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Educar es todo

De 0 a 3 años

Historia de Quique

Quique está empezando a decir sus primeras palabras. Sus padres estaban muy contentos, hasta que ha empezado a decir “NO”.

No pueden creerse que un niño tan pequeño pueda entender lo que significa decir “NO”. No le dan importancia, pero Quique empieza a enfadarse cuando le sacan del baño, y lo expresa gritando muy fuerte: “¡no, no, no!”. Al principio intentan hablar con él, pero se dan cuenta de que quizás deberían intentar calmarse ellos para transmitirle esa calma en momentos donde se frustra.

En esta etapa Quique está aprendiendo muchas cosas y ya podría empezar a tomar decisiones sobre sus propias capacidades, su autonomía y los límites de su mundo. Por eso, desde que sus padres tienen en cuenta que Quique tiene unos ritmos y necesidades diferentes a las que a veces el día a día nos exige, Quique está más tranquilo y receptivo.

Nuestra propia calma y comprensión son muy necesarias en esta edad para que no se desarrollen ciertas creencias que, más adelante, pueden llevarle a buscar el poder en todas las situaciones.

Sus padres ahora saben hacerle sentir seguro y capaz.

  • Cualquier actitud que nos haga sentir desafiados o retados indica que necesitan espacio, poder tomar sus propias decisiones y ser parte activa de su propia vida.
  • Puede protestar o negarse a hacer algo cuando se lo piden.
  • Obedecer pero desafiarnos. Por ejemplo: recoge sus juguetes pero los lanza, en lugar de tratarlos bien, para mostrarnos su disconformidad.
  • A veces se tira al suelo y no quiere andar, o se queda parado en la calle y termináis tirando de él o cogiéndole en brazos.

Uno de los pilares del sentido de pertenencia es poder decidir sobre nuestra vida.

Desde que nacemos hacemos lo que alguien nos dice porque existe la creencia de que los niños no deben decidir. Tenemos miedo a perder autoridad si les ofrecemos nuestra confianza y les dejamos opinar sobre sus cosas. Estas negativas a satisfacer necesidades tan urgentes para él podrían llevarle a percibir algunas situaciones como demasiado agobiantes.

Necesitamos entender el mundo que nos rodea, pero muchas veces hay prisa, no es el momento o no es conveniente.

Vamos a enseñarles muchas cosas, pero sabiendo dónde están los límites que marcan la diferencia entre ayudarle a crecer, agobiarle o sobreprotegerle. Desde su primer día de vida podemos dirigirnos a él o ella con preguntas que nosotros mismos contestaremos, pero que a ellos ya les van a hacer sentir incluidos.

Ese es el primer paso para evitar luchas de poder en un futuro, tener en cuenta los procesos y comunicarse de manera inclusiva. Por ejemplo, mientras le cambiamos el pañal podemos preguntar y responder: “limpiamos así, ¿despacito? Sí, ¿verdad?, ¿Ahora estamos fresquitos?, ¿A que te gusta estar limpito?”

En esta fase es fundamental la comunicación y nuestra calma cuando lleguen momentos de estrés, para poder “contagiarlo” con nuestras emociones equilibradas.

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