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Educar es todo

De 3 a 6 años

Historia de Eva

Eva no quiere ir al colegio. Es su último año en educación infantil y no está teniendo un buen comienzo. Todas las mañanas es una lucha constante para todo, se enfada mucho y no quiere hacer nada de lo que le piden.

Asearse, peinarse, vestirse, desayunar, salir de casa… Absolutamente todo es un conflicto.

Sus padres tienen mucha paciencia, pero hay veces que la prisa o el agobio les juega malas pasadas, se enfadan con ella y no pueden esperar a que se calme cuando está muy enfadada.

Una tarde, en el momento de recoger los juguetes para comenzar la rutina de baños, Eva se negó a recoger de muy malas formas y gritó a su madre: “ ¡tú no me mandas!”. Eso hizo reflexionar a sus padres. Eva vivía toda la semana muy dirigida, con unos horarios muy rígidos, con su día lleno de rutinas. La relación de Eva con sus padres se reducía a conseguir que ella hiciera lo que cada momento ellos requerían.

“Eva, vamos”, “Eva, deprisa”, “Eva, vístete por favor”, “Eva, mastica”, “Eva…”
Se dieron cuenta de que quizás ella se sentía un poco asfixiada y necesitaba que la tuvieran un poco en cuenta. Probaron a darle opciones: “Eva, hay que bañarse. ¿Recogemos ahora o después de ponernos el pijama?”

La primera vez que Eva escuchó esta frase le cambió la cara y, antes de reaccionar, esa actitud abierta y comprensiva de su madre, le hizo sentirse tranquila y pensar: “puedo escoger, puedo decidir algo en mi vida”.

Eva se fue a bañar y luego recogió tranquilamente. Sus padres empezaron a darle opciones más a menudo y las mañanas empezaron a ser más fáciles. Eva no necesitaba protestar para hacerse un poco de espacio.

  • Cualquier actitud que nos haga sentir desafiados o retados indica que están preparados para recibir nuestra confianza y comenzar a dar sus propios pasos.
  • Aunque al principio nos va a causar enfado, si sabemos “leer” más allá de su conducta y vemos sus necesidades, no nos sentiremos tan desautorizado, sabremos entenderlos en lugar de tomárnoslo como algo personal.
  • Nos desafían, no aceptan la autoridad y cuánto más intentemos imponernos, más se revelan.
  • Tienen un “no” constante en la boca y cuando “les ganamos” obedecen con malas formas, hablando entre dientes o con aspavientos.

En esta época el estrés causado por el exceso de control, unido al cansancio y a frustraciones ocasionales, puede desencadenar rabietas. Es importante recordar que eso no es una mala conducta. Aunque parezca que lo hacen para fastidiar, lo están pasando muy mal. Lo único que podemos hacer es acompañar sin ignorar y ofrecer nuestra propia calma como refugio.

Para poder crecer como individuo dentro de la familia es preciso cubrir ciertas necesidades que nos ayuden a adaptarnos a la vida en comunidad. Una de ellas es tener cierto control sobre nuestra propia vida.

Si los adultos de referencia no tienen esto en cuenta, seguirán incidiendo en la idea de que ellos mandan y los niños deben simplemente obedecer. La creencia errónea que va a motivar esas conductas es: “ser el que manda es el objetivo aquí”.

Una conducta desafiante nos dice que necesita que le den opciones dentro de unos límites razonables.

  • Podemos lanzarles a nuestros hijos un mensaje de apoyo y confianza de manera preventiva.
  • Cuantas más veces escuchen expresiones como: “tú decides” o “confío en ti”, menos necesidad tendrán de buscar su sitio imponiéndose.
  • Es importante escuchar sus quejas, peticiones, sugerencias o deseos sin pretender que no se enfaden si hay algo que no pueden hacer. Si en ciertos momentos no tenemos más remedio que imponernos, aún así, podemos modelar habilidades sociales si lo hacemos desde la comprensión y el respeto.

Enfadarse con un niño que desafía es iniciar una lucha de poder muy poco útil. No está aprendiendo nada, ganarle solo fomentará sus deseos de poder.

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