestro destino, y nosotros decidíamos que cosas buenas de nuestra familia y de cada uno de nosotros nos llevarían al final del viaje. Nos contó algún cuento, jugamos a muchas cosas, nos ayudó a pensar en las cosas buenas de mamá, las cosas buenas de papá, y cosas buenas que papá y mamá dijeron de mí (esto fue muy emocionante), hasta que ¡Tachán! Surgió la magia: en casa las cosas empezaron a cambiar.

Todo lo que hablábamos con la “Señora Amable” lo hacíamos en casa, y así, sin saber todavía muy bien cómo, yo estaba más contento. Mamá y papá no discutían tanto, y jugaban más conmigo. Por fin, volvimos a jugar a los retos ¡me encanta! A veces papá y mamá me dejaban jugando en casa de algún amigo, o con los abuelos, y sé que ellos aprovechaban para hacer un plan juntos; pero no me importaba, porque luego me recogían muy contentos, ¡y la alegría se contagia!

También sé que mi coche de familia es muy especial, y que no hay otro igual. Por eso hay tantas marcas de coches, distintos colores, tapizados y modelos. Cada familia tiene un coche para recorrer su propio camino.

En mi coche está papá, que es el mejor contador de historias de monstruos buenos. Mamá, que es la mejor bailarina ridícula del mundo. Y yo. No hay nadie que se ría como lo hago yo.

Imagen: Viajando en coche con la familia. Fuente: Maria Elena en Flickr

 

Raquel De Diego

Raquel De Diego

Coach para familias y parejas
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