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Método pomodoro

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Los deberes y el estudio son las principales responsabilidades de nuestros hijos, pero no siempre les resulta efectivo ni motivador. En esta infografía, te damos un método para ayudar a tu hijo o hija a gestionar mejor su tiempo de estudio y focalizar su atención.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos para que se sientan capaces?

El lenguaje que usamos al hablar de ellos influye en su sentimiento de capacidad
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“No soy capaz” “No puedo” son algunas frases que nos dicen nuestros hijos cuando no se sienten capaces de realizar una tarea o de afrontar un problema.

El sentimiento de capacidad está directamente relacionado con la autoestima. Por lo tanto, podemos entender que si nuestros hijos e hijas se sienten capaces, autónomos y pueden tomar decisiones por sí mismos, aceptando las consecuencias de las mismas, esto repercutirá directamente en su autoestima.

La psicóloga Begoña Ibarrola hace hincapié en que “depende de cómo respondan los adultos que le rodean, un niño o niña crecerá con una sensación de confianza en sus capacidades o, por el contrario, con una sensación de impotencia, que se suele traducir en una necesidad de que los adultos le hagan todo en todo momento”.

Por eso, padres y madres tenemos una gran responsabilidad al comunicarnos con nuestros hijos para hacerles ver que son capaces cuando nos dicen que no creen que puedan hacer algo. 

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¿Qué expresiones debemos evitar a la hora de fomentar su sentimiento de capacidad?

El lenguaje que utilizamos con ellos crea realidades. Las palabras que usemos les harán sentir más o menos capaces. Debemos evitar ciertas expresiones y cierta forma de comunicarnos para no etiquetar a nuestros niños.

Frases como “no sabes” “déjame que ya lo hago yo” “no vas a poder” sientan un precedente en el autoconcepto de nuestros hijos sobre sus capacidades y habilidades.

Del mismo modo, cuando usamos el verbo “ser” para dictaminar cómo es nuestro hijo, establecemos ciertas etiquetas y ciertas características a nuestro hijo y que va a cargar durante toda su vida. Si atribuimos constantemente una etiqueta a nuestros hijos, nosotros acabaremos creyendo que nuestros hijos tienen los atributos de esas etiquetas, por lo que relacionaremos sus conductas (por ejemplo, no quiere hacer nada, no se esfuerza) con su modo de ser (no quiere hacer nada, no se esfuerza, por lo que es un vago). “Esta idea o expectativa que tenemos sobre alguien nos lleva a tratarle de una determinada forma”, expone el psicólogo Alberto Soler.

José Ramón Gamo, especialista en neuropsicología infantil explica que los niños se acaban “creyendo estas etiquetas y hacen de ellas su papel y su rol”, es decir, que acabarán actuando según la etiqueta que les pongamos. Si les etiquetamos como vagos van a creer que lo son, porque es la etiqueta que les hemos puesto desde un primer momento. “Esas etiquetas al final acaban haciendo que esos niños que inicialmente percibimos como buenos o les ponemos la etiqueta de buenos, finalmente acaban encajando más todavía en esa etiqueta de niños buenos; y esos niños que erróneamente hemos etiquetado como niños malos, acaban encajando más todavía en esa categoría de niños malos”, añade Soler.

¿Qué les podemos decir para que se sientan capaces?

Cuando escuchemos de nuestros hijos “mami, papi, no puedo”, podemos animarles, siendo realistas, a que sigan intentando hacer esa tarea según vayan creciendo. En vez de usar la expresión “no puedes” con nuestros hijos, podemos cambiarlo por el “aún no puedes, pero un futuro sí” o “aún no puedes, pero si sigues esforzándote puede que llegues“. No se trata de forzarles, ni de que sigan intentando algo que no pueden hacer (debemos ayudarles a ser realistas y decirles que prueben con otras cosas si vemos que realmente no van a llegar a ese objetivo), sino de mostrarles que son capaces de conseguir las cosas y que tienen posibilidad de mejora según van practicando y creciendo.

Os ponemos varios ejemplos:

Si nuestro hijo nos dice “no llego al vaso de agua, no puedo”, podemos señalarle que “aún no llegas al vaso, pero llegarás”. Puede que sean pasos pequeños, pero a nuestros hijos les van a ayudar a saber que según crezcan, va a ir teniendo más capacidades.

Si nuestro hijo está triste porque se cansa al correr, no termina un circuito o no puede mejorar su marca al correr, podemos animarle que según más practique y más crezca, va a ir superándose y va a ir mejorando. Algunas frases que podemos decirles son “Cada día te saldrá mejor” o “Cada día lo haces mejor, cada día corres más”.

Si nuestro hijo nos dice que no puede aprobar las matemáticas porque son muy difíciles para él, no debemos ridiculizar su miedo y la inseguridad que siente. Debemos intentar evitar decir frases como “Eso es ponerse y ya está” “Es que eres un vago y no quieres practicar” “Qué mal estudiante, eres un desastre”. Para motivar a nuestro hijo con las matemáticas, podemos potenciar su autoconcepto académico, es decir, motivar el concepto que tiene sobre sus propias capacidades académicas para afrontar las asignaturas. Podemos decirle: “Dediquemos más tiempo a estudiar las matemáticas” o “¿Por qué no te pones otro objetivo para afrontar las matemáticas?”. Por otro lado, deberemos tomar la decisión de si, no aprueba porque tiene alguna dificultad, apuntarle a refuerzo o a clases particulares.

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