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¿Cuántas veces habéis intentado exponer vuestro punto de vista ante una persona que no atendía a razones? ¿O habéis visto cómo entre familiares o amigos se debaten temas a gritos y sin pararse a escuchar siquiera unos a los otros?

Como siempre decimos, los conflictos son inherentes al ser humano y, por lo tanto, tratar de evitárselos a nuestros hijos/as a toda costa puede que no sea la mejor opción. En lugar de eso, sería conveniente que les enseñáramos desde que son pequeños a debatir sin perder las formas ni los nervios, respetando a los demás y a sí mismos. Y, para ello, debemos tener en cuenta algunos aspectos muy importantes:

La asertividad, una habilidad imprescindible

La asertividad es la habilidad social y comunicativa mediante la cual las personas son capaces de expresar sus pensamientos, sentimientos, ideas, etc., de una forma respetuosa con los demás y con uno mismo. Se trata de no ofender ni atacar a los demás, pero tampoco menospreciar o invisibilizar la posición propia en situaciones en las que puede haber un conflicto o se ven vulnerados los derechos, opiniones o individualidades de una persona.

Fomentar y desarrollar la asertividad en nuestros hijos es fundamental, pues queremos que cuando sean mayores sepan decir NO cuando la situación lo requiera, que sepan valorarse, respetarse y respetar a los demás.

Como nos cuenta el psicólogo Alberto Soler en este vídeo tan interesante, ante situaciones de conflicto o discusión, se suelen adoptar dos posturas:

  • Pasiva: no sabes cómo atajar la situación, así que acabas agachas la cabeza y no te quejas porque no sabes bien cómo decirlo o porque te sabe mal. Aunque tus derechos se hayan visto vulnerados en cierta manera, no eres capaz de expresarlo.
  • Agresiva: no tiene por qué implicar una agresión física, pero sí que se suele caracterizar por la pérdida de los modales a la hora de expresar la incomodidad con la situación que está ocurriendo.

Como nos explica el psicólogo, de ambas posturas podemos extraer algo positivo. Adoptando la primera, no perdemos las formas ni le faltamos el respeto a nadie y, adoptando la segunda, podemos defender nuestros intereses y derechos. Así pues, la clave residiría en encontrar el equilibrio entre ambas opciones para ser capaces de expresar nuestros sentimientos y defender nuestra posición, pero siempre desde el respeto. Justo en esto consiste la asertividad.

Fomentar un clima familiar y comunicativo positivo

La familia es nuestro primer y principal círculo social, por eso es tan importante que las prácticas que llevemos a cabo en el ámbito familiar fomenten una comunicación sana y positiva. La trabajadora social Raquel de Diego nos explicaba en este artículo algunos tips muy útiles para conseguirlo:

  1. Dedicarle un tiempo cada día a contar cómo nos ha ido el día: en el trabajo, en el colegio, con lo que hacemos. De forma animada, priorizando ese momento a todo lo demás que esté “pendiente por hacer”, y estando todos presentes.
  2. Expresar sentimientos agradables y desagradables que vivimos sobre aquello que nos sucede.
  3. Manifestar lo que nos preocupa, haciendo partícipe a la familia, facilitando que todos se implique en la comunicación, puede que con un “¿qué harías tú si te pasara…?”. Nos podemos sorprender de la simplicidad en la forma de resolver conflictos que tienen nuestros hijos, poniéndonos en un nivel de igual a igual en este tipo de comunicación.
  4. Agradecer, y transmitir, lo importante y gratificante que es para nosotros tener esos momentos en familia.
  5. Proponer nuevos planes en el tiempo libre de familia, teniendo en cuenta los gustos y necesidades de cada uno, y priorizando ese tiempo compartido de disfrute antes que la actividad en sí. Los niños pueden entender que es un tiempo para pasarlo bien, donde ganan todos por hacer cosas juntos, y que cada vez puede decidir uno si no se llega a un consenso.

Dar ejemplo

Que levante la mano quien no haya dicho nunca a sus hijos/as la típica frase de “NO ME GRITES” a grito pelado. ¡A veces perdemos los nervios! Pero no podemos olvidarnos que el ejemplo que damos a nuestros hijos e hijas es importantísimo, pues al fin y al cabo, ellos aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos. Y si queremos que aprendan a razonar (que no a tener razón), sepan presentar su punto de vista o su opinión sobre un tema, y lo hagan de forma respetuosa y sin perder los nervios, nosotros también tenemos que intentar comunicarnos de esta forma.

Para lograr esto, la socióloga y educadora Alba Castellví y la consultora de crianza Miriam Tirado nos explicaban en esta fantástica ponencia cómo educar sin gritar:

Las peleas entre hermanos, una fantástica oportunidad

Como os contábamos al inicio de este artículo, los conflictos son inherentes al ser humano, por eso preparar a nuestros hijos e hijas a gestionarlos será mejor opción que intentar evitarlos.

Como nos explica María Soto, fundadora de Educa Bonito, “tener hermanos y poder pelearte con ellos es una ventaja muy grande porque es ahí, durante esos rifirrafes o peleas, cuando tenemos la oportunidad de adquirir innumerables habilidades sociales. Nuestra familia es nuestra primera ‘sociedad’ y nuestros hermanos son nuestros primeros mejores amigos y, al mismo tiempo, nuestros enemigos más crueles”.

Por eso, como nos aconseja María Soto en este artículo, “necesitamos herramientas nuevas para entender y actuar frente a las peleas, no podemos quedarnos en el “¡Cada uno a su cuarto!” porque, cada uno en su cuarto sólo estará pensando “¡Fue él!”, y con el “¡Pídele perdón!” ¿realmente se están disculpando de manera sincera?”.

CADA LUNES Y JUEVES DEL 10 MAYO AL 10 DE JUNIO DE 22:00h A 23:00h

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