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Descubre todo lo que debes saber sobre la lactancia materna antes de la llegada de tu bebé

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Rabietas y límites desde el respeto

Por Amaya de Miguel

¿A partir de qué edad debemos tener cuidado con lo que decimos delante de nuestros hijos? 

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“Es pequeño, no se entera”, “tranquila, tiene dos años, no entiende lo que hablamos”. Estas son frases que hemos pronunciado alguna vez cuando hablamos con algún familiar o amigo de algún tema “espinoso” en presencia de nuestros hijos. Pero ¿hasta qué punto no se enteran? ¿Y si estamos equivocados y nuestros hijos son capaces de captar y entender nuestras conversaciones de adultos aunque sean pequeños? 

Aunque no entienda nuestras palabras, sí entiende el tono

Podemos pensar que, como nuestro hijo aun no habla, no entiende lo que los adultos decimos, pero Álava nos advierte de que esto es un error, ya que “tenemos que aprender que una cosa es el lenguaje comprensivo y otra cosa es el tono. Aunque el mensaje no sea capaz de entenderlo, porque todavía no tenga esa capacidad cognitiva, nuestro hijo sí se da cuenta del tono en el que hablamos, nota nuestra forma de hablar. Además, el niño también es capaz de entender nuestra comunicación no verbal, los  gestos que empleamos”, nos dice la psicóloga Silvia Álava. Por ello, debemos tener cuidado con lo que hablamos delante de ellos. “Nuestro hijo sí puede notar que hay algo fuera de control”.

¿Cuáles son las consecuencias de tener estás conversaciones delante de ellos? 

 

 Ahora que ya sabemos que nuestros hijos, por muy pequeños que sean, pueden captar nuestro tono y nuestro lenguaje no verbal, cabe preguntarse qué consecuencias tienen estas conversaciones para ellos.

“Todas las interacciones que tienen los adultos con los niños desde la edad infantil van a marcar la forma en la que se va a relacionar ese niño con su entorno y con los demás. Tanto de pequeño como de adulto”, nos dice Álava. Del mismo modo, debemos tener en cuenta que somos el modelo de nuestro hijo. Su ejemplo a seguir. Si este ve que no tenemos una buena regulación emocional, que nos alteramos en seguida, por ejemplo, ocurren dos cosas: primero, que nos imitarán y segundo, que no les estaremos enseñando a gestionar sus emociones”. 

Ademas, Álava nos recuerda que, según qué conversaciones tengamos delante de ellos, “estar presentes en ellas los pueden poner nerviosos, irritables o pueden afectar a sus emociones”. Por ejemplo, si se trata de una discusión o una conversación en la que usamos un tono negativo o nos alteramos. 

 ¿Entonces, desde qué edad debemos tener cuidado con lo que decimos delante de ellos?

“Debemos tener cuidado desde el nacimiento. Al final, tenemos que acostumbrarnos a no tener ciertas conversaciones con nuestros hijos”, nos comenta Álava. “Así, evitaremos posibles problemas”, concluye. 

En este sentido, Álava nos da tres consejos:

  •     ”Empezar a evitar estas conversaciones desde que nacen”.
  •      ”Separar espacios. Tenemos que separar las conversaciones entre adultos y niños. Porque el niño puede notar que nos ocurre algo y, por lo tanto, su estado emocional puede verse afectado”.
  •     ”Nuestro hijo debe percibir seguridad. Tenemos que trabajar en nosotros y proporcionarles a nuestros hijos la protección que necesitan. Es decir, actuar como sus padres: como sus protectores”. 

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