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Los estereotipos de género también dañan a los niños

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Los niños y niñas nacen sin prejuicios y sin juicios. Somos nosotros, los padres y madres, quienes vamos transmitiéndoles los valores y cómo deben comportarse y actuar de una determinada manera. Así también pasa con los estereotipos de género: los adultos, padres, profesores y la sociedad en sí, transmitimos a los niños y niñas desde edades tempranas que existen roles que debemos seguir según nuestro género.

Estos estereotipos afectan tanto a niños como niñas en sus comportamientos, en su personalidad, en la forma en la que se relacionan con los demás y, por supuesto, en la forma en la que se estructura la sociedad (el hombre por encima de la mujer). Se pone mucho el foco en cómo los estereotipos y los roles de género afectan a las niñas, pero no ponemos tanto la lupa en cómo estos estereotipos afectan negativamente a los niños: en la manera en la que expresan sus emociones, en su comportamiento…

A los niños no les permitimos expresar sus emociones

La educación emocional está demostrando lo necesario que es que todos expresamos nuestras emociones, también las que creemos que son negativas como la tristeza. Expresar las emociones es esencial para cualquier persona, y como expresa la psicóloga Begoña Ibarrola “si las emociones se reprimen, nos hacen daño a nosotros; y si se expresan de mala manera, hacen daño a los demás”. Padres y madres debemos enseñar a nuestros hijos a gestionar sus emociones, a dejarlas que las expresen y a acompañarles para que puedan sentirlas sin hacerse daño. Sin embargo, se siguen escuchando frases como “los niños no lloran”, que demuestran que, primero, no permitimos expresar emociones y, segundo, que está mal visto que los niños expresen esta emoción porque no la asociamos con algo característico de ser hombre. “«Seca esas lágrimas», «deja de llorar», «venga, que no es nada»… Debemos desterrar estos comentarios, que los niños oyen constantemente. Antes que prohibirles llorar, consolémosles. No, eso no va a convertirlos en «cobardicas». Todo lo contrario: les hará más fuertes emocionalmente”, apunta Aurélia Blanc en su libro ‘Educar contra el machismo’.

Les dictaminamos su personalidad y su forma de actuar

Seguro que en alguna ocasión hemos escuchado a un adulto decirle a un niño “no te comportes como una niña”. Blanc refleja muy bien cómo se da esta situación: “¡Ah! Ya verás, los niños son más gamberros. No les van las cursiladas. Además, cuando son pequeños, necesitan pelear para desfogarse»” Sin embargo, Blanc sea plantea: “pero ¿eso no es lo que nosotros esperamos de ellos?”.

Tenemos expectativas y estereotipos sobre cómo debe ser un niño y cómo una niña. Esperamos que nuestros hijos varones se comporten como personas “fuertes, duras, conquistadoras”, mientras que a las niñas les enseñamos “a quedarse tranquilitas en su sitio”, tal y como cuenta Blanc. Esto repercute directamente en el autoestima, en el autoconcepto sobre sus capacidades y en su futuro profesional de los niños y niñas: no es lo mismo un niño fuerte que podrá de mayor hacer negocios y un hombre inteligente que puede acabar siendo científico, que una niña dócil que no puede aspirar por su autoestima y autoconcepto más bajo a las mismas profesiones que los hombres.

No les permitimos salirse de las vestimentas según su género

La vestimenta sigue estando asociada a los estereotipos de género. Sin embargo, muchos niños y niñas empiezan a romper con estos roles sin ser conscientes: escogen la ropa según sus gustos, y no según lo que se asocia a un niño o a una niña. Como padres y madres tenemos un papel esencial en estas situaciones: no reprimirles, dejarles que vistan como quieran. Ahora que estamos en plena semana de Carnaval, pasa igual con los disfraces. “Estamos hablando de un disfraz, una prenda concebida para jugar a ser otra persona, animal o cosa durante un rato. No significa más. Si soy una niña y me quiero disfrazar de Einstein, tengo que disfrazarme de hombre y no hay ningún problema en ello, lo mismo si a un niño le encanta la película de Frozen y quiere ir de Elsa. Al prohibirles que se disfracen de personajes del sexo contrario les estamos lanzando el mensaje de que hay algo malo en ello, especialmente en los niños, es decir, que ser chica es algo negativo, inferior”, comenta María, experta en igualdad de género y creadora de la cuenta en Instagram ‘Educar sin estereotipos’.

Muchos de nosotros, como padres y madres, no hemos recibido una educación en la que se reforzaban valores basados en la igualdad y en la erradicación del sexismo. María entiende a aquellos progenitores por esa falta de educación, pero les anima a que “lean mucho, que se informen y que se formen al respecto”. “Lo que te gusta vestir, a lo que te gusta jugar o cómo te gusta peinarte no define qué eres, puedes ser una niña con el pelo corto a la que le encante el fútbol y odie el maquillaje o un niño al que le guste llevar falda y las uñas pintadas”, añade.

¿Cómo educar sin estereotipos a niños y niñas?

¿Por dónde podemos empezar para educar sin estereotipos a nuestros hijos e hijas? María nos da varias claves:

  • Informarnos y deconstruirnos: somos los padres y madres el ejemplo de nuestros hijos e hijas, quienes vamos a traspasarles nuestros valores. Debemos empezar por nosotros mismos para que ellos puedan crecer sin estereotipos. “Es importante crear ese espacio seguro igualitario desde que nacen, antes de que tengan cualquier tipo de expresión, haciendo un esfuerzo de deconstrucción personal ya que todas las madres y padres tenemos sesgos, unos más conscientes que otros, debido a como hemos sido educados”, señala.
  • Pensar sobre si la ropa y los juguetes que estamos eligiendo lo hacemos en función de si es niño o niña
  • Elegir juguetes, cuentos y actividades que no se encasillen en los estereotipos y que fomenten su ruptura
  • Conversar con ellos según crecen sobre los estereotipos que existen en la sociedad. Además, María propone “analizar los estereotipos o las situaciones machistas que vayamos viendo, siempre acorde a su edad, por supuesto, pero podemos tratar el tema desde los tres y cuatro años a través de los cuentos”.
  • No reprimirles si hacen algo asociado al otro género.
  • Fomentar que el hogar sea un espacio seguro donde nuestros hijos se puedan expresar libremente. “Siguen siendo niñas y niños a los que, si no les restringimos lo que pueden o no hacer (en términos de género) crecerán libres y con seguridad en su persona”, resalta.

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