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Educar es todo

De 3 a 6 años

Historia de Antón

Antón se siente mal cada vez que su madre coge el teléfono y habla con alguien. No sabe por qué, pero no le gusta nada. Necesita que le miren todo el rato. Si no lo hacen, cree que no le quieren. Se siente ignorado.
Cada vez que ve a su madre con el teléfono le entra una urgencia muy grande por hacer que le mire. Intenta subirse en su regazo, pedirle cosas, moverse a su alrededor, hacer ruido…

Antón recibe reprimendas y castigos cada vez que lo hace. No le gusta sentir que molesta. Le pone triste, pero por lo menos de esa forma le miran y le hacen caso. Antón ahora cree que es “el pesado”, y así actuará a partir de ahora, porque le funciona. Si se comporta así los adultos dejan de hacer lo que estaban haciendo para atenderle.

Pero sus padres se dan cuenta de que su reacción no soluciona el problema. Entonces empiezan a incluirle en las situaciones, a contar con él pidiéndole ayuda, y si no pueden atenderle, le dicen que les encanta estar con él y que buscarán un momento para estar juntos cuanto antes.

Ahora Antón siente que le tienen en cuenta, aunque no le miren todo el rato. Ya no se pone nervioso si no es el centro de atención. Ha empezado a escuchar a los demás y no ser el que habla siempre. Está mucho más tranquilo.

Verbalizadas: Mamá, mamá, ¡mírame!, ¡No me hacéis caso!, ¿Sabes qué?

Implícitas: perseguirnos, interrumpirnos, llorar a la mínima, buscar excusas para buscarnos en momentos inadecuados (quiero pis/agua/comer…)

Utilizar estrategias de atención en torno a necesidades básicas (dependencia fingida): retrocesos en rutinas ante la llegada de nuevos hermanos o cambios de situación (hacerse pis, comportarse como un bebé, pedir ayuda con algo que ya sabían hacer…).

Mantenernos constantemente ocupados con ellos: física, mental y emocionalmente.

De los 2 a los 6 años nuestros hijos aprenden cómo van a vivir el resto de su vida. Es la etapa de la experimentación, de probarlo todo. Partirán de las experiencias emocionales para configurar su mente racional, por lo que es imprescindible que permitamos y respetemos sus manifestaciones emocionales desde una posición de calma.

Ojo: las rabietas pueden durar hasta los 4 años. Aunque parezcan un capricho o una forma de llamar nuestra atención, pueden ser todavía un proceso fisiológico de tramitación del estrés.

Si por cualquier motivo captan que no les atendemos, van a utilizar todo su potencial para recuperar esa atención que creen perdida.

  • Incluirles en todas las situaciones posibles: en las tareas del hogar, en la compra… Tenerles en cuenta y hacerles sentir que forman parte de la familia satisfará su necesidad de atención.
  • Escucharlos de forma activa cuando estemos disponibles y sea posible. Cuando no podamos escucharles les diremos que no es posible hablar en ese momento, pero transmitiendo que nos interesa y que buscaremos un momento para hablar con calma.
  • Si son varios hermanos es fundamental tener tiempo especial a solas con cada uno. A ser posible se recomienda un rato a solas cada día, compartiendo una actividad creativa o que fomente la comunicación.
  • Utilizar gestos y lenguaje no verbal para los momentos en los que no podemos atenderles (pasarles un brazo por el hombro cuando hablamos con otro adulto en la calle, cogerlos en brazos y acariciarles mientras hablamos por teléfono, etc.)
  • Pedirles ayuda. “¿Me ayudas?” es la frase mágica para evitar llamadas de atención.
  • Agradecer en lugar de alabar. “Gracias por recoger tu abrigo” en lugar de “muy bien por recoger”. Con esto conseguimos agradecer su esfuerzo en lugar de juzgar sus acciones.

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