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rincón de pensar
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Seguramente hayáis escuchado, o incluso utilizado, el famoso método conocido como “el rincón de pensar”. Esta técnica es bastante utilizada por padres, madres y profesores como una forma de mandar a reflexionar a los niños tras un comportamiento incorrecto, con la finalidad de que recapaciten sobre su actitud y lleguen a conclusiones por ellos mismos.

Al tratarse de una “invitación” a pensar y reflexionar, muchas personas lo asocian con un método de disciplina positiva o incluso rechazan que se trate de un castigo. Pero, ¿es acertada esta creencia? ¿Qué conseguimos mandando a los niños y niñas al “rincón de pensar”? Le hemos trasladado todas estas dudas al psicólogo Rafa Guerrero para que nos arroje un poco de luz en este tema que produce tanta confusión entre madres, padres y profesores.

Mandar al “rincón de pensar” es una forma de castigar

Lo primero que tenemos que tener claro es que sí que se trata de un castigo, y así lo entienden los niños cuando se les manda al “rincón de pensar”, pues es una acción que viene precedida de un comportamiento inadecuado y pretende penalizarlo. Como indica Rafa Guerrero, “el rincón de pensar ha sido muy utilizado porque vivimos en una sociedad tremendamente conductista, donde lo importante es el resultado, y no importa el camino para conseguirlo, el viaje”. “Entonces, de siempre, si tú no te comportabas de una manera adecuada, recibías un castigo. Y uno de ellos era irte al rincón de pensar”, señala el psicólogo.

Este castigo tiene dos objetivos:

  1. Apartar al niño del grupo (cuando esto ocurre en una clase) o de su hermano, de los adultos o con quien se encuentre en ese momento.
  2. Esperar que en ese retiro el niño/a piense y reflexione acerca de su comportamiento.

¿Qué ocurre en el cerebro de los niños cuando les enviamos al “rincón de pensar”?

El psicólogo Rafa Guerrero matiza que “está bien que en adolescentes y adultos fomentemos la reflexión”. Sin embargo, en la etapa de infantil, en niños de 2 o 3 años, les estamos pidiendo que hagan algo para lo que su cerebro no está preparado, y es que piensen. “Y no está capacitado porque la estructura del cerebro que se encarga de pensar de una manera consciente, no inconsciente, empieza a tener un buen funcionamiento en torno a los 6-7 años”, nos explica Rafa.

Por lo tanto, esta técnica no tiene ningún efecto en niños menores de 6-7 años, pues neurológicamente los niños y niñas no tienen los instrumentos para poder pensar. Entonces, “cuando vamos y les preguntamos qué han pensado, no saben qué decirte. Como mucho te dicen que no lo van a hacer más, porque saben que es lo que queremos escuchar”.

Rafa Guerrero hace hincapié en que “nos olvidamos de algo muy importante: somos nosotros los que tenemos que ayudarles a pensar”.

Este método señala y aparta

Así pues, mandando a los niños y niñas al rincón de pensar no estamos leyendo las razones que hay detrás de la conducta que están teniendo y, además, les estamos colgando la etiqueta de “malos”. Como apunta Rafa, “detrás de las conductas “malas” de este niño no hay ninguna maldad. Lo hace mal porque no sabe hacerlo mejor, o está manifestando un malestar con conductas inadecuadas. Desde luego que no está bien empujar a tu hermana, pero esto no quiere decir que tu hijo sea malo”.

Sin embargo, lo que conseguimos con este tipo de acciones es señalarlos, apartarlos del grupo. “Y el niño lo que necesita es todo lo contrario. Que alguien le mire, le preste atención, le escuche, porque por eso se está comportando así”.

Esto también pasa en secundaria cuando se les expulsa de clase. Como señala Rafa Guerrero, “lo único que conseguimos es alimentar su cerebro más primitivo, y que tengan más ganas de guerra, de demostrar su enfado, su rabia, su miedo. Y, en vez de calmar al niño, le estamos metiendo en una olla con agua hirviendo”.  

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