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Educar es todo

De 12 a 18 años

HISTORIA DE MARTA

Han abierto una sala de cine en el barrio y Marta ha ido con sus amigos a ver una película. Su madre va a recogerla, pero ella llega tarde. Sentada en un banco ve venir el coche, pero ni siquiera hace ademán de levantarse, sigue hablando y hace esperar a su madre. Esta le dice una vez en casa que no le ha gustado su actitud y ella se marcha dando un portazo. La mañana siguiente Marta se mete en el baño y tarda más de lo habitual, sin tener en cuenta que los demás necesitan entrar. Cuando por fin sale y su madre le dice muy enfadada que debe ser más considerada, esta le responde con un: “ y si no, ¿qué?”

Durante la cena Marta informa a su madre que pasa de comer y esta le dice que “va a cenar, sí o sí” pero ella se niega preguntando: “¿vas a obligarme?”. Después de varios días así, su madre decide hablar con ella cuando está más receptiva. Ella le dice que está harta de que la trate como una niña pequeña, empezando por la ropa, los horarios… Hasta le ha reconocido que accedió a matricularse en Derecho aunque ella realmente prefería Periodismo.

Su madre decide darle un voto de confianza porque recuerda que a su edad ella también necesitaba empezar a decidir sobre su vida y no le gustaba que la vigilaran como si fuera a hacer algo malo.

A estas edades una actitud retadora de nuestros hijos puede llegar a convertirse en una batalla campal. Estos momentos de desafío vienen a enseñarnos que no necesitamos estar por encima de ellos y ganarles, sino que podemos estar en una relación horizontal en lo que a respeto se refiere.

Siempre que ellos sientan o interpreten que intentamos estar por encima, entrarán en esa lucha de poder.

En esta fase es muy importante recibir de nuestros padres un voto de confianza, traducido en espacio y comprensión. A partir de hora tomar sus propias decisiones tendrá muchas más consecuencias en su futuro que las que tomábamos por ellos en etapas anteriores. Llegados a este punto, si nuestros hijos han podido tomar decisiones más pequeñas durante etapas anteriores, sabrán adaptase a esta etapa sin problemas. Por eso es tan importante entender esas actitudes retadoras como señales de alarma que nos dicen que nuestros hijos van a tomar las riendas de su vida.

Lo más importante es capacitar, apoyar y acompañar desde la amabilidad y el respeto a nuestros hijos en la búsqueda de sus propios gustos.

Si en los momentos de firmeza lo hemos hecho desde el respeto y teniendo en cuenta sus sentimientos al respecto, si hemos sabido contar con ellos a la hora de decidir en familia, si solemos preguntarles sus opiniones o cómo ellos actuarían, si hemos sido capaces de hacerles llegar a conclusiones por sí mismos en lugar de decírselo todo, si en lugar de ordenar hemos podido acompañar, apoyar y motivar, seguramente estas conductas retadoras no serán habituales. Pero si por cualquier motivo nuestros hijos han percibido que no les teníamos en cuenta y se muestran desafiantes, es la hora de confiar.

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