Lucía Ruz: «Rescátate como mujer porque la madre que hay en ti va a ser mejor, no te olvides de quién eras»

Nadie dijo que ser madre fuera fácil. Pero es que ser madre y seguir dejando un hueco a la mujer que somos es aún más difícil. Es como hacer equilibrios constantes en una fina cuerda de culpa, autocuidado, conciliación, decisiones, identidad… En una dualidad que nos persigue todo el tiempo. Ninguna mujer es la misma que era tras ser madre y eso es una realidad. Cambia el cerebro, cambia el físico y cambian las prioridades. La publicista y fundadora del pódcast ‘Mujeres madres’ presenta ahora un libro que lleva por título el mismo nombre y en el que quiere que todas las madres se reconozcan con sus necesidades y deseos.

Ninguna mujer es la misma que era tras ser madre.

P. ‘Malabarista en el circo de la vida’. Es una buena definición de madre la que empiezas haciendo en tu libro…

R. Empleé esa porque el circo es un espectáculo al que la gente acude a ver, es decir, las madres no sólo tenemos que aprender a hacer malabares, sino que los hacemos mientras estamos expuestas al juicio social. La sociedad se toma la libertad de valorar cómo lo hacemos. El trabajo de malabarista es difícil y está expuesto a la expectación ajena y para mí es como la manera en la que estamos maternando ahora mismo. Antes la mujer que se casaba y tenía hijos anulaba su parte de mujer. Nosotras ahora tenemos más roles porque hemos crecido siendo empoderadas con todas las posibilidades por la igualdad de derechos y tenemos que aprovecharlo. Pero no se nos ha liberado del cuidado y tenemos todas estas tareas a la vez.

 

P. ¿Entonces las mujeres de hoy en día lo tenemos más difícil?

R. La parte de mujer no me atrevo a decir que más fácil, pero sí tenemos más suerte por tener más ‘libertad’, aunque se sigue enjuiciando. Ahora podemos elegir la carrera profesional, y la maternidad es una parte de nuestra vida, no es nuestro único valor. Antes ese valor se medía en la capacidad de ser madre. Como mujeres, hemos ganado pero como madres hemos perdido. El rol de madre sí era más fácil antes porque se esperaba que las mujeres fuesen madres y hacían todo su esfuerzo en ello, era su único trabajo,  pero no se enfrentaban al estrés constante que vivimos de hacer esos malabares, de aunar varios roles en una misma persona, sin contar la carga mental, la conciliación…  Yo creo que en general si unes los dos roles lo tenemos más difícil porque tenemos doble presencia.

 

P.¿Y qué hacemos con la carga mental y la corresponsabilidad? 

R. La corresponsabilidad aún no es una realidad en la mayoría de hogares. Y el sistema tampoco nos sostiene. Mira, en 2022 el 85% de reducciones de jornada y excedencias por cuidado de menor la solicitaron mujeres, ¿por qué? Porque existe una brecha salarial y porque el hombre aún no se ha sumado al cuidado del hogar. Piensa que las mujeres hemos crecido con esa carga de cómo hay que criar. A nosotras se nos ha empoderado pero no se nos ha liberado, y a ellos no se les ha enseñado a convivir con mujeres empoderadas que no solo cuidan. Así que hay un desequilibrio. Sí es verdad que hay hombres que deciden aprender e informarse porque no lo traen de cuna. Está en su responsabilidad el ser parejas corresponsables. Pero hay otros que deciden vivir en el privilegio haciéndose los ignorantes y ayudando simplemente. Y ayudar no es suficiente. Y yo me pregunto y pienso. ¿es nuestra responsabilidad educarles?

A nosotras se nos ha empoderado pero no se nos ha liberado.

P. Al final somos la generación bisagra. ¿Eso no es echarnos más responsabilidad y peso en la espalda del que ya tenemos? 

R. Hay que tener cuidado en cómo se lanza el mensaje, no podemos echarle a la mujer la responsabilidad de educar de este modo. Parece que somos nosotras, pero también son ellos los responsables del cambio. Estamos moldeando el nuevo modelo, y si no tomamos esta responsabilidad nuestros niños van a heredar lo mismo. Hay que elevar las miras y no entenderlo desde una carga más que tenemos, sino que es que nos ha tocado, porque lo que teníamos no nos vale y estamos sufriendo las consecuencias porque el mundo no es el mismo, y hacer la crianza igual no funciona. El amor por nuestros hijos y la intención de dejarles un mundo mejor nos obliga a ello. Igual que en los años 70 algunas mujeres sin derechos decidieron luchar. Ahora nos toca a nosotros. Si queremos la evolución hay que asumirlo.

 

P. En tu caso, ¿cómo lograste equilibrar esa dualidad de madre/mujer profesional tras tu maternidad?

R. Para mí la luz vino de tocar fondo, de llegar al pozo. Intentaba ser la madre dedicada que había vivido en casa, pero no podía encajar los dos roles que tenía, porque también trabajaba. Llegué a un punto de que no sabía que la maternidad era así y estaba hundida y me rompí. Pero no me lo podía permitir porque tenía dos hijas. Llegó un punto de inflexión y lo dejé todo por esta necesidad de escucharme y reencontrarme como mujer. De saber cuáles eran mis prioridades. Para mí en mi caso viene acompañado de un trabajo personal de escucharme y dedicarme tiempo a mí, de aceptar que la culpa iba a estar, pero que no me comiese por no ser la madre que quería estar siendo, y de investigar todo lo que nos pasa a las mujeres. La maternidad moderna es esa maternidad en la que estamos lidiando con los mensajes de ‘tú puedes ser la profesional que quieras’ pero traemos de cuna una manera de criar que no casa con ello. Así que no podía tomar todo eso como referente, lo cual me dio calma y me liberó, porque estaba tirando con mucho. La expectativa que hay puesta es superior. Y yo tuve suerte de que pude permitirme parar y dejar mi trabajo. Ese punto de privilegio no lo tiene todo el mundo. Pero sí tenemos que darnos esa importancia y cuidarnos para cuidar.

 

P. De hecho dices algo muy importante en tu libro: ‘No te olvides de ti porque la madre que hay en ti te necesita, estabas ahí primero y la madre no es nadie sin ti’. ¿Esto cómo lo hacemos? ¿Cómo atendemos a nuestras necesidades, sean del tipo que sean?

R. Es que es algo a lo que nos enfrentamos las mujeres por primera vez, porque antes quedábamos abandonadas. Se ignoraban los sentimientos de estas mujeres y somos las primeras que tenemos que entender que para ser madre ya veníamos de ser mujeres antes. Está claro que vamos a cambiar, porque la maternidad es transformadora y nos requiere tanto que es normal que nos perdamos en el rol de madre; el proceso será distinto en cada momento, pero tenemos la necesidad de recuperarnos como mujer. En realidad no es que tengamos que volver, tenemos que redefinir quiénes somos porque nos hemos perdido. Tenemos ambiciones, aspiraciones, que pueden haber cambiado, pero que son nuestras como mujer. Así que no perdamos nuestra esencia porque esa mujer se hace pequeña y si no la rescatas hay una parte de ti que se muere. Rescátate como mujer porque la madre que hay en ti va a ser mejor, no te olvides de quién eras y añade ese otro rol. Es fácil dejarnos ir pero hay que tomar conciencia de dónde estaba la matriz. Reconectemos con ella y re-conozcamos esa mejor versión para potenciar el resto de roles. Porque la maternidad va más allá de los hijos. También está el tema de la sexualidad, que creo que sigue siendo tabú para nosotras y sobre todo en la maternidad. Y fíjate, que las mayores escuchas del pódcast son las que tienen que ver con ese tema.

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Lara Fernández

Periodista especializada en Educación y maestra de Educación infantil

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