Escenas educativas 28: “No me compréis regalos por hacer mi trabajo, que me apasiona”

Karen, profesora de Infantil, reflexiona sobre la costumbre de hacer regalos materiales a los profes a final del curso. Y, aun a riesgo de quedar como una ingrata, dice a los padres de su clase: "Aprovecho que vamos a pasar tres años apasionantes colaborando juntos para deciros que este trabajo para mí es una vocación y no necesito premios materiales o regalos, sino recuerdos de estos niños que hoy me confiáis".

Escenas educativas 28: “No me compréis regalos por hacer mi trabajo, que me apasiona”

Hoy una profesora, Karen, quiere compartir con nosotros su reflexión sobre la tan extendida costumbre de regalar cosas a los profes al final de curso. Os recordamos que si queréis que vuestras escenas u opiniones se publiquen en esta sección podéis escribirnos a autores@gestionandohijos.com. 

Soy profesora de Infantil. Me apasiona mi trabajo, ha sido mi vocación desde que era muy pequeña. Me encanta tratar con los niños, implicarme a fondo más allá de las explicaciones de la materia en cuestión, hablar con ellos, jugar a ese tira y afloja al que te exponen hasta que comprueban hasta dónde les dejas llegar, gestionar los pequeños conflictos que se producen y verles crecer. Y también soy madre y me apasiona educar a mis tres hijos. No merezco ni necesito ningún premio por esto. Os diría más, y siento quedar como una impertinente desagradecida: no quiero premios, aunque, como a cualquiera, me encantan los reconocimientos.

Igual que no creo en los premios, y menos aún materiales, para motivar a mis tres hijos para que estudien, colaboren en casa o aprendan a regular sus emociones, no creo necesario, ni deseable, que las profesoras y los profesores acabemos el curso con bolsas y más bolsas de regalos materiales ofrecidos por unos padres que quieren así mostrar gratitud por el trabajo bien hecho con los hijos. No exagero nada. En mis quince años de profesión, me han regalado una estantería llena de libros (algunos de los cuales, os confieso, no tiene nada que ver con mis gustos), tres relojes, cinco pulseras, una caja de esas de escapada con encanto, un ebook ¡e incluso una flamante tablet!  ¿No os parece demasiado simplemente por hacer un trabajo que me encanta? A mí sí. ¿Sabéis dónde está todo eso que me han regalado, especialmente las joyas? En un cajón. Sé que a muchos compañeros y compañeras les hace ilusión lo de los regalos conjuntos de padres cuando acaban un ciclo, e incluso llegan a “dejar caer” algo que necesitan, como un viaje, un bolso… Yo no comparto ese punto de vista.

¡Qué desagradecida!, pensaréis. ¡Qué va! A mí me encanta que padres, madres y alumnos me reconozcan el trabajo y muestren gratitud. Es más, os diría que para mí la gratitud es el motor que mueve las relaciones humanas y el mundo. Pero hay muchas más maneras de expresar gratitud que no implican gastarte 10 euros o más en un estupendo regalo conjunto que no sé si me voy a poner. Me siento muy incómoda con esas entregas de regalos y creo que se me nota. De hecho, tengo fama en el cole de no ser demasiado agradecida. ¿Qué alternativa dejo, entonces? A mí me encantan los libros viajeros que realizan mis alumnos y encuadernan con mimo. Los tengo todos bien expuestos en una estantería del salón. Son mis tesoros y me encanta hojearlos y tenerlos cerca. Son regalos hechos con muchísimo cariño, hechos por sus manos, en los que han mostrado su creatividad y sus propias palabras. No hay pulsera o viaje que pueda igualar eso. Del mismo modo, mis compañeros y yo, al acabar el ciclo, preparamos para las familias una fiesta de graduación con muchas sorpresas, les regalamos un DVD con todos los vídeos que hemos grabado estos tres años, les entregamos un diploma de agradecimiento… Porque yo también quiero mostrar gratitud, claro. Porque yo también estoy agradecida por el trabajo de apoyo y colaboración de las familias, por la confianza que han tenido conmigo para educar juntos a sus hijos… 

Por eso, igual que cuando acaba el curso no se me ocurre premiar a mis hijos con regalos materiales, como sé que hacen muchos padres y madres, sino que celebramos con planes especiales el fin de curso, este año, que he empezado ciclo, ha sido el momento de decir “¡Parad ya con los regalos!”. En la primera reunión conjunta con los padres de mi clase, en septiembre, lo dije de pasada: “Aprovecho que vamos a pasar tres años apasionantes colaborando juntos para deciros que este trabajo para mí es una vocación y no necesito premios materiales o regalos, sino recuerdos de estos niños que hoy me confiáis. Así que os lo digo ya para que no me lleve yo luego un disgusto ni vosotros tampoco: no me compréis nada por hacer mi trabajo“. Y luego, para rebajar el silencio incómodo y la tensión que se instaló en el aula, dije: “Pero acepto de mil amores libros viajeros y recuerdos de los niños, claro está. No me dejéis sin recuerdos de los niños dentro de tres años, que me muero de pena“. Noté suspiros de alivio en la clase, como un murmullo inaudible que recorría la estancia y parecía decir: “¡Ahhh, menos mal, no es tan borde como parecía!”.

En fin, ahí dejo mi reflexión. ¡Feliz fin de curso a todos!

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Educar es todo

Educar es Todo es un proyecto cuyo objetivo es colaborar con madres y padres en su labor educativa. Uno de los pilares fundamentales de una buena sociedad es apoyar la tarea de las madres y padres que lideran los hogares y la educación de sus hijos. Por eso, queremos acompañarlos en este apasionante viaje educativo, aportando ideas, reflexiones y estrategias que les ayuden a conseguir ese objetivo, que entendemos que es el de todos. Esperamos que también el tuyo.

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