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GUÍAS PRÁCTICAS

Descubre todo lo que debes saber sobre la lactancia materna antes de la llegada de tu bebé

CURSO

Rabietas y límites desde el respeto

Por Amaya de Miguel

Mar Romera: “Intentamos cambiar las circunstancias de nuestros hijos, pero ni podemos ni debemos hacerlo”

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Descubre todo lo que debes saber sobre la lactancia materna antes de la llegada de tu bebé

Mar Romera siempre dice que no quiere que sus hijas “sean felices, sino que sean capaces de escoger la emoción adecuada en el momento adecuado, con la intensidad oportuna y en el contexto adecuado”.  Esta maestra, licenciada en pedagogía y en psicopedagogía, además de especialista en inteligencia emocional y en inteligencias múltiples comparte con nosotros su receta para ‘Educar sin recetas’, título de su último libro y título también de la ponencia que impartirá en nuestro evento el próximo 26 de noviembre en Madrid.

Para ir abriendo boca de lo que escucharemos ese día, hemos compartido con ella una charla.

  • Mar, ¿es posible ‘Educar sin recetas’?

¿Crees que tu abuela tenía recetas para educar? En la educación hay nociones, mucho de sentido común, convertido en libros y teorías que se justifican a través de la ciencia, pero las personas nos caracterizamos porque no hay dos iguales, lo que funciona contigo no funciona conmigo, lo que recibes de una forma, yo de otra…

En el juego de la metáfora y de la vida yo he cogido la cocina como un paralelismo de la educación. Por ejemplo, la tortilla de patatas de mi madre es la mejor del mundo, y solo usa patatas, huevos, aceite y sal, cuatro ingredientes básicos, y no hacemos dos tortillas iguales, ¿cómo vamos a hablar entonces de dos seres humanos iguales cuando hablamos de educación?

  • Cuatro ingredientes para esa tortilla, y ¿cuántos ingredientes necesitamos para educar?

Educar es un acto de amor incondicional, y ahí no valen las recetas elaboradas, hay mucho de corazón e imaginación, de referencias que vienen del sentido común y todo ello sazonado con un poquito de ciencia.

Uno de los más importantes es el vínculo amoroso, esa admiración por los peques que nos convierten en referentes, esa es una de las claves. Los buenos referentes escuchan más que hablan, están presentes y dedican tiempo, lo cual es un problema hoy en día por la conciliación.

Los niños necesitan experimentar sus propias vivencias, experimentar todos los sentimientos, superar la tristeza de una pérdida, superar el error. Vivimos en el siglo de los cambios brutales y rápidos en la sociedad, pero como predomina el ‘sobre regalo’ y la sobreprotección acabamos convirtiendo a nuestra infancia en menos competente para la vida. O somos fuertes de dentro a fuera o todo lo que se haga en la educación de fuera a dentro no vale.

  • Y muchas veces los padres acabamos viviendo por nuestros hijos para protegerlos y no dejando que tengan sus propias vivencias…

Los comportamientos de la infancia se convierten en recurrentes a lo largo de nuestra vida. Los niños pasan por etapas, de más o menos rebeldía… pero después de la explosión neurológica más que hormonal vuelven a su cauce y tú te descubres como adulta en la cocina reproduciendo frases de tu madre. A ese adulto lo amas y, aunque no compartas muchas conductas, acabas aprendiendo sus comportamientos. Los niños igual, no aprenden lo que les enseñamos, sino a nosotros mismos. Sin caretas. Nos ven aunque pensemos que no.

Lo que tenemos que reflexionar es cómo lo hacemos con nosotros mismos como padres, porque de eso depende cómo lo hagamos con nuestros hijos

  • Teniendo eso en cuenta tenemos doble trabajo entonces los padres: revisionar el modelo de crianza que recibimos en su día y trabajar para ofrecer nuestra mejor versión…

No puedes enseñar nada que no eres. Esto nos debería hacer revisionar toda nuestra vida, nos ayuda mucho a los adultos tener una conciencia emocional real porque entonces podemos elegir la emoción desde la que actuamos. La calidad de mi vida depende de la calidad de mis pensamientos, y si desarrollo estrategias para ello esto funcionará. Yo no me enfadaré porque tu me pegas, sino que me enfadaré porque elijo enfadarme.

En realidad lo que hay que reflexionar es cómo lo haces contigo, como padre, porque depende de cómo estés, así harás con ellos. Lo que uno tiene que hacer es empezar por él mismo, porque lo que funciona con Carlitos no funciona con María.

Imagina que estoy con empresarios del sector de los refrescos, como no sé nada de ese tema, no me preguntan nada sobre el producto de su empresa. Pero cuando estoy con docentes y familias sí sé del producto y la pregunta que me hacen siempre es ‘¿cómo lo hago?’ Y mi respuesta es la misma que al directivo de esa empresa: yo no sé cómo lo haces. No tengo una receta mágica, lo que tengo es la disciplina, la estructura, la ciencia, las horas de estudio y el acercamiento a los peques. Siempre dentro de los mismos ejes cartesianos que son el amor incondicional, un vínculo emocional adecuado, poner límites y gestionar su autonomía, pero que a la vez vivan todos los sentimientos. Todo esto envuelto en una filosofía en la que como padres intentamos cambiar las circunstancias en las que viven nuestros peques. Queremos hacer que no llueva, queremos evitarles la muerte de seres queridos… pero eso no podemos ni debemos cambiarlo. No se trata de eso, sino de cómo vivir esas circunstancias y qué actitud tener, cómo afrontarlo. Yo elijo cómo afrontarlo y no cambiar lo de fuera, creo que en eso hemos errado en el foco. En eso y en que hoy en día se nos venden como sinónimos placer y felicidad y no es lo mismo. Todo esto está incidiendo en la analfabetización emocional.

 

  • ¿Cómo podemos superar esta analfabetización emocional en nuestros hijos?

Las emociones son química y existe una conexión entre la parte límbica y la cortical. Las emociones son respuestas adaptativas de nuestra estructura neurológica a la vida, y esas rutas conllevan el entrenamiento emocional. Es muy habitual confundir y asociar cognición a inteligencia y emoción a otra cosa, pero está todo en el cerebro, sentir está en el cerebro. Por ejemplo, cuando veo un fantasma o lo recuerdo o imagino siento miedo y eso es un chute de adrenalina de mi amígdala límbica que ha inundado el cerebro completo. Te está diciendo ‘corre, que peligra tu vida’. El ser humano es el único ser capaz de emocionarse con cualquiera de esas tres cosas, no solo teniendo el estímulo presente como ocurre con el resto de animales.

 

  • Por eso es importante educar con ellos y no para ellos…

El cerebro es un músculo que hay que ejercitar, si no lo ejercitamos se atrofia. Y aunque es desconocido todavía, es impresionante. En lo que vamos construyendo lo que hace nuestro cerebro es resolver para mantenernos vivos siempre, porque es un instinto. Ahora bien, si yo como padre hago los ejercicios y evito los conflictos para que la vida de mi peque sea más fácil, lo que hago es atrofiar su estructura neurológica para acometer las circunstancias de la vida. Si tú haces todo por mí me estás convirtiendo en inútil. Otra cosa es que siempre me sienta como niño protegido y acompañado, pero no inútil. Hay que permitirles vivir.

 

  • Y permitirles aburrirse…

En nuestro mundo, el mercado usa las emociones para vender y te dice no debes estar aburrido. Por eso existen mil productos que podemos comprar para entretenernos. Pero el aburrimiento es necesario porque es la fase anterior a la creación. Aburrimiento, que no depresión. El adulto tiene que darse cuenta. Necesitamos diferenciar entre el fracaso continuado y el desastre continuado y los adultos intentamos siempre evitar el fracaso y el dolor a los peques y no les dejamos crecer. Les evitamos el suspenso, les evitamos la pérdida… y encima lo que hacemos los adultos es responsabilizar a las circunstancias del dolor, ya sea en forma de profe, o de mesa “mala” cuando se caen. Es ridículo. Descafeinamos todo tipo de responsabilidad y es cuando estamos en calma cuando eso nos castra cualquier tipo de decisión hacia una autonomía física y moral. Y ambas son importantes. Ese es nuestro papel como padres, difícil, pero por eso es maravilloso.

La educación emocional es como aprender un idioma. Implica una alfabetización y una conciencia, además de una socialización emocional

  • En tu charla nos hablarás de la importancia de la educación emocional y de la educación emocionante. ¿Son dos cosas distintas?

Sí. Son dos conceptos diferentes. La educación emocional es como aprender un idioma. Implica una alfabetización y una conciencia (cuándo y cómo uso las emociones para regular). Después una socialización emocional, una empatía (cómo sé que tu sientes qué y razono).

La educación emocionante es, por ejemplo, tu casa. Tiene color, olor, sabor, escucha activa, límites, risas, aventuras… se comparte y se llora en familia, se vive de forma afectiva y emocionante… Pero en ocasiones familia y escuela creen que hacen una educación emocional y no es real. La educación emocionante parte de un vínculo sano, pero no implica educación emocional.

 

  • ¿Como cuando tendemos a imponer el perdón y el agradecimiento a nuestros hijos?

Es que hay que darles la oportunidad de que lo hagan ellos. Las circunstancias nos llevan a ir deprisa todo el tiempo y hemos priorizado lo cognitivo frente a lo emocional, es decir, si yo te pego y soy pequeña, viene mi madre a decir ‘pídele perdón’. Lo haré, pero no lo sentiré. Así que acabamos destrozando las normas sociales porque les quitamos todo el sentido. La idea sería qué estoy sintiendo, porque si te pido perdón desde la ira es un desastre porque no lo sentiré.

En realidad las emociones no son positivas ni negativas. Yo voy incluso un poco más allá y las que consideramos emociones desagradables o agradables yo las defino como oportunas o inoportunas. Así, si pierdo a un ser querido sentir tristeza es oportuno, pero no es desagradable ni agradable, es desagradable perderlo, pero no sentirlo. En cambio, si una chica tiene que decir no, lo dirá desde el enfado y cuando lo dice es agradable porque se libera. Y es oportuno. La excelencia emocional sería elegir la emoción oportuna en el momento oportuna, con la intensidad oportuna, en el contexto adecuado y con las personas correctas. Yo llevo 30 años en el primer paso y aún no he llegado al segundo paso.

 

Si quieres ver a Mar Romera en directo y a otros cinco ponentes más en un evento presentado por Lucía, mi pediatra y Leo Farache no te quedes sin tu entrada. La puedes conseguir aquí.

Y si no puedes esperar para verla, te dejamos una fantástica ponencia suya titulada ‘Educar en las emociones’. Puedes verla pinchando aquí.

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