Fran Pintadera: “Mis cuestionamientos en relación a la masculinidad vinieron cuando me convertí en padre”.

¿Es necesario que la forma de relacionarse entre los hombres sea la competitividad? ¿Y cómo afectan la masculinidad y la paternidad a los más pequeños? ¿Repiten estos la competitividad y agresividad que ven en sus padres solo para cumplir con una determinada imagen de la virilidad? ¿Y qué ocurre con esa imagen cuando los padres dejan de competir entre ellos y pasan a cuidarse mutuamente y a quererse?

Estas son algunas de las preguntas que sobrevuelan ¡Mi papá más!, una historia infantil de Fran Pintadera editada por Carambuco en la que el escritor muestra cómo se puede pasar de la tradicional imagen del varón competitivo y viril a una nueva forma de percibir y entender la masculinidad y la paternidad.

Aprovechamos la publicación de este cuento para charla con é sobre este modelo de masculinidad hegemónica, y sobre cómo afecta a nuestros hijos.

  • Fran, en el cuento hablas del modelo de masculinidad hegemónica, basado en la idea de que los hombres no lloran, tienen que ser fuertes, competitivos e incluso competitivos. ¿Cómo afecta esto a los niños varones?

Es un mensaje que les llega constantemente, desde las escuelas, las familias, y la sociedad en general. Y, por tanto, cala hondo en ellos. Al niño se le está diciendo que tiene que ser el más valiente, el que se atreve a más cosas, el más fuerte… A todas las personas nos gusta, en mayor o menor medida, ser reconocidas. Y en este caso, este reconocimiento únicamente puede venir en comparación o en detrimento del otro, lo que genera relaciones basadas en la competitividad y, poco a poco, nos aleja de las relaciones basadas en los afectos y los cuidados.

  • Siempre que hablamos de este modelo de masculinidad solemos centrar el tema en cómo afecta a las mujeres, pero es que, como estás diciendo, la principal víctima de este modelo es el propio hombre…

Claro, al final la vida es un entrenamiento continuo. Cuando no se entrenan los cuidados, los afectos… no van a surgir de manera natural. Podemos compararlo con los músculos del cuerpo, si no los entrenamos, cuando tengamos que usarlos, no estarán preparados para ello. Pues con los cuidados y los afectos ocurre lo mismo. Y se nota mucho en la infancia, también en la adolescencia, pero es muy preocupante cuando esos niños se convierten en padres, porque acaban reproduciendo ese mismo modelo de relación con sus hijos. Yo tengo dos hijos, y muchos de mis cuestionamientos en relación a la masculinidad vinieron cuando me convertí en padre. Me hizo plantearme qué modelo de padre quiero ser y que tipo de hombre quiero que sean mis hijos cuando crezcan.

  • Una vez te diste cuenta de que no querías reproducir ese modelo de masculinidad con tus hijos, ¿fue fácil llevarlo a la práctica? Supongo que a veces tuviste que enfrentarte a tus contradicciones…

Continuamente. Una cosa es el marco teórico, y otra es cóm0 se lleva esto a la práctica.  Esto es como la alimentación, uno puede saber que el dulce es malo, pero que te encante comerte un bollo de vez en cuando. En mi caso, la parte teórica la adquirí formándome, y luego intento aplicarlo al día día. Por supuesto, muchas veces tengo que pedir ayuda a mi pareja, a mis propios hijos. Reconocer mis debilidades y trabajar en equipo para llegar a esa meta.

  • Y supongo que el entorno a veces no nos lo pone fácil… 

Sí, aunque hay muchos padres trabajando en este cambio, a veces sí me he sentido “bicho raro”. Por suerte intentamos rodearnos de personas que, al menos, se cuestionan su vida. Pero no se puede ir en contra de lo que existe. Yo, simplemente, confío en que los nuevos niños descubran las ventajas de estos nuevos modelos que permiten a los niños expresar emociones, sentir, ser quién quieren ser, y no lo que se espera que sean…

Portada del cuento Mi papa mas de Fran Pintadera
Portada del cuento: ‘Mi papa mas’, de Fran Pintadera

 

  • “Yo educo igual a mis hijos y a mis hijas, sin diferencias”, alegan muchas madres y padres. ¿Qué le dirías sobre esta afirmación?

Les diría que presten atención a las pequeñas cosas. Quizá en las más grandes uno se puede sentir más igualitario, pero luego los pequeños detalles nos demuestran que no, que no educamos igual a los niños y a las niñas. Por ejemplo, ¿qué les digo cuando lloran? ¿les digo las mismas palabras? O, por ejemplo, si, de pronto, mis hijos se quieren disfrazar con la ropa de su mamá o de su papá, ¿les digo lo mismo? Hay momentos claves que nos hacen ver que no, que hay situaciones en las que estamos educando de una forma diferente. Y si educamos diferente en estos pequeños detalles, seguro que en situaciones más transcendentales, también estaremos marcando diferencias.

  • Muchas madre y madres nos han expresado alguna vez que, aunque para ellos no sea un problema que su hijo se disfrace de princesa, no lo permiten por miedo a que llegue al cole y le hagan sentir mal… Al final, como hablábamos, una parte de la sociedad no está preparada, digámoslo así, para este cambio. ¿Has vivido algo similar?

Yo creo que sobreproteger es posponer situaciones. Claro que queremos cuidar a nuestros hijos e hijas, pero muchas veces cuidarles es acompañarles en el proceso, darle herramientas para enfrentarse a lo que les va a venir, no negarles la realidad.

  • Fran, ¿este cuento es también para las madres y padres?

Claro. Aunque los cuentos van dirigidos a los niños, se leen en familia. Yo intento que la literatura sirva, no solo para entretener, sino también para posibilitar un cambio. El arte, en general, tiene un objetivo. Yo no escribo para conseguir uno en concreto, pero sí creo que cuando alguien escribe de forma honesta, ese objetivo siempre está ahí. Y, sí, con mi cuento, consigo movilizar algo en cada persona, sería una auténtica maravilla.

 

Si quieres saber más sobre la masculinidad, la paternidad y cómo educar a los hijos te recomendamos conocer nuestros cursos desarrollados por expertos

Picture of María Dotor

María Dotor

Tener solo unas líneas para presentarse no es fácil. Espero hacerlo bien 😉 Soy periodista y amante de la educación. Una de mis frases favoritas es: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo” de Paulo Freire. Por eso creo que es tan importante tomárnoslo en serio. Por eso, y porque educar es el más apasionante e importante de los viajes. ¿No crees?

Añade aquí tu texto de cabecera

Añade aquí tu texto de cabecera