¿Eres un ‘padre ventrílocuo’? Descubre el impacto de esta actitud en la autoestima de tus hijos

La psicóloga Teresa Jiménez nos explica por qué es perjudicial y cómo podemos evitarlo.

Siempre queremos lo mejor para nuestros hijos, sin embargo, a veces sin ni siquiera darnos cuenta, podemos caer en un patrón de comportamiento conocido como “padre o madre ventrílocuo“. Y esto, ¿qué significa realmente? No tiene nada que ver con manipular muñecos, sino con una forma de comunicación poco saludable con nuestros hijos.

Un padre ventrílocuo es aquel que, de forma constante, “responde por su hijo sin darle la opción ni la oportunidad de contestar por él mismo”, explica la psicóloga infantojuvenil, Teresa Jiménez. Imaginemos una escena cotidiana: vamos a recoger a nuestros hijos al colegio y le preguntamos a una compañera suya qué tal le ha ido la mañana. Antes de que la niña responda, rápidamente su padre contesta: “Bien, ha ido bien, ¿verdad?”.

Bajo el pretexto de ayudarles o protegerles, estas figuras parentales intentan controlar todos los aspectos de la vida de sus hijos, desde lo más sencillo hasta lo más importante.

 

Consecuencias para los hijos de tener padres ventrílocuos

 

Uno de los efectos más perjudiciales de este comportamiento es el impacto negativo en la autoestima de los hijos. Al no tener la oportunidad de expresarse y tomar decisiones, los niños pueden sentirse inseguros de sí mismos e incapaces. Además, esta dinámica puede limitar su capacidad de resolver problemas y desarrollar habilidades sociales fundamentales.

Asimismo, la sobreprotección y el control excesivo por parte de los padres ventrílocuos pueden generar otras graves consecuencias en los hijos, como la falta de autonomía y confianza en sí mismos. A medida que crecen, pueden enfrentar dificultades para tomar decisiones y sentir ansiedad ante situaciones cotidianas.

 

Consejos para dejar de ser un padre ventrílocuo

 

Y, ¿qué podemos hacer para dejar de ser padres ventrílocuos? La psicóloga Jiménez nos da las claves para evitar este comportamiento y fomentar una comunicación saludable con nuestros hijos:

 

  • Entender el proceso madurativo de nuestros hijos para conocer sus tiempos de respuesta o vocabulario con formación o asesoramiento profesional.

 

  • Fomentar la escucha activa mediante el ejemplo. Dediquemos tiempo a entender lo que tienen que decirnos y demostrémosles que nos importan, prestando atención a sus palabras.

 

  • Proporcionar situaciones comunicativas a las tengan que enfrentarse. Es recomendable trabajar antes en casa por modelaje. Por ejemplo, pedir en un supermercado, preguntar algo en clase…

 

  • Entender que lo que nuestros hijos dicen no nos hacen ‘buenos o malos’ padres. A veces, el sentimiento de culpa o vergüenza media en el ser ‘portavoces’.

 

  • Evitar pantallas para fomentar la comunicación. Además, tenemos que asegurarnos de que nuestros mensajes sean claros y comprensibles para ellos. Evitemos el uso de un tono y volumen de voz monótonos.

 

  • Hablar de los sentimientos, tanto nuestros como suyos. Procuremos expresar nuestras emociones de manera adecuada y prestemos también atención a las suyas.

 

  • Tomar conciencia y hacer un ejercicio de reparación en caso de adelantarnos. Por ejemplo, podemos decir: “Ay, perdona mejor que te responda mi hijo que también lo sabe”.

 

  • Acompañar, guiar y trabajar las conductas sin juzgar o humillar. Por ejemplo, cuando dicen algo inadecuado.

 

  • Trabajar en la paciencia y en las expectativas.

 

Recordad que, como padres, nuestro objetivo principal es ayudar a nuestros hijos a convertirse en adultos independientes y seguros de sí mismos. Así que, si reconocéis que podéis estar cayendo en el patrón de ser un padre ventrílocuo, no dudéis en implementar estos consejos para corregirlo cuanto antes. Permitir que nuestros hijos se expresen y tomen sus propias decisiones les ayudará a construir una sólida base de autoestima y autonomía.

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Carlota Arellano

Carlota Arellano es periodista y social media manager. Otra de sus pasiones es la educación, tiene experiencia con niños de infantil y primaria. Más allá de las formaciones regladas, sigue formándose para estar al día en las últimas tendencias. “Me gusta que me valoren y me recuerden como una persona entusiasta, risueña, empática y apasionada en todo lo que hago, tanto personal como profesionalmente.”

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