Cristina Gutiérrez (La Granja): “La autoestima es fundamental en el desarrollo de la inteligencia emocional”

En esta segunda entrega de preguntas relacionadas con la Educación Emocional en el aula, tenemos el placer de presentar a Martiniano Pérez, director del Colegio La Salle Corral de Almaguer, quien nos plantea la siguiente pregunta: “¿Qué importancia tiene la autoestima en el desarrollo de la inteligencia emocional?”. Cristina Gutiérrez Lestón, experta en Educación Emocional y creadora del Método La Granja ©, responde indicándonos que la autoestima en el desarrollo de la inteligencia emocional tiene toda la importancia, pues “es la base del éxito y la felicidad de las personas, lo que nos da fuerza para no caernos ante un vendaval”.

 

 

¿Qué es la autoestima?

 

La autoestima es un sentimiento que se construye diariamente basándose en una relación de aceptación y confianza consigo mismo. Contrariamente a un pensamiento bastante generalizado, la autoestima no surge de evaluarnos positivamente en cada situación, sino de observarnos con objetividad y, sobre todo, de estimar y aceptar nuestro autoconcepto. “Es la opinión profunda y sincera que tenemos de nosotros mismos”, explica la experta.

Una de las tareas más complicadas que se nos presentan muchas veces es precisamente la de aceptarnos y querernos a nosotros mismos. Pero, “¿por qué nos cuesta tanto querernos?”, nos pregunta abiertamente Gutiérrez. “Solemos ser mucho más amables con los demás que con nosotros mismos”, responde. En muchas ocasiones, somos muy duros con nuestra propia persona, pensamos que no somos suficiente y nos dañamos, dejamos de darnos el autocuidado que nos merecemos porque priorizamos el rendimiento o el qué dirán a nuestra propia salud emocional. No nos damos cuenta de que con tanto nivel de autoexigencia y falta de autocompasión, nuestra autoestima se lastima. Por ello, “quererse es una de las primeras lecciones que deberíamos aprender todos”, hace hincapié la especialista.

 

Humillar vs dignificar

 

El origen de todo puede estar en nuestra infancia, nuestra educación, en lo que nos han dicho o nos han hecho creer, pues desde la niñez se va formando la autoestima. Es en esa época cuando uno va adquiriendo el concepto de su propia persona, sus ideas y valoraciones. En este contexto, Cristina Gutiérrez nos explica que cuando alguien no cumple con las expectativas que esperamos nos solemos frustrar. Ante esa situación, normalmente optamos por alguna de estas dos acciones: humillar o dignificar.

‘Humillar’ es hacer que una persona se sienta ofendida en su orgullo o su honor. No cabe duda de que la gran mayoría de padres y educadores intentamos hacerlo lo mejor posible con nuestros hijos. No obstante, a veces realizamos críticas destructivas que les pueden afectar y atentar gravemente contra su autoestima. De modo que crecerán condicionados por estos comentarios negativos y su propio concepto se verá perjudicado.

 

“Quererse a uno mismo es una de las primeras lecciones que deberíamos aprender todos”, Cristina Gutiérrez

 

En cambio, ‘dignificar’ es hacer que una persona tenga dignidad o aumente la que tiene. Además, “es no confundir ‘el ser’ con ‘el comportamiento’ porque no es lo mismo. Somos lo que somos y no lo podemos cambiar, sin embargo, nuestro comportamiento sí podemos y, a veces, muy fácilmente cuando nos enseñan la diferencia”, nos aclara la experta.

Por tanto, tiene mucha importancia la manera en la que decimos las cosas. Para entenderlo mejor, la experta nos propone que cambiemos el “eres un desastre” por “tu mesa está hecha un desastre”. De esta forma, separamos el ‘ser’ del ‘comportamiento’, pues la primera frase daña la autoestima, pero la segunda no, sino que la mejora. Otra alternativa que nos sugiere es que en lugar de decir “¿te cuestan las matemáticas?, digamos “aún te cuestan las matemáticas, pero poco a poco irás consiguiéndolo”. Es un buen truco, como asegura Cristina, porque añadir ese ‘aún’ aporta esperanza. Gracias a la neurociencia sabemos que con la esperanza podemos establecer una conexión mayor, ya que nuestro cerebro recibe una señal para que no bloque ese estímulo y así le resulte un poco más fácil aprender las matemáticas.

 

Puedes ver en este vídeo la pregunta de Martiniano Pérez, director del Colegio La Salle Corral de Almaguer, y la respuesta de Cristina Gutiérrez Lestón, directora de La Granja.

 

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