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Frases prohibidas: “Si le pido perdón, pierdo autoridad”

A padres y madres nos preocupa perder la autoridad con nuestros hijos. Pensamos que si mostramos que dudamos, nos equivocamos, pedimos perdón o no proyectamos una seguridad absoluta, nuestros hijos sentirán que no pisan suelo firme, que no somos de fiar. Reflexionamos sobre esta frase con la discusión de Víctor y sus padres.
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A padres y madres nos preocupa perder la autoridad con nuestros hijos. Pensamos que si mostramos que dudamos, nos equivocamos o no proyectamos una seguridad absoluta, nuestros hijos sentirán que no pisan suelo firme, que no somos una autoridad fiable y que nuestras dudas o rectificaciones serán muestra de debilidad. Alberto Soler dice que “muchos padres creen que el principal objetivo de sus hijos es retarles, desafiarles y ningunear su autoridad; tienen miedo a que sus hijos “se les suban a la chepa”. Así, convierten la autoridad en el principal objetivo de la educación, pero ahí confunden el fin y los medios. La autoridad nunca debe ser un objetivo, sino una consecuencia de acciones educativas honestas, respetuosas. El respeto se gana, no se impone”. Reflexionamos sobre esta frase con la historia de Víctor. 

Los padres de Víctor, de 12 años, han tenido una discusión tremenda con el chico porque desde que ha entrado en el instituto está sacando muy malas notas. A pesar de que los padres se habían propuesto no gritar a su hijo y no etiquetarlo de manera negativa, con el calor del momento han perdido los papeles. La conversación ha sido más o menos así cuando los padres han llegado a casa del trabajo y han visto a su hijo leyendo en el sofá:

-Hola, cariño, ¿qué tal el día?-le dice su madre, Alba.

-Buff, regular. He vuelto a suspender mates y estoy harto de ese profesor. Me tiene manía.

-Víctor, por favor, deja de escudarte en que el profe te tiene manía. No creo que te hayas esforzado demasiado en estudiar porque ya llevas 6 asignaturas suspensas. ¿Qué te pasa?  Menuda etapita… – le contesta su padre, Ignacio.

-Venga ya, ya estamos con lo de la etapita… ¡Me tenéis harto! – dice Víctor

-Víctor, si solo queremos saber qué pasa, por qué estás sacando malas notas, para poder ayudarte. – dice la madre, tratando de poner paz.

-¿Ayudarme? No se nota para nada. Lo que parece que queréis es controlarme y no dejar que viva mi vida.

-¡Vivir tu vida no es hacer lo que te dé la gana, Víctor!- dice la madre, subiendo el tono-. Tu responsabilidad es estudiar, aprender, aprovechar el instituto.  Y no consentiremos que te estés convirtiendo en un vago irresposable. 

-Ajá, ¿y esta es vuestra forma de ayudar? Pues si esa es vuestra forma de ayudar, prefiero que no lo hagáis…- dice Víctor mientras se va del salón.

En el momento en que Víctor deja el salón, los padres se dan cuenta de que se han equivocado: no querían gritar ni etiquetar, no querían entablar una batalla, y sin embargo el calor del momento ha hecho que la conversación fuera por un camino que ellos no querían recorrer.

Los padres, que sienten que han fracasado, debaten entonces si deberían ir a pedirle disculpas.

-Nos hemos pasado -dice Alba-. Y además seguimos sin saber por qué no estudia y qué necesita que hagamos para ayudarlo o apoyarlo.

-La verdad es que cuando yo era adolescente, mis padres me hablaban así y me enfadaba muchísimo. ¡Qué pena cometer los mismos errores! Podríamos ir a pedirle perdón y empezar de nuevo la conversación -opina Ignacio.

Pero es que si le pedimos perdón… no nos va a tomar en serio. Vamos a parecer débiles, inseguros y Víctor necesita que seamos fuertes y seguros – expresa su temor Alba.

-Mira, Alba. Piensa en ti cuando tenías su edad. ¿Qué habrías pensado si tus padres te piden perdón por haberte hablado mal? – pregunta Ignacio.

Después de un rato pensando, Alba dice:

-Ya… Quizá habría agradecido que rectificaran cuando se equivocaran, los habría visto como personas con derecho a equivocarse y aprender y habría enterrado el hacha de guerra, aunque fuera por un rato.

Los padres se dirigen al cuarto del niño a pedirle perdón y con el propósito de averiguar qué ayuda o apoyo necesita para sacar mejores notas en el instituto y, sobre todo, para estar más a gusto consigo mismo.

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