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Por Amaya de Miguel

La bofetada de Will Smith en los Oscar: los tres aprendizajes educativos que nos deja

El actor ha propinado una bofetada al presentador Chris Rock tras este realizar una broma de mal gusto hacia la mujer de Smith

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Los Oscar de 2022 quedarán en el recuerdo no por el cine y sus estrellas premiadas, sino por el acto bochornoso que el actor Will Smith ha protagonizado: dar una bofetada a uno de los presentadores de la gala, el cómico y actor Chris Rock.

La situación se producía así: Chris Rock sale a presentar el premio al mejor documental. Ante de anunciar el ganador, hizo un repaso de bromas y burlas hacia algunos de los actores presentes en la gala. El cómico realizó un comentario refiriéndose a la alopecia de la actriz y mujer de Will Smith Jada Pinkett Smith. “Jada, te quiero. GI Jane 2, no puedo esperar a verte en ella”, decía el cómico al hacer una comparación con la Teniente O’Neil de la película de Ridley Scott que va con la cabeza rapada.

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Acto seguido de la broma, el actor Will Smith se levantó hacia el escenario y propinó una bofetada al presentador acompañado de las palabras a voz de grito “quita el nombre de mi mujer de tu puta boca”. Momentos más tarde, Smith recogía su premio a mejor actor, en cuyo discurso, aunque lamentaba lo sucedido, no pedía perdón por sus actos y se justificaba diciendo: “El amor te hace cometer locuras”.

Las redes sociales se han hecho rápidamente eco de estas imágenes, y este momento viral ha empañado completamente la gala y los comentarios sobre los premios Oscar. El debate sobre si es justificable este acto violento se ha puesto en el centro del debate en estas redes: unos ven bien que Will Smith haya propinado la bofetada porque está defendiendo a su mujer; otros opinan lo contrario, y ven un acto de violencia injustificable a pesar del comentario de tan mal gusto.

1. Toda emoción es válida, toda conducta no

Si hay algo en la reacción de Will Smith con lo que todos podemos estar de acuerdo es la falta de autocontrol. El actor se levantó, sin pensarlo dos veces, a dar una bofetada al presentador con el pretexto de defender la honra de su mujer. En esos momentos, muy posiblemente, Smith se encontraría desbordado emocionalmente y no encontró otra forma de reaccionar que usar la violencia física para poder defender a su mujer. Sin embargo, que estuviese con un gran malestar emocional, con enfado, rabia y furia, no justifica que pueda actuar de esa manera.

Todas nuestras emociones, también las de Will Smith, son válidas. Sin embargo, lo que no es válido es la conducta negativa que realizamos cuando tenemos estas emociones. Así lo explica el psicólogo Rafa Guerrero con un símil sobre las conductas de los niños y niñas pequeños: “Siempre que nos encontremos con una emoción, esa emoción tiene que ser legítima. Ahí no tiene que entrar la razón, de que eres un exagerado, de que esto no está bien, no es para tanto…  Lo que no tiene que estar legitimado es la conducta asociada a esa emoción. Es legítimo que mi hijo esté enfadado, pero no es legítimo ni va a ser aprobado ni aplaudido el hecho de que debido a ese enfado él empuje o insulte a su hermano o compañero”.

La violencia, el pegar, el insulto son conductas que no debemos considerar válidas cuando se experimentan emociones negativas. La gestión emocional y el autocontrol nos permiten saber cómo poder reaccionar ante algo que nos disgusta enormemente. La bofetada de Will Smith, esta conducta provocada por emociones muy negativas, no puede ser justificable. No podemos normalizar y justificar la violencia como algo cotidiano y como un recurso para atajar un conflicto o como una forma de expresar nuestras emociones.

Esto no quita que debamos pasar por alto las las burlas o los comentarios negativos hacia una persona, y más si se refieren a una persona con una enfermedad, como ha sucedido con Jada Pinkett Smith. Es inaceptable la humillación a la que se enfrentó la actriz y la broma que se realizó. Sin embargo, se pueden buscar muchas otras formas de gestionar este malestar y este conflicto, la violencia no debería ser el camino.

2. El amor no justifica la violencia

“El amor te hace cometer locuras”, ha justificado el actor su conducta al recoger su premio Oscar por mejor actor protagonista. Una frase que se enmarca, como denomina la educadora y experta en violencia de género, Marina Marroquí, en los mitos del amor romántico. Estos mitos son frases y creencias que heredamos de generación en generación sobre cómo se debe hacer de todo y se debe aguantar por amor. El amor no debe hacernos recurrir a la violencia, ni contra la pareja, ni contra ninguna otra persona. Porque eso no es amor, eso es toxicidad. Cometer una acción violenta nunca debe estar justificada por amor. Porque usar de justificación el amor permite pasar por alto acciones que no son válidas y acciones que perpetúan la violencia machista, pues el discurso del amor lleva años calando en nuestra sociedad para justificar los asesinatos a las mujeres. “Por amor te insulté, por amor te pegué”. O incluso llegando a la situación más terrible: “Como no podía vivir sin ella, la maté”.

3. Debemos educar a los niños en una masculinidad sana

Smith se ha convertido en un mal ejemplo de cómo encarar y reaccionar ante aquellas situaciones y aquellos comentarios negativos e hirientes. Este acto violento encarna la masculinidad tóxica que asociamos a la violencia, a la carencia de autocontrol y a la falta de gestión emocional. Y es que desde pequeños educamos a nuestros hijos e hijas de forma diferente, así como su socialización es diferente. A ellos les educamos con valores de valentía y de protección; a ellas, las educamos como seres más frágiles.

Por eso, el actor se erige como la figura defensora de la mujer, como el salvador de ella, y actúa de la primera manera que aparece en la mente: mediante esa fuerza física, mediante la violencia que vamos inculcando a los niños desde pequeños. Si queremos que nuestros hijos e hijas crezcan en igualdad de condiciones, debemos educarles, como señala la socióloga Carmen Ruiz Repullo, en una masculinidad igualitaria, no en aquella tóxica que perpetua los valores asociados a la violencia.

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