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Alma Obregón: “Consejo para futuras mamás: tened preparadas las orejeras”

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Alma Obregón deja a un lado los libros de recetas a los que nos tenía acostumbrados y nos narra en “Maternidad real” (ed. Planeta) la experiencia vital de ser madre. Según ella “la experiencia más emocionante de mi vida”. Y lo hace, según dice, para ayudar a todas esas madres en su camino y contar lo que nadie le contó a ella.

  • Alma, no es este el libro al que nos tienes acostumbrados. ¿Qué te ha empujado a escribir un libro sobre maternidad?

Cuando me quedé embarazada de Bruno y, sobre todo, después de dar a luz, sentí que había un montón de cosas “que no me habían contado” y me sentía con la responsabilidad de hablarlo, de explicar todo aquello que no se cuenta. Pero no me refiero solo a aspectos negativos (como el agotamiento o lo duro que es el postparto inmediato, los loquios o la importancia del olvidado suelo pélvico) sino también a aspectos positivos de la maternidad que parece que nadie cuenta. Del amor incondicional. Nadie me avisó de que mi vida cambiaría por completo, de que mis prioridades se trastocarían totalmente siendo mis hijos lo más importante desde el momento en que nacieron y de que ser mamá iba a ser mucho más intenso y maravilloso de que lo que yo pensaba.

  • Alma, el título del libro lo deja claro: “Maternidad real”. ¿Nos han venido una idea de la maternidad que no es real, y lo más preocupante, nos la hemos creído?

Sí. Creo que estamos sometidas a diario a un bombardeo constante de estereotipos (tanto en las películas y las series como principalmente ahora en las redes sociales) de lo que se considera a día de hoy una madre perfecta. Entregada a sus hijos pero también a su trabajo, siempre impecable, con la casa ordenada, los hijos bien educados, sin perderse ni una visita al gimnasio y con todo bajo control. Madres superwoman que pueden con todo. Creo que es importante ser consciente de que eso son estereotipos irreales, que nos fuerzan a encajar en modelos que no tienen por qué corresponderse con nuestra realidad como madres y que lo único que generan es culpabilidad y la sensación de que no estamos a la altura. Debemos cambiar el discurso y aceptar que cada madre viva la experiencia de la maternidad como sienta y desee.

  • Ahora se hablan de temas que antes eran impensables, como la depresión postparto, la cuarentena, las dificultades de algunas madres al dar el pecho a sus bebés… Sin embargo, ¿seguimos las madres muy presionadas con todo lo que respecta a la maternidad y eso nos lleva a exigirnos mucho?

Creo que sí. Aunque esos temas se empiezan a visibilizar, creo que no se hace lo suficiente y siguen siendo temas tabú de la maternidad, igual que el duelo gestacional o la infertilidad. Creo que, además, en general, la mujer está siempre muy presionada en todos los aspectos de su vida y que, cuando llega el tema de la maternidad, la presión no solo no cede sino que se incrementa. Como embarazadas nos presionan desde los medios y desde las redes para estar perfectas a cada momento, delgadas y en forma, sin desatender nuestro trabajo ni nuestra vida social. Igualmente, desde los medios se nos transmite la idea de que recién paridas debemos estar maquilladas y peinadas como si fuéramos a una boda y que en el puerperio debe ir siempre todo sobre ruedas. Y ya no solo hablamos de la presión hacia las madres para ser superwoman, sino también de la presión social que sienten las mujeres que no desean ser madres, que también es tremenda.

  • ¿Qué es lo que más te sorprendió de la maternidad? Eso que nadie te había contado…

En mi caso la sorpresa fue el amor incondicional por mis hijos. Yo he sido siempre una persona muy independiente, que daba muchísima importancia a mi trabajo y a correr, que es mi gran pasión. Trabajaba a todas horas, iba como loca de un lado a otro, sin parar. Y entonces nacieron mis hijos y todo pasó a segundo plano. Me sigue apasionando mi trabajo y me encanta correr, pero ahora ellos van por delante de todo. Es una sensación maravillosa a la vez que aterradora. Por supuesto, luego hubo cosas que no me esperaba y que se me hicieron muy cuesta arriba, como que el puerperio consiste básicamente en estar sentada en el sofá con un bebé en la teta, o que mi cuerpo iba a tardar mucho más de lo que esperaba en recuperarse y que el suelo pélvico iba a ser toda una fuente de sorpresas, pero siento que lo positivo supera con creces cualquier aspecto negativo.

  • Hay muchos temas que son motivo de debate y controversia continuamente: colecho sí, colecho no; dar el pecho o no hacerlo… ¿No deberíamos apoyarnos más y ser más respetuosos con lo que hace el otro, sea o no lo que hacemos nosotros?

Sí. Pienso que deberíamos cambiar el discurso y aceptar que cada madre y cada bebé son un mundo. Que lo que a una persona le ha funcionado no tiene por qué funcionarle a otra y que hay que respetar todas las opciones de crianza y de maternidad. En mi caso sufrí mucho al principio con los consejos no solicitados. Creo que como madre primeriza estás más vulnerable que nunca, y hay muchas personas que, aunque no dudo que lo hagan con buena intención, dan opiniones que deberían mejor guardarse para sí mismas. Es fundamental hacerse una coraza y guiarse por lo que te dice el corazón. Opino también que como madres tenemos la responsabilidad de ponernos en la piel de la otra mamá. De pensar si a nosotras nos hubiera gustado o ayudado ese consejo y, sobre todo, de empatizar y respetar. Sólo desde el respeto podremos construir una nueva visión de la maternidad.

  • Das un consejo en el libro a las futuras mamás, que tengan preparadas las orejeras… ¿Se puede conseguir que no te afecte lo que te digan?

Jajaja. Sí. De hecho, yo quería titular el libro “Maternidad con orejeras”, porque me parece que es uno de los consejos más importantes de todo el libro. Confesaré que no es fácil. Cuando acabas de tener a tu bebé y tienes las hormonas patas arriba, es complicado no sentirse afectada cuando te hacen un comentario desafortunado. Siempre pongo el ejemplo de la lactancia materna, con lo dura que es al principio hasta que está establecida, cuánto daño hacen los comentarios de personas que no saben nada de lactancia pero que se ven en el derecho de decirte que el bebé “necesita un biberón” o que “no está cogiendo peso”. Que te dicen que “te usa de chupete” o que “en mi época eran 15 minutos en cada pecho cada 3 horas”. Si la mamá no está bien informada sobre lactancia, algunos de esos comentarios no solo serán dolorosos sino que pueden suponer el principio del fin de la misma. Lo mismo aplica para aquellas personas que se creen en el derecho de criticar a aquellas mamás que optan por la lactancia artificial, sea por la razón que sea. Sólo una madre sabe lo que es mejor para ella y para su bebé y como madres debemos recordarnos a diario que nadie mejor que nosotras para saber lo que debemos hacer con respecto a nuestro bebé. Así que sí. Mientras la sociedad no cambie y se entienda que el hecho de que hayas sido madre no da derecho a que todo el mundo opine sobre tu maternidad, las orejeras seguirán siendo esenciales.  

María Dotor

María Dotor

Periodista
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