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Querida yo de 10 años,

Te escribo esta carta porque me he dado cuenta de que nadie te dijo muchas cosas que te hubiera venido muy bien escuchar a esa edad. Te escribo, pero no solo a ti, sino a todas las niñas que en algún momento puedan haberse sentido o se sentirán como tú lo hiciste en tu época.

Lo primero que quiero decirte es que escuchar está bien, pero asimilar es algo completamente distinto. Tienes que aprender a escuchar a quien tiene algo que decirte, pero hacer oídos sordos a todos aquellos que se van a burlar de ti por sentarte de forma “demasiado masculina” o porque tus gafas se parecen mucho a las de Steve Urkel (el cordoncito para las gafas se pondrá de moda algún día y todos se tragarán sus palabras, que lo sepas). O de los que se empeñarán en lanzarte insultos e improperios porque tu peso es mayor -o menor, o igual, o qué más da- que el de otras compañeras de tu clase.

Los vas a oír, porque su energía negativa entrará dentro de tu radio de escucha, pero ni se te ocurra asimilar ni una palabra de lo que digan: ninguno te va a decir quién o cómo eres tú. Eso solo hay una persona que lo decide, y esa persona está leyendo esto ahora mismo.

También te diré que no tengas prisa. Que ya te crecerán las tetas en el momento en que tengan que crecer, ¡y si no lo hacen tampoco se acabará el mundo! Que ya tendrás tiempo para tener novios, o novias, o peces si prefieres cuidar una mascota que tener una pareja. ¡Calma, amiga! Que habrá tiempo para todo.

Otro tema del que quiero hablarte es de sexualidad. Así, sin tapujos. A tu edad, a tu madre le sigue sonando bien la historia de la cigüeña; tu padre está contando los 20 años que te quedan para tener tu primera relación sexual (según él); y a ti está a punto de bajarte la regla y la mitad de tus amigas ya se han dado un morreo con algún chico al que empieza a salirle el bigotillo. Sobre este tema, dos consejos:

El primero, el mismo que el de antes: no tengas prisa. La presión social y las comedias románticas adolescentes no te tienen que marcar tus ritmos, esos los marcas tú. Y por otra parte: pregunta. ¡Por favor, pregunta! Si tienes dudas -que las vas a tener- Internet está muy bien, pero no para esto. ¿Verdad que cuando viste Spiderman en el cine no se te ocurrió ponerte a trepar paredes? Pues acuérdate de esto cuando visualices contenido pornográfico. Es ficción. No tiene nada que ver con el sexo.

También me gustaría hablarte de esa chica y ese chico que van a tu clase. No te estoy acusando de nada, yo sé que tú no les dices ni una palabra. Pero lo ves. Cuando a ella le dicen que es fea, y se ríen, y se burlan, y tú no quieres meterte porque sabes que si dices algo te llamarán a ti gorda. O cuando a él le persiguen por el patio gritando que es un maricón, y tú, aunque no participes, lo ves. Y quieres hacer algo, pero no lo haces.

Ojalá nunca hubierais tenido que oír ninguna de esas palabras. Ojalá se hubieran centrado en recordaros lo maravillosas personas que sois, lo bonito que es el hoyuelo que te sale cuando ríes o lo bien que se os da inventaros coreografías enteras en los 15 minutos que dura el recreo. Ojalá…

Y esos niños y niñas no serán los únicos que intenten definir quién eres. La publicidad te dirá que te tienen que gustar las cocinitas; las canciones te dirán que tienes que ser sumisa; los libros y películas te dirán que el amor es resignación y sufrimiento, pero que vale la pena (ya lo sé, es muy confuso, a mi edad tampoco lo he entendido aún). Que no juegues a fútbol, que eso es de chicos. ¿Natación? ¿Para que se te haga la espalda como un armario? Mejor ballet, o gimnasia, o flamenco, -aunque tengas dos pies izquierdos y prefieras saltar que taconear-.

¿Y sabes qué tienes que hacer tú con todo eso?

Ni caso. Aprende a valorarte por lo que eres, por lo que consigues con tu esfuerzo, por lo que tú sabes que quieres llegar a ser. Los problemas de autoestima, el machismo interiorizado, la falta de asertividad y esa necesidad de gustar a todo el mundo no son buenos compañeros de viaje, te lo aseguro.

Querida yo de 10 años, si te tuviera delante ahora mismo, te diría solamente una cosa más: no tienes ni idea de lo fuerte que eres. Y cuando lo descubras, te darás cuenta de que todo lo vivido ha valido la pena.

Y dale un beso a tus padres, anda. Que tienen el cielo ganado.

Firmado: la mujer que soy hoy. 

 

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