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5 claves para manejar en casa la fatiga pandémica

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Llevamos casi un año viviendo una realidad que un mes antes nos habría parecido apocalíptica: encerrados en casa, sin poder ver a muchos de nuestros seres queridos, con miedo a contagiarnos y sin ver clara la salida de esta situación. ¿Cómo nos ha afectado a las familias, niños, niñas y adolescentes? ¿Sufren nuestros hijos también la llamada “fatiga pandémica”? ¿Qué podemos hacer para sobrellevarla lo mejor posible? Preguntamos a Cristina Gutiérrez Lestón, educadora emocional, escritora y directora de  La Granja Ability Training Center y a Diego Delgado Agüera, psicólogo sanitario especializado en ansiedad y estrés miembro de la cooperativa Idealoga.

¿Sienten nuestros hijos e hijas fatiga pandémica?

Cristina Gutiérrez señala que “en los adolescentes vemos niveles similares de agotamiento y fatiga en comparación con los adultos, con mucho sentimiento de queja, rabia y desesperación. Solo en los niños y niñas pequeños notamos menos esta fatiga pandémica, pues tienen una ventaja con respecto a los adultos: su facilidad para conectar con el aquí y ahora (el momento presente)”. Diego Delgado coincide: “Las criaturas viven más en el presente que las personas adultas, relacionándose más con la realidad directa que los adultos. Quieren volver a celebrar sus cumpleaños, a quedar en casa de sus amigos y amigas, ir a dormir con los abuelos… y no poder hacer eso les frustra. Pero no están teniendo, al contrario que muchas personas adultas, un discurso mental tremendista y catastrofista”.  

Ambos se muestran, no obstante, preocupados por otros efectos que la pandemia y las restricciones están teniendo en el desarrollo de niños, niñas y adolescentes: “La pandemia está teniendo algunas cosas buenas, como que pasan más tiempo con sus padres y madres, pero cabe plantearse la duda de si esto va a generar un apego seguro y, por tanto, adolescentes y adultos con autonomía y responsabilidad, o mayores grados de dependencia e inseguridad personal. Haber reducido su círculo social también hace que tengan menos oportunidades de adaptarse a la diversidad que aporta relacionarse con personas muy distintas”, cuenta Delgado, que, aun así, se muestra esperanzado: “Los niños y niñas están demostrando mayor resiliencia que las personas adultas. En términos generales, diría que su comportamiento está siendo ejemplar”.

Educación emocional para afrontar la fatiga pandémica

Gutiérrez, por su parte, se muestra preocupada por las consecuencias de esta situación en la salud mental y emocional de la población, y en especial de la infancia y la adolescencia: “No podemos evitar sentir lo que sentimos porque las emociones son preconscientes, quieras o no, vas a sentir miedo, rabia o tristeza, o todo a la vez en una especie de Tsunami Emocional. Lo único que puedes hacer es regular ese miedo, o rabia o tristeza que estás sintiendo, y la herramienta para conseguirlo se llama Educación Emocional. Pero como a la mayoría, de pequeños, no nos la enseñaron, pues nos faltan los recursos y ahí es cuando el desánimo, la desilusión, la apatía, el miedo, la ansiedad o la depresión campan a sus anchas. Lo que veo cada día en mi trabajo me preocupa lo suficiente como para decir que hemos de reaccionar sin demora, apartar el miedo de nuestro camino y empezar a actuar entrenándonos emocionalmente”, concluye.  

5 claves para gestionar la fatiga pandémica en familia

¿Qué podemos hacer en casa para acompañar a nuestros hijos en esta montaña rusa emocional que estamos viviendo? Ambos expertos nos ofrecen claves muy interesantes:

  1. Ser conscientes de nuestras emociones: “Por ejemplo, antes de salir por la mañana, que cada miembro de la familia puede decir qué emoción siente (alegría, calma, estrés, desánimo, temor, enfado…), y por la tarde, repetir la pregunta. ¿Qué ha pasado durante el día para sentir eso que sientes ahora? Y hablar del tema durante la cena”, propone Cristina Gutiérrez.
  2. Regular lo que sentimos: “Es importante que nadie se sienta culpable por sentir lo que siente, pues como he explicado, no lo podemos evitar. Pero también es vital que todos tengamos muy claro que no podemos hacer lo que nos venga en gana con lo que sentimos”, aclara Gutiérrez. Así, podemos decir a nuestros hijos que es normal que estén nerviosos pero no pueden gritar ni pegar.
  3. Aprovechar el tiempo para disfrutar en familia: “con juegos, actividades formativas, tiempos de risa…”, apunta Diego Delgado.
  4. Dedicar tiempo a la comunicación para “poder identificar las necesidades de las criaturas, sus dudas y sus miedos”, resalta Delgado.
  5. Transmitir el mensaje de que la vida vale la pena a pesar de todo: “Este mensaje ahora, es trascendente pues los niños tienen muchos miedos y necesitan sentir la esperanza en la piel”, subraya Cristina Gutiérrez.

¿Te animas a poner en práctica estas ideas?

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