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Educar es todo

De 6 a 12 años

Historia de Ana

Ana lleva dos cursos en un cole nuevo, pero aún no tiene amigos. Sus padres la llevan y la recogen a pesar de vivir a dos manzanas del colegio y de que todos los compañeros van andando juntos. Tampoco ha podido apuntarse a baloncesto, como la mayoría de chicas de su clase, porque tiene gafas y sus padres no lo ven conveniente.

Ana no está acostumbrada a comenzar conversaciones porque nunca ha podido hacerlo. Sus padres la cuidan mucho y casi siempre hablan por ella. En el médico, de compras, con la profe, incluso con los propios compañeros. Le han invitado a un cumple y ella no quiere ir. Nunca ha ido a ninguno porque siempre le dolía la barriga o se encontraba mal. Pero hoy es el día y ya no puede poner excusas, sus padres le han dicho que ya es mayor y que va siendo hora de tener amigas, pero ella aún no sabe cómo hacerlo.

De camino a la fiesta se ha puesto a llorar muy nerviosa y le ha confesado a su padre que no quería ir. Él se ha dado cuenta que quizá están yendo un poco deprisa. Si nunca ha podido enfrentarse a algo así sola, ahora que los demás sí saben, puede hacerla sentir muy mal.

Han vuelto a casa y sus padres han decidido que si quiere puede ir andando al cole, un primer paso hacia su autonomía.

Si notamos que nuestros hijos tienen demasiado miedo o desinterés por actividades que no son peligrosas, puede ser que hayan malinterpretado que hagan lo que hagan no les van a tener en cuenta. Puede ser que haya llegado a esas conclusiones porque en alguno de sus grupo de referencia, hagan lo que hagan, no se sienten incluidos. Esto sucede en muchas ocasiones cuando sobreprotegemos o controlamos en exceso a nuestros hijos, percibiendo que ni les atendemos, ni les dejamos decidir. Muchas veces son solo percepciones por su parte, en otras ocasiones revisando la autonomía y el control que se ejerce sobre ellos sí se puede ayudar a superar esta fase de soledad por su parte.

Actúa así porque no siente que pertenezca a ningún sitio. No puede decidir ni sentirse capaz en ningún aspecto de su vida, porque todo viene de fuera y nadie tiene en cuenta cómo le afecta a ella. Su creencia es que todos deben rendirse y dejarla tranquila porque ella no va a saber encajar y le da miedo intentarlo.
“Estoy mejor sola”, “Lo he intentado todo, soy invisible”.

Es motivador para ellos sentirse capaces de algo, pero si siempre han estado sobreprotegidos y con muchos apoyos, hacerlo sin ayuda les va a dar miedo. Es muy interesante ver cómo poco a poco van ganando confianza pasando tiempo con ellos, aunque sea en silencio, sin hacer nada. Deben sentir que lo importante no es qué hacen o cómo lo hacen, sino quiénes son para nosotros.
“Me gusta estar contigo”. Esta frase para ellos significa muchísimo. Es desde un “te veo” hasta un “te queremos hagas lo que hagas, o lo que no hagas”.

Revisar las comparaciones, expectativas y etiquetas. Son niños que probablemente se estén sintiendo invisibles porque hay demasiado control y sobreprotección. De una forma u otra podemos preventivamente capacitar todo lo posible con frases como: “solo inténtalo, yo estaré cerca si me necesitas” y demostrarles que confiamos en ellos.
Muchas veces estas actitudes pueden reflejar el inicio de algo más serio, como una depresión, un abuso, etc. Si un niño se aísla y cuando alguien se acerca no se siente cómodo, hay que tomarse mucho tiempo para ganarse su confianza y dejar que se abra con nosotros. Si no estamos seguros de ello, es preferible acudir a un profesional que nos asesore.

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