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Educar es todo

8 reflexiones educativas, por Lucía, mi Pediatra

La pediatra Lucía Galán compartió con nosotros varias reflexiones educativas a propósito de su nuevo libro 'La vida va de esto'
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CONSIGUE LA INFOGRAFÍA
 

Lucía Galán, más conocida por Lucía, mi pediatra ha publicado su nuevo libro ‘La vida va de esto’ (Planeta, 2022). Un libro en el que la conocida pediatra repasa y comparte con todos nosotros diferentes momentos de su maternidad, vivencias con sus hijos, aprendizajes sobre la adolescencia…

Tuvimos el placer de charlar con ella en directo sobre su libro y sobre la vida y compartió con nosotros estas ocho reflexiones educativas.

Hacerlo bien, pero sobre todo hacerlo bonito

A la hora de educar a nuestros hijos, cuando comenzamos en esta ardua tarea, queremos saberlo todo. Para nosotros es muy importante hacerlo bien, muy bien, pero luego, reflexiona Lucía, con el tiempo te das cuenta de que no es tan importante llegar a todo y hacerlo perfecto, sino que es más importante que nuestros hijos tengan un buen recuerdo de su infancia. Así lo contaba Lucía con sus palabras. “Al tener un hijo, las expectativas que tenemos todos es hacerlo bien. Ser buen padre, ser una buena madre, te lees un montón de libros… Con los años te das cuenta de que serás mejor padre o mejor madre, pero lo importante de verdad es hacerlo bonito. Que tus hijos se lleven de ese viaje, de esa infancia, una experiencia bonita. Lo importante es el recuero de nuestros hijos de su infancia”.

El mejor legado que le podemos dejar a nuestros hijos es el amor

Como ya nos anticipaba Lucía, aunque nuestra intención es ser lo mejor padres y madres posibles, verdaderamente lo que más llega a nuestros hijos es nuestro amor, hacia ellos y hacia la vida. Y más que ser perfectos, debemos dar ejemplo. “Por muchas lecciones magistrales de educación que demos a nuestros hijos, de disciplina positiva, si luego nos escuchan hablar a gritos, faltar el respeto, encender la tele y ponernos a despotricar de todo lo que vemos, utilizar las redes sociales para atacar a otras personas. Si realmente lo que perciben es que su papá o su mamá tratan con desidia el mundo que les rodea, eso es lo que cala. Lo importante no es solo amarles incondicionalmente, sino que nuestros hijos vean ese amor en todo lo que nos rodea”, nos relataba.

Las alegrías se celebran y las penas se lloran

Lucía resalta la importancia de compartir con nuestros hijos tanto los momentos buenos como los malos. A través de un lenguaje adaptado a su edad y madurez, les podemos ir abriendo pequeñas ventanitas sobre lo que hay fuera, para educar a niños que no son insensibles. “No podemos pretender llenar a nuestros hijos de una vida fácil, sencilla y con felicidad a raudales. La realidad es que antes o después nos vamos a topar con dificultades y preparar a nuestros hijos en eso, también es prepararles para la vida”, nos contaba Lucía.

Debemos asumir que querer, no es es poder

“Quien la sigue la persigue” “Querer es poder”. Estos son algunos mensajes que lanzamos a nuestros hijos y que siguen calando en la sociedad. “No nos obcequemos con estos mensajes poco realistas, porque esto no es así, porque lo normal es que tú persigas muchos sueños, y aunque tú pongas mucho de tu parte, no llegas, porque no todo depende de la actitud”, nos decía Lucía. Hay que educar desde la realidad y si vemos que nuestros hijos no consiguen ese objetivo, Lucía recomienda señalarles que “una retirada a tiempo también es una victoria”.

La vida no es eso que nos pasa, sino lo que hacemos con eso que nos pasa

Nos suceden muchas cosas a lo largo del día. Es imposible tener siempre días alegres, pero cuando vienen aquellas cosas que nos generan tristeza o aquellas cosas que nos recuerdan nuestros fracasos, podemos cambiar el foco y verlo de otra forma para sobrellevar esas emociones. “Yo creo que la vida consiste un poco en eso, en donde pones el foco. Qué te conmueve, qué te hace sentir, qué te hace disfrutar, aferrarte a ello y vivirlo. Nos pasamos el día poniendo el foco en lo equivocado. En lo que no hacen nuestros hijos, en lo que no han conseguido. Enfócate en la cantidad de cualidad que tiene tu hijo”, nos contaba Lucía.

Cuando la salud mental está en riesgo, toca pedir ayuda profesional, no es un signo de debilidad, sino de valentía y fortaleza

Lucía además plantea en su libro un alegato por aquellas personas con algún tipo de enfermedad mental que dan un paso adelante y tienen la valentía de pedir ayuda. Se trata de principalmente un acto de autocuidado, pero cuando tienes hijos, también se trata de un acto para conseguir que ellos estén bien. “Las enfermedades mentales siguen estando muy estigmatizadas en este país. Ni haber tenido depresión, ni haber tenido ansiedad te define como persona. No eres eso por haber tenido crisis en tu vida o haber pedido ayuda. Si yo no estoy bien, es imposible que dé lo mejor de mí a mis hijos. No es solo un acto de autocuidado hacia ti, sino también de generosidad hacia las personas que quieres”.

La vida es cambio y es elección

No todo tiene que salirles perfecto a nuestros hijos e hijas. Toman decisiones, eligen lo que más les conviene, pero también tienen derecho a cambiar, a tomar otra decisión y a equivocarse. Debemos ayudarles y cuidarles, pero también debemos soltarles para que se equivoquen y aprendan. Así lo cuenta Lucía mi pediatra: “Nuestros hijos van a aprender de sus equivocaciones. Si no permites que tu hijo se equivoque, no hay enseñanza. El reto como padres está en cuidar y proteger a nuestros hijos, pero sin caer en esa sobreprotección”.

Nada de lo que hagan los hijos merece que yo pierda el control de mis palabras

Llegamos cansados a casa, nuestros hijos tienen una mala conducta y, sin querer, perdemos el control de nuestras acciones y de nuestras palabras. Es una situación que seguro que todos conocemos. Lucía reflexiona sobre estos momentos y señala que, aunque todos cometemos errores y no pasa nada por ello, debemos evitar perder el control, ya que nosotros somos quienes somos capaces de autocontrolarnos y autogestionarnos, no nuestros hijos. “Nosotros somos los adultos, somos el ejemplo, somos los que deberíamos tener esos recursos, no ellos. Tenemos que parar y hacer autocrítica, identificar dónde nos hemos equivocado y volver al punto de inicio”.

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