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Escena educativa 44: “Qué pasa cuando respetas sus ritmos, confías en sus capacidades y disfrutas educando”

Hoy Daniela nos cuenta su primera reunión con el profesor de su hijo pequeño, que acaba de empezar primero de Primaria. Esta reunión le hizo pensar que "si respetamos sus ritmos, confiamos en sus capacidades, nos mostramos motivados para que aprendan, crezcan y progresen, no nos tomamos las cosas como algo personal o con reproches y buscamos aliados, disfrutaremos más de este apasionante viaje que es educar".
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Escenas educativas 44: “Qué pasa cuando respetas sus ritmos, confías en sus capacidades y disfrutas educando”

Hoy Daniela nos cuenta su primera reunión con el profesor de su hijo pequeño, que acaba de empezar primero de Primaria. Y subraya que da gusto colaborar con un profesor que respete sus ritmos, confíe en sus habilidades y crea que fomentar su autonomía y aprender a convivir son también sus objetivos. Para esta madre, “si respetamos sus ritmos, confiamos en sus capacidades, nos mostramos motivados para que aprendan, crezcan y progresen, no nos tomamos las cosas como algo personal o con reproches y buscamos aliados, disfrutaremos más de este apasionante viaje que es educar”.

Gabriel, mi hijo pequeño, ha comenzado Primaria. Con mi hijo mayor, Guille, la transición de Infantil a Primaria fue un poco dura, porque, como me decía él mismo, “ya no jugamos tanto y estamos todo el rato trabajando”. Recuerdo la primera reunión que mantuvimos los padres de la clase con la tutora de Guille, que fue terrorífica. La profesora se quejaba del mal nivel que tenían los niños, de su mal comportamiento, de lo poco autónomos que eran… Si ya los padres estábamos nerviosos por el cambio, esta reunión nos acabó de rematar. Y eso que yo no me daba aludida en cuanto al nivel o el comportamiento: Guille ya había aprendido a leer, realizaba las tareas con gusto y atendía siempre en clase.

Pero cualquiera que tenga dos hijos sabe que cada niño es un mundo. Y en mi casa pasa igual: Gabriel es un terremoto, no para quieto, no ha aprendido aún a leer con la fluidez con la que leía con su edad su hermano mayor y tiene una sordera selectiva de la que no solo hace gala en casa (vamos, que no hace caso). Os podéis imaginar con qué reparos y miedos acudí a esta primera reunión de Primaria, esperando reproches porque los niños son muy inquietos, o porque aún no saben escribir ni leer… Nada más lejos de la realidad. El profesor, Felipe, se mostró en todo momento calmado y confiado. Y nos dijo: “Yo ya veo que en la clase hay muchos niveles en cuanto a lectoescritura: hay muchos que ya leen con bastante fluidez y otros a los que les cuesta más. Y sé que es normal que estéis nerviosos por el paso a Primaria, como están los niños. Por ahora, lo que os voy a pedir es calma. Yo sé que vamos a lograr los objetivos. Cada niño tiene su ritmo y hay que respetarlo y motivarlo”.  Y aunque la lectoescritura es el principal objetivo de este curso, Felipe no se quiso olvidar de que fomentar su autonomía y su buena convivencia son objetivos de su trabajo con los niños también. Por eso, por ejemplo, suele pedirnos a los padres que dejemos que los niños se responsabilicen de enseñarle los mensajes de la agenda en lugar de que nosotros vayamos a buscarle si vemos que no los ha leído. Me gustó mucho comprobar que es un profesor muy calmado y motivado, que nos llegó a decir: “Yo siempre digo que mis jefes, a los que tengo que rendir cuentas, a los que me debo, son muy bajitos”.

Y esta reunión me llevó a pensar que, si respetamos sus ritmos, confiamos en sus capacidades, nos mostramos motivados para que aprendan, crezcan y progresen, no nos tomamos las cosas como algo personal o con reproches (en plan: “ha hecho esto porque me quiere fastidiar” o, en el caso de profesores, “qué mal nivel traen estos niños por culpa de sus padres o de las profes del curso anterior”) y buscamos aliados (como profesores, otros padres, otras madres) educaremos con mejor ánimo, con más calma y con confianza. Y disfrutaremos más de este viaje apasionante.

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