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Heike Freire: “Nuestros hijos tienen déficit de naturaleza, lo que les provoca trastornos y problemas de desarrollo”

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“Los niños y niñas de hoy pasan la mayor parte de su tiempo en espacios cerrados, sentados, mirando una pantalla. Viven constantemente bajo una supervisión adulta obsesionada con la seguridad y, prácticamente, ya no disfrutan de momentos de juego autónomo al aire libre. Su creciente aislamiento del mundo natural se intenta compensar con un exceso de productos y tecnología (peluches, juguetes, libros, fichas, cromos, películas, juegos electrónicos…) que suplantan a los seres de la naturaleza. Una realidad virtual que les aleja aún más de la vida, reduciéndoles a un papel de espectadores y consumidores pasivos. La escasez de espacio y posibilidades de movimiento, la gran cantidad de representaciones abstractas, sin relación alguna con su experiencia directa, el continuo bombardeo de estímulos (luces, colores chillones, ruidos, velocidad..) al que están sometidos y, en definitiva, la falta de naturaleza, podrían estar en la base de numerosas dolencias que aquejan actualmente a la infancia: obesidad, desequilibrio de biorritmos, problemas motores y del lenguaje, asma, estrés, agresividad, TDHA, depresión… Los niños necesitan la naturaleza. Se sienten espontáneamente atraídos por ella y, en su contacto, se desarrollan de forma más saludable a todos los niveles: físico, emocional, mental, social y espiritual. Estar al aire libre (al menos tanto tiempo como el que pasan dentro), en interacción directa con la vida, debería ser reconocido (y ejercido) como un derecho fundamental de la infancia, en nuestras sociedades”.

Así describe Heike Freire, la creadora de la pedagogía verde y autora del libro super ventas ‘Educar en verde’, la realidad que viven nuestros hijos hoy en día.

Hablamos con ella de esto y de la jornada gratuita que ella y las alumnas del Curso Superior de Pedagogía Verde han organizado el próximo sábado 21 de mayo en Casavieja (Ávila), un encuentro para jóvenes de entre 11 y 15 años en la naturaleza.

 

  • Heike, ¿crees que las generaciones actuales viven más de espaldas a la naturaleza que las anteriores, o, en cambio, eres optimista y crees que están más sensibilizadas con el cuidado de esta?

Creo que ambas cosas son ciertas. Las generaciones actuales están más sensibilizadas al cuidado de la naturaleza, porque la destrucción del equilibrio ecológico del planeta es una realidad, y necesitamos actuar. El año 2020, por ejemplo, hemos cruzado el umbral de lo que algunos expertos denominan el Antropoceno. Una nueva “edad de la Tierra” en la que la especie humana se ha convertido en una fuerza geológica sin precedentes. Ese año, la masa total antropogénica, es decir, las cosas que producimos (desde coches hasta lavadoras, pasando por ropa, ordenadores y cualquier otro producto) fue por primera vez superior a la biomasa, el conjunto de la materia orgánica, los seres vivos generados en los procesos biológicos del planeta. Esto significa que hoy en el planeta se genera más basura que vida. Y esa producción se hace a costa de una degradación de los ecosistemas.

Con un problema tan grave como este, no es de extrañar que niños, jóvenes y adultos estemos más concienciados que los de generaciones anteriores. Concienciados a un nivel sobre todo intelectual. Quien más quien menos sabe lo que está sucediendo. Es casi imposible no saber. Pero también es un hecho que vivimos mucho más de espaldas a la naturaleza que las generaciones precedentes. En nuestro país la población que reside en zonas urbanas ha pasado del 65% en 1950 al 87% en 2018. Areas urbanas donde la naturaleza escasea. Con la consiguiente pérdida de bienestar y de una sabiduría ancestral, vinculada a esas formas de vida. Si a esto añadimos el estado de confinamiento escolar y domiciliario en que viven (por los estilos de vida, los miedos de las familias y un exceso de pantallitis) seguramente tenemos los niños y jóvenes menos en contacto con la naturaleza de la historia de nuestra especie. 

  • ¿Qué puede aportar a nuestros niños y adolescentes el contacto con la naturaleza?

La naturaleza es madre y es maestra, no solo para los más pequeños sino para todos. Como madre, acompaña el desarrollo de todas las capacidades y potencialidades de las criaturas, como lo ha hecho siempre, desde los orígenes de nuestra especie: desde hace millones de años, venimos al mundo con la expectativa de encontrarnos con la naturaleza. nacemos inmaduros y nos completamos con el medio natural. En contacto con la naturaleza niños y jóvenes crecen más saludablemente, con menos enfermedades, más destrezas físicas y motoras, más capacidades sensoriales, menos estrés y mejor gestión emocional. Desarrollan la inteligencia espacial, y todas las demás destrezas cognitivas: atención, concentración, memoria…También son mejores comunicadores, más sociables y empáticos, tienden a cooperar, y ayudarse mutuamente. Y son más expresivos y más creativos. Entre otras cosas.

Pero además, la naturaleza es la gran maestra. De ella hemos aprendido y continuamos aprendiendo desde el principio de los tiempos. Nos enseña valores esenciales para la vida, como la hospitalidad, la solidaridad, la generosidad, la libertad, la paciencia, …Además, observándola y conviviendo con ellas, hemos aprendido a hablar (se dice que el primer lenguaje humano fue cantado y lo aprendimos escuchando a los pájaros), a escribir (todas las escrituras imitan las formas naturales), a construir refugios, a cultivar, a cuidar de plantas y animales. Aprendimos botánica y geología, pero también arte y matemáticas. Bajo las copas de sus árboles, empezamos a pensar, a razonar.. Cualquier cosa que quieras aprender está ahí.

  • Nuestros hijos se crían en entornos cada vez más asfaltados. Celebramos sus cumpleaños en parques de bolas, su ocio es cada vez más tecnológico… ¿cómo les afecta esto?

Les afecta muchísimo. Porque son estilos de vida que no les permiten vivir sus necesidades vitales. Solo tienes que echar un vistazo para ver la cantidad de trastornos de todo tipo que tienen los niños y niñas de hoy, y que pueden relacionarse con este déficit de naturaleza: problemas de salud física, por la falta de aire, de exposición al sol (vitamina D), de ejercicio. Problemas del desarrollo y el aprendizaje, por la falta de espacio, de interacción con otros seres vivos, de estímulos naturales, de espacios verdes y abiertos para regenerar la atención. Y muchísimos problemas de salud mental que básicamente tienen el mismo origen: la imposibilidad de honrar las necesidades vitales y de vivir las etapas y los ciclos naturales del desarrollo. Que llevamos una forma de vida totalmente tóxica, a muchos niveles, no solo físicos es un hecho que creo que nadie puede negar. La cuestión es cómo salimos de ahí.

  • Para amar a la naturaleza hay que conocerla, nadie ama algo que no conoce…¿este es el objetivo del encuentro que habéis preparado en Casa Vieja?

Efectivamente, el amor requiere presencia, cotidianidad. Es difícil amar a alguien cuando está muy lejos. El encuentro de Adolescentes en Casa Vieja es una idea que surge en el Experto Universitario en Pedagogía Verde, una formación de posgrado que imparto en colaboración con Florida Univèrsitaria, y que actualmente tiene dos sedes: Madrid y Barcelona. La sede de Madrid está en uno de los centros de formación ambiental de la Fundación Gredos San Diego, en Casa Vieja (Avila). Como parte de su formación las alumnas crean un proyecto colectivo de Aprendizaje Servicio a la comunidad. Esta quinta promoción está muy sensibilizada con las dificultades de los adolescentes, con su bienestar y su salud mental. Y ha querido ofrecerles una jornada de inmersión en la naturaleza, diseñada con todo cariño, para que vivan sus necesidades vitales: seguridad y confianza, autonomía, riesgo y aventura, competencia, sentido, duelo…

A lo largo de la jornada van a poder divertirse, jugar y conectar con sus iguales, descubrir sus posibilidades sensoriales y creativas, desarrollar habilidades de supervivencia en el medio natural, de comunicación, convivencia y creación de vínculos. La inscripción es gratuita aquí. 

  • ¿Cómo pueden las madres y padres “educar en verde” a sus hijos? Algún consejo…

Muchas personas creen que la educación verde consiste simplemente en estar en la naturaleza. Y sufren porque tal vez no tienen medios para ofrecer a sus hijos una enorme finca de recreo donde puedan estar a sus anchas, o una escuela bosque o cualquier otra cosa. Sin embargo, la naturaleza está ahí para quien quiera acercarse. No solo son los paisajes grandes e idílicos. La naturaleza es también una forma de relacionarnos con la vida. Podemos estar en un espacio natural maravilloso y, sin embargo, comportarnos exactamente igual que si viviéramos en una ciudad. Es verdad que la convivencia con plantas y animales es fundamental. Mejor si son salvajes. Si nos fijamos un poco, tenemos mucha vida a nuestro alrededor, incluso en las zonas urbanas más duras. La naturaleza es también la fuerza de lo pequeño: una plantita, una hormiga, un gorrión…Es vivir y sentir nuestro cuerpo en relación con el mundo. Pero pasamos junto a esos seres diminutos y no los vemos. Somos incapaces de percibirlos porque los hemos excluido de nuestra mente. El déficit de naturaleza está también en nuestras cabezas urbanizadas. Así que lo primero es abrir nuestros sentidos y nuestras emociones a la vida. Y para eso nuestras criaturas son de una gran ayuda. Muchas veces basta con dejarse guiar por ellas.

María Dotor

María Dotor

Periodista especializada en educación y crianza
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Con la colaboración de la periodista

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