Marta Martínez Novoa, psicóloga: “La pregunta a una niña de si tiene novio, no debería tener cabida, ya que las criaturas a esas edades no están ni tienen que estar pensando en eso”

A propósito de la publicación de su libro 'Que sea amor del bueno', hablamos con la psicóloga Marta Martínez Novoa sobre la responsabilidad afectiva y cómo educar a nuestros hijos e hijas en ella

Si hay un concepto que se ha puesto en boca de todos últimamente es el de responsabilidad afectiva. Sin embargo, no todos comprendemos que significa este término y por qué es tan importante trabajarlo en nuestras relaciones.

Marta Martínez Novoa, psicóloga y autora del libro ‘Que sea amor del bueno’ (Zenith, 2022) lo define como “la conciencia de que un vínculo siempre implica a otras personas aparte de a ti misma, personas que sienten y tienen necesidades concretas”. Es decir, tener responsabilidad afectiva significa ser responsables de nuestras conductas y emociones, ya que estás afectan de una forma u otra a las demás personas, a nosotros mismos y a la relación que tenemos con la otra persona, ya sea afectiva-sexual, de amistad, familiar, etc.

Hemos hablado con la experta sobre su libro, sobre la responsabilidad afectiva y sobre cómo podemos educar a nuestros hijos e hijas en ella:

 

1. Tener responsabilidad afectiva significa responsabilizarnos de cómo nuestros actos pueden afectar emocionalmente a los demás. Se usa mucho para hablar de relaciones de pareja, pero se da en todos los ámbitos, con amigos, en el trabajo… Ser responsables y consecuentes con nuestros actos y las reacciones que podemos provocar en los demás es algo que se aprende en la infancia, pero de lo que verdaderamente se carece cuando llegamos a adultos. ¿En qué fallamos?

Creo que principalmente en que, por lo general, no solemos recibir una educación emocional de calidad, porque nuestros padres y madres tampoco la recibieron en su día, en los colegios no ha estado presente apenas, etc. Con lo cual, en la infancia aprendemos que es importante ser responsables y consecuentes con nuestros actos pero a nivel racional. A nivel emocional no tenemos ni idea de qué hacer con nuestras emociones, a veces ni siquiera sabemos cómo etiquetarlas, entonces al final van por libre y hacemos cosas que quizás no querríamos hacer. La teoría nos la sabemos, pero la práctica ya es otra cosa… porque esta práctica está completamente filtrada a nivel inconsciente por nuestras heridas y carencias emocionales que, sin tener las herramientas adecuadas, nos llevan a actuar de manera impulsiva o inconsciente en muchas ocasiones.

2. En tu libro hablas de cómo el apego que tenemos condiciona la forma en la que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos. Cuéntanos un poco más sobre esto y sobre cómo podemos trabajar un apego inseguro para que no nos afecte negativamente en nuestras relaciones

Por así decirlo, cuando aterrizamos en el mundo, nuestras figuras de cuidado principales, padres madres, profesores, abuelos o abuelas…, son nuestras referencias de qué puedo esperar del mundo y qué “soy yo”. Es decir, cómo me quieren, valoran, definen… aprendo a quererme, a saber si será fácil que me quieran o no y también a querer. Por eso el apego que establecemos con estas primeras figuras es tan importante, porque sienta la base sobre la que se sostendrán nuestras demás relaciones.

La buena noticia es que un apego inseguro puede trabajarse y modificarse en gran medida, aunque no es un proceso rápido ni fácil. Esto es uno de los temas que más habitualmente trabajamos en consulta y, para ello, uno de los trabajos principales será cambiar la narrativa interna que tenemos de nosotros mismos (basada principalmente en estas primeras referencias y experiencias con figuras significativas), por una nueva que construyamos en consulta a través del vínculo seguro y de no-juicio que se genera con el o la psicóloga y basándonoslos en la realidad actual de la persona, sus valores, etc.

3. También comentas cómo las heridas de la infancia condicionan las relaciones con los demás. Por ejemplo, la herida de abandono o la herida de rechazo. Estas heridas pueden hacer que el niño que estamos criando, en un  futuro sea complaciente, no atienda sus necesidades, tenga miedo de confiar en los demás o no sepa poner límites en sus relaciones… Padres y madres tenemos que responsabilizarnos de que estas heridas no se den, somos los responsables…

Padres y madres tienen mucha responsabilidad en esto, pero no toda, ya que puede haber otras figuras significativas muy influyentes para el niño/a (profesores, cuidadores, abuelos…). Mi recomendación es no obsesionarnos ni flagelarnos si no siempre podemos hacer las cosas “perfectas” como padres o madres (es imposible), pero ofreciendo una crianza que se base de manera en general en la aceptación incondicional del niño, la puesta de límites sanos (que no normas rígidas), la presencia en la medida de lo posible (sobre todo para los hechos más importantes para las criaturas: jugar, escucharles, etc.), ya estamos haciendo mucho para favorecer la construcción de una autoestima sólida.

4. Sigue existiendo mucha presión hacia tener pareja, nuestros hijos crecen con esa presión social. ¿Es posible que la familia también condicione y presione al enseñar a los niños a poner el amor de pareja en un plano muy importante y como consecuencia muchas personas adultas que no tienen pareja tengan esa presión por encontrarla?

Totalmente. La verdad es que nuestra sociedad tiene grabada a fuego la importancia de la pareja y esto se nota en que es algo que se empieza a transmitir en edades muy tempranas. Esto se ve cuando le preguntamos a una niña si tiene novio (dando por hecho heterosexualidad casi siempre, además), y esta es una pregunta que no debería tener cabida, ya que las criaturas a esas edades no están ni tienen que estar pensando en eso. Igual que no les preguntamos por impuestos, por ejemplo, porque damos por hecho que es un tema de adultos, sería importante que comenzásemos también a relegar estas preguntas sobre “parejas” a la adultez. Si no es así, comenzamos a crear desde muy pequeños el mandato de que “para vivir una vida exitosa hay que tener pareja sí o sí” y esta presión, en la adolescencia y juventud, los puede llevar a establecer vínculos inconscientes únicamente por el mandato interno y, por tanto, que haya más probabilidades de construir relaciones disfuncionales.

5. Ahora, afortunadamente, se reivindica mucho la educación sexual, pero se nos olvida una palabra: lo afectivo. La educación afectivo-sexual. ¿Falta tener más en cuenta los cuidados, lo afectivo?

Creo que así es. La educación sexual debería ir de la mano siempre con la educación afectiva, ya que cualquier encuentro sexual conlleva afectividad. Y no, no me estoy refiriendo a que solo se tenga sexo cuando hay sentimientos amorosos, pero incluso con alguien que se acaba de conocer se mueven afectos aunque se pretenda tener una relación exclusivamente sexual: hay expectativas, miedos, vergüenza, inseguridad, ilusión, etc. Y, si la educación va solo dirigida a lo meramente sexual, se queda coja, porque en algo que va totalmente implícito en lo sexual como lo es la afectividad, seguimos dando palos de ciego.

6. Podemos ver irresponsabilidad afectiva desde la adolescencia, sobre todo, en el marco de las primeras relaciones de pareja. Pongamos esta situación: si vemos que nuestro hijo adolescente da largas a su pareja, a veces le dice que quiere quedar, otras veces le critica, otras veces no le contesta al whatsapp en días, ¿qué pueden hacer madres y padres? ¿Cómo podemos hacerle abrir los ojos para que sea responsable afectivamente en ese momento y no lo repita en un futuro?

Creo que es muy importante hablarles de “buenos tratos” y de empatía. Es decir, no solo es importante educar desde lo que “no está bien”, sino también señalar lo que sí, y cultivarlo en casa: hablar claramente de cómo nos sentimos cuando un miembro de la familia hace X (para bien o para mal), de cómo estamos, de qué necesitamos, de lo importante que es escuchar al otro para que ambos podamos estar bien en la relación, etc. Como mejor se aprende es de lo vivencial, y si en casa vivimos todo esto, será mucho más fácil que lo normalicemos para aplicarlo fuera de casa.

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Alicia Mendoza

En el camino a convertirme en periodista y comunicadora audiovisual descubrí que hay varios valores que quiero que acompañen siempre a mis palabras: el compromiso, la verdad y la igualdad. Valores que también aplico a mi día a día para contribuir a una sociedad cada vez más justa. La educación, los feminismos, los cuidados y los vínculos emocionales conforman los pilares sobre los que me formo cada día.

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