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Escenas educativas vol. 3: “No son juegos de niños, es acoso escolar”

Seguimos buscando escenas educativas de andar por casa. Hoy, Marina nos cuenta cómo su hija Noa, de siete años, está admirablemente sensibilizada contra el acoso escolar.
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Seguimos con las escenas educativas de andar por casa. Hoy, Marina Lovera nos cuenta cómo habló con su hija Noa, de 7 años, del acoso escolar. Os recordamos que nos gustaría que compartierais vuestras historias y escenas educativas. Si queréis participar, mandádnoslas a autores(arroba)gestionandohijos(punto)com.

Hace poco más de una semana, estábamos en una excursión en el campo organizada por el Ayuntamiento de mi ciudad, compartiendo un día agradable con varias familias, algunas de ellas amigas. No sé cómo uno de los padres del grupo nos contó el caso del suicidio de un niño de 11 años que asistía a un colegio en Villaverde (Madrid), que había dejado una nota a sus padres diciendo que no quería asistir más al colegio y se había tirado por la ventana. Es cierto que ahora se investiga si fue un caso de acoso escolar, pero en ese momento nos apresuramos a concluir que el bullying seguro que estaba detrás. “Once años, qué pequeño, qué horror”, decíamos los amigos. Otra de las madres, que yo conocía poco, comenzó a contar que ella de pequeña fue acosada por niñas de su colegio y que por eso estaba muy sensibilizada.

En ese momento, nos dimos cuenta de que dos niños, Lucas y Noa, de siete años (Noa es mi hija) habían escuchado todo. Noa, que es bastante curiosa y le obsesiona entender lo que pasa, nos preguntó enseguida: “¿Qué le pasó al niño? ¿Se tiró por la ventana?”. La verdad, en ese momento me quedé paralizada, no sabía si era adecuado explicar a mi hija de siete años toda la crudeza de la noticia. Dos amigas mías madres se hicieron cargo de la situación muy pronto: “No, no, se escapó de casa diciendo que no quería ir al cole”. “¿Y lo de la ventana?”, preguntó Noa, que no se rinde nunca. “Que dejó una nota a los padres en la ventana”. Noa no parecía muy convencida de la respuesta, pero quizá no estaba preparada para escuchar la historia verdadera que había oído a medias en la conversación “de mayores”, de modo que preguntó otras cosas: “¿Y por qué no quería ir al cole?”. Ahí fui yo la que contesté, dando por cierta la hipótesis del acoso escolar: “Quizá lo estaba pasando mal porque los niños y niñas se metían con él. Así que si ves situaciones así, a compañeros o compañeras del cole que lo pasan mal porque se burlan de ellos y ellas o los pegan o los persiguen, tienes que decirlo, porque eso no está bien y si lo cuentas puedes ayudar a que deje de ocurrir”.

La verdad, he de decir que Noa de eso sabe bastante. Como madre, siempre estoy llena de dudas sobre si los mensajes que transmito calan, sobre si la educación que les doy es la correcta, sobre si los errores que cometo no serán irreversibles, sobre cómo educar mejor.  Pero entonces me acuerdo de que con apenas cuatro años Noa me contó muy indignada al salir del colegio que a un niño de  su clase otros compañeros lo enterraban con arena en el patio, lo perseguían e incluso lo golpeaban. Me enorgulleció ver cómo era consciente de que eso no era un juego, porque el niño en cuestión lo estaba pasando mal. Porque incluso me llegó a contar que las monitoras del comedor quitaban importancia al asunto diciendo: “Están jugando, son cosas de niños”, y ella se ponía furiosa. Después de que me lo contara, hablé con la madre del niño y con la profesora y se pusieron manos a la obra a resolver este caso de acoso escolar teniendo cuidado de no etiquetar a nadie. Desde entonces, el niño que solía “liderar” el acoso se convirtió en el mayor apoyo del niño antes acosado.

Cuando le dije a Noa,  en esa conversación tan delicada ya con siete años, que estuviera pendiente de que nadie en su cole sufriera acoso, me contó del caso de otro niño al que en el patio del comedor le suelen molestar otros niños. Noa decía que se lo había contado a las monitoras pero otra vez le salían con la idea de que “están jugando y son cosas de niños”. Yo ya he informado a una profesora de este caso, porque creo que es responsabilidad de todos acabar con el acoso y porque estoy tremendamente orgullosa de que mi hija, con tan solo nueve años, sea capaz de tener esto también muy claro.

Imagen: Bully. Fuente: Thomas Ricker /Flickr

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