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Educar es todo

De 12 a 18 años

Historia de Mateo

Mateo ha vuelto a casa después de estar viviendo en el extranjero tres meses. Sus padres no le dejaron irse sin nada y le dieron algo de dinero, pero en cuanto se le acabó volvió.

“No soy capaz, todo me sale mal”, pensaba. Mateo no encontraba motivación estudiando y no ha sabido qué decisión tomar para seguir avanzando.

Cuando estudiaba probaron a comprarle una moto y no funcionó. También le castigaron la primera vez que repitió, pero no sirvió de nada. Sus padres ahora han cambiado su estrategia, en esta ocasión han decidido decirle que confían en él, que va a poder encontrar algo que le guste y le motive. Ellos ya no van a ayudarle, si no que van a dar un paso atrás y dejarle volar con todas las consecuencias.

Nunca han sido estrictos o demasiado blandos, pero él nunca ha tenido que esquivar una mala situación, siempre estaban para rescatarle incondicionalmente. Ellos creían que era apoyo, pero se han dado cuenta que no le estaban dejando avanzar. Mateo decidió tomarse una semana para pensar y decidir sabiendo que no va a recibir ni un sermón, ni un aplauso, solo la vida que él escoja.

Está ilusionado por todo lo que le espera y con ganas de empezar a construir su propia vida.

  • Muchas veces nuestros hijos nos piden ayuda en situaciones en las que ellos deberían poner solución. Pueden hacerlo por sí mismos, pero es más fácil recurrir a una ayuda rápida. No enfrentan sus problemas y no desarrollan su capacidad resolutiva.
  • Pueden mostrar desinterés o bloqueo en circunstancias que podrían afectarles a largo plazo, como quedarse sin plaza en una universidad, porque aún no saben cómo superar ese momento.
  • Cambian de idea en cosas importantes sin aparente preocupación.
  • Se muestran poco constantes o irresponsables con el dinero.
  • Muchas veces piden opinión para poder opinar aunque no han desarrollado aún un criterio propio y no tiene claros sus gustos o las cosas que realmente les hacen felices.
  • Pueden dejarse influenciar y hacer lo que otros les dicen para sentirse capaces o incluidos. En general, tienen un actitud inmadura como consecuencia de falta de experiencias propias.

Han dependido durante tanto tiempo de vosotros que no saben hacerlo de otra forma. No se les ha dado espacio para la reflexión ni la toma de decisiones, sin embargo, lo que sí han recibido es un excesivo control y preocupación.

Hay un estancamiento debido a que la relación de necesidad-dependencia de padres e hijos no avanzó hacia el amor y el respeto. De esa forma, cuando ayudamos a nuestros hijos más allá de lo que deberíamos, sin darnos cuenta, les seguimos lanzando los mismos mensajes de incapacidad y desconfianza de cuando eran pequeños. Ahora sí tienen muchas de las capacidades que antes no tenían, pero se les están negando con nuestra actitud.

En algunas ocasiones confundimos la etapa de la crianza en la que nuestros hijos están desvalidos e indefensos, con la etapa de la educación en la que debemos aprender a dejarles volar. Siempre manteniéndonos a una distancia prudencial entre la protección y la anulación de sus procesos. Que no les deje indefensos pero que no les anule como personas.

Cuando les sobreprotegemos les lanzamos un mensaje de desconfianza que ellos mismos acogen como suyo y nada de lo que emprenden lo hacen desde la seguridad, no confían en sí mismos. Lo harán hasta que les lancemos un mensaje empoderado: “tienes todo para avanzar”. Más rápido o más despacio, pero estamos diseñados para crecer y desarrollarnos. Podemos revisar si damos consejos cuando nos los piden o cuando nosotros creemos que los necesitan.

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