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Cómo reaccionar cuando mi hijo pequeño me golpea

Debemos evitar responder con agresividad cuando los niños tienen un estallido emocional
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Si tenéis hijos, seguro que habéis pasado por esta situación. Ante una negativa o una orden que se niegan a acatar, vuestro hijo o hija estalla, se pone a llorar, gritar e incluso os golpea. La situación nos altera, insistimos para que nos haga caso… pero no hay manera. Así que acabamos perdiendo los nervios, gritando y enfadándonos. Y al final lo único que hemos conseguido es crear un clima de tensión en casa. ¿Os suena esta situación?

La reacción autoritaria ante los malos comportamientos

Es difícil gestionar la situación cuando nuestro hijo nos insulta o nos pega. “Muchos de nosotros pensamos que no tenemos autoridad, que no lo estamos haciendo bien, que nuestro hijo es un maleducado…, y actuamos como se actúa ante una agresión: con agresividad. Castigamos, gritamos e incluso pegamos”, explica Amaya de Miguel en su libro Relájate y educa. Soluciones eficaces para los conflictos cotidianos.

Sin embargo, Amaya añade que “en la mayoría de los casos, la reacción autoritaria del adulto no frena los insultos y para lo único que sirve es para aumentar la tensión entre los miembros de la familia. Ese niño, que estaba tan enfadado que no supo filtrar sus palabras, después de la reacción tan fuerte de los adultos estará aún más enfadado y le va a resultar más difícil elegir qué términos usa”.

Por lo tanto, debemos tener muy en cuenta lo que dice María Soto, experta en Disciplina Positiva, al respecto: “Hasta que no entendamos que el respeto se gana con admiración y no con miedo, en lugar de educar estaremos amaestrando”.

El cerebro de los niños durante los estallidos emocionales

Para entender mejor qué le está pasando a nuestro hijo y por qué reacciona de esa manera, el psicólogo Rafa Guerrero explica que “cuando a un niño le decimos NO o no le permitimos hacer algo que no le apetece hacer, en ese momento puede entrar en rabia. Entonces, si nos sumergimos en el cerebro, las amígdalas cerebrales se disparan y empiezan a liberar dos sustancias. En primer lugar, la adrenalina, que invita a la acción. Y, en segundo lugar, el cortisol, conocida como la hormona del estrés”.

Es importante tener en cuenta esto para comprender mejor a nuestros niños y niñas, ya que “el cortisol lo que hace es que impide pensar. Por lo tanto, en ese momento en que el niño está en plena rabia, es tremendamente emocional y poco pensante. Entonces, tratamos de que piense, que razone… pero no puede”.

Por lo tanto, en los momentos de furia no podremos hablar con nuestro hijo, “ya que está viviendo un tsunami interno y tus palabras no serán recibidas en la parte del cerebro que podría procesarlas”, señala Amaya de Miguel. Y añade: “En otro momento, cuando el estallido ya haya pasado, enseña a tu hijo a identificar sus dificultades y ayúdalo a superarlas dándole alternativas de conducta”.

El lenguaje que usamos cuando los niños pegan e insultan

La primera recomendación de Amaya de Miguel para gestionar estas situaciones es revisar nuestro lenguaje. “No solo las palabras que usas, sino tu tono, tu lenguaje corporal, el volumen de tu voz y tus gestos faciales. Tal vez tú humilles y agredas a tu hijos sin usar insultos, con expresiones como: “Me tienes harto”, “No te aguanto”, “¡¿Cómo se te ocurre hacer eso?!”…”.

En la misma línea, la psicóloga infantil Mª Luisa Ferrerós recomienda: “Lo primero de todo es cambiar la forma en que nosotros, los padres, abordamos el tema. Optaremos por la comunicación constructiva, en vez de la destructiva, ya que la etiqueta hace entrar al niño en bucle, por lo que se frustra, ya que sus padres soportan la teoría de que él es así”.

Cómo actuar cuando mi hijo me pega

Además de tener en cuenta que nuestros hijos están experimentando un “secuestro amigdalar” y que debemos tener mucho cuidado con el lenguaje que usamos, es importante que sepamos cómo actuar en estas situaciones:

  • “Entiende que el niño no elige actuar de esa manera. Cuando ocurre algo que le descoloca, no piensa ¿qué puedo hacer ahora para pasarlo yo fatal y hacérselo pasar mal a mis padres?. Ante aquello que lo descoloca, la parte más racional de su cerebro se bloquea y reacciona como un animal: atacando. Entonces, tienes que conseguir que deje de sentirse amenazado, por lo que no deberías ser un elemento más de tensión, sino un elemento tranquilizador”, explica Amaya de Miguel.
  • Amaya también recomienda: “Asegúrate de que está emocionalmente bien: en el cole, en casa con los amigos… Normalmente estas reacciones tan hostiles se producen cuando algo no va bien en la vida del niño, así que averigua qué le puede estar ocurriendo y ayúdalo a solucionarlo”.
  • “Siempre que puedas, desmonta la agresividad de tus hijos a través del juego”. Amaya nos cuenta que practicó taekwondo y que, cuando uno de sus hijos se pone agresivo, “me pongo en posición de combate y doy un par de instrucciones en coreano. Me miran, se ríen y dicen: ¡Qué rara eres! Y la agresividad se les baja”.
  • Es importante hacer hincapié en la necesidad que tienen nuestros hijos de sentirse queridos de forma incondicional. “Los niños que agreden con frecuencia necesitan saber que son queridos, de modo que tienes que hacérselo sentir todos los días, sobre todo aquellos en que las cosas han ido peor. Los niños son conscientes del daño que hacen y esto les hace sentirse mal y poco válidos, así que una sola mirada valoradora de los adultos les permite construir seguridad interna y sentir que tienen cosas buenas que aportar al mundo”, explica Amaya de Miguel.
  • Amaya también apunta que “a partir de los 8 años, puedes explicarle que, cuando las cosas no son como él espera, su cerebro se bloquea y explota con agresividad. Comprender lo que a uno le ocurre es necesario para aprender a manejarlo”.
  • A pesar de todos estos consejos, los niños y niñas van a seguir teniendo momentos explosivos. Entonces, en plena erupción, “lo más importante es mantener la calma. No seas un espejo de tu hijo: que su agresividad no se transforme en tu agresividad. Repite esto: mi hijo está en un momento de gran dificultad, elijo ayudarlo con firmeza serena”.

En definitiva, como sentencia Amaya de Miguel, “tu hijo necesita contención, y la manera de dársela varía de niño a niño: algunos necesitan que los abraces, otros se calman con palabras, otros necesitan soltar todo lo que tienen dentro, otro necesitan irse de la habitación en la que estáis todos los demás… ¿Qué es lo que ayuda a tu hijo? Tú lo conoces: guíalo para que lo haga”.

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Con la colaboración de la periodista

Ana López

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