Milena González: “Un niño no se traumatiza por llorar o sentirse triste. Podría ocurrir si vive su tristeza en soledad”.

De todas las emociones que viven los niños y niñas, la tristeza es una de las que más cuesta acompañar, principalmente por la impotencia sentida por los adultos al no poder cambiar la crudeza de ciertas situaciones, como la muerte de una persona amada. No existen fórmulas infalibles para esos momentos, pero sí algunas pautas que pueden ayudarnos a transitar por este camino de una forma más sencilla.

La psicóloga Milena González ha elaborado la ‘Guía familiar para abordar el duelo en la infancia’, editada por Toro Mítico. Un libro en el que, desde su vivencia más cercana, nos aporta útiles herramientas para poder gestionar procesos de duelo por la muerte significativa de un ser querido. Hablamos con ella.

Milena, ¿cómo se puede explicar una pérdida o fallecimiento a un niño de manera adecuada?

Suelo decir que la tristeza es una de las emociones que más difícil se nos hace sostener en nuestros hijos. Y si esta tristeza es por una situación que genera tanta impotencia como lo es la muerte de un ser querido, pues el dolor se hace más agudo. Para explicar la muerte de un ser querido menciono que usemos la técnica PVC + A.

PRONTO. Sobre todo cuando los niños ya están en edad escolar y posterior, es importante que lo digamos pronto ya que no hacerlo podría implicar que no participe en las ceremonias o rituales de despedida o que se entere por parte de otra persona ajena a la familia, quien a su vez posiblemente no tendrá las herramientas suficientes para contárselo y sostenerlo óptimamente.

VERDAD. No debemos ocultar la muerte de nuestros seres queridos a nuestros hijos. Es válido nuestro propio miedo de hacerlo. Y al mismo tiempo ellos tienen derecho de saber lo que pasa. Nuestra labor no es rescatar a nuestros hijos del dolor sino acompañarlos mientras atraviesas la tormenta.

CLARIDAD. La muerte la explicamos como lo que es el final del ciclo vital. Sin eufemismos «el abuelito está dormido» «la mascota se ha ido de viaje». Esto aunque lo hacemos con muy buena intención puede generar mayor confusión y ansiedad en el niño. Ya que durante al menos los primeros 7 años de vida el cerebro del niño procesa la información de forma concreta y literal, eso significa que interpreta literalmente nuestras palabras.

ACOMPAÑANDO EMOCIONALMENTE. Es importante que nos mostremos accesibles sin ser intrusivos. Le llamo una aproximación no intrusiva. Es decir, que el niño se sienta acompañado, pero no vigilado o abrumado por cómo se siente. Adaptar nuestra forma de acompañarlo a lo que vemos que necesita en ese momento específico. Unas veces ese acompañamiento podrá ser un abrazo, otras solo escuchar y otras dejarlo estar solo.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan los niños al atravesar el duelo?

Uno de los más frecuentes es volver a la rutina. Sobre todo cuando la pérdida es de alguien con quien ha tenido un vínculo muy sólido. Volver a la rutina supone empezar a vivir una vida sin la presencia de esa persona. Recordemos que todo duelo supone una pérdida y toda pérdida supone un gran dolor. Atravesar un duelo no solo significa perder a esa persona sino que trae consigo la pérdida de ideales, planes, estructuras, sueños… El primer año de la muerte de ese ser querido es además el año de la primeras veces: la primera vez que pasa una navidad sin esa persona, el primer cumpleaños que vive sin recibir su llamada o visita, la primera noche vieja sin escucharle, el primer verano sin poder contarle lo que ha hecho o incluso sin poder compartir con él.

-¿Cuáles son las señales o indicadores más comunes que los padres o cuidadores debemos tener en cuenta para identificar si un niño está experimentando dificultades durante el proceso de duelo?

Antes de nada saber que cada proceso se vive de una forma única y particular. No todos procesamos ni reaccionamos ante la muerte de la misma forma, ni siquiera cuando el duelo es por la misma persona. Lucas y Lucía son hermanos y Lucas durante su proceso de duelo puede manifestar tristeza a través del llanto y Lucía por su parte podría expresar rabia, mostrarse más irascible e incluso tener alguna regresión como hacerse pis o caca encima cuando ya había adquirido esta destreza. Esas primeras manifestaciones emocionales, y del comportamiento son esperadas.

Sin embargo, de los diferentes indicadores que existen hay uno que en consulta encontramos que es de los más significativos y tiene que ver con que el comportamiento o reacciones del niño le interrumpan o le impidan poder volver a la rutina. Por ejemplo temor excesivo a enfermedades, a montarse en el coche, a separarse de sus adultos por miedo a que les pase algo. Miedo a quedarse a solas en su cuarto, a ir al cole. Apatía por compartir o jugar con sus amigos, incapacidad para conciliar el sueño. En resumen, comportamientos o reacciones llamativas que antes no eran evidentes.

-¿Cómo podemos apoyar a los niños en situaciones en las que no sepan cómo expresar o procesar sus emociones relacionadas con la pérdida?

Generalmente los niños no saben cómo expresar ni gestionar sus emociones, especialmente si son menores de 8 años, debido entre muchos otros factores, a la inmadurez de su corteza prefrontal. Por tanto, nosotros los adultos asumiremos el rol de «traductores emocionales» eso significa que les ayudaremos a ponerle palabras a todo ese aluvión emocional que podrían estar sintiendo y que no saben nombrar. Podría sonar así: Cariño, tu cara, tus ojos, tu cuerpo me dice que estás triste. Es como si hiciéramos una lectura de su postura corporal y como si fuéramos un espejo reflejamos lo que vemos para hacer consciencia emocional. Y continuamos diciéndole: Yo estoy aquí para ti.

También es importante que en lugar de llegar con un listado de preguntas, les hablemos de nuestras propias experiencias cuando perdimos a un ser querido y de qué nos ayudó para superarlo. Hablar de nuestras propias experiencias les hace sentir acompañados en su dolor y esto podría animarlo a seguirte la conversación.

La literatura infantil es otra gran aliada. Ya que los niños suelen identificarse con algunos personajes de los cuentos y podríamos aprovechar para preguntarle: ¿cómo se sentirá el cangurito al darse cuenta que su padre había fallecido?, ¿tú qué le dirías? Y hacer preguntas que le permitan de alguna forma abordar su propio dolor.

¿Cuáles son algunas actividades o rituales apropiados para ayudar a los niños a honrar y recordar a sus seres queridos que han fallecido?

Es válido todo aquello que le permita al niño expresar su cariño y va a depender de los gustos de cada niño. Algunos quieren hacerle una carta, otros hablar, otros un dibujo, otros una canción, figuras con plastilina, un álbum con los mejores momentos, incluso algunas familias se animan a coger prendas de la ropa que usaba ese ser querido y con ellas crear o mandar a hacer peluches de tela, almohadas, o cualquier objeto que les permita sentir que aunque ya no están físicamente si lo tienen presente de alguna otra forma.

¿Qué consecuencias a largo plazo pueden tener los niños que no logran abordar adecuadamente su duelo en la infancia?

Generalmente cuando un niño no aborda adecuadamente un duelo en su infancia tiene que ver con varios factores, muchos de ellos con el desconocimiento por parte de sus cuidadores de poder brindarle un acompañamiento y sostén óptimo. Ya decíamos que el niño por sí mismo no podrá gestionar todo lo que siente, necesita de un «otro significativo» que le ayude a transitar sobre lo que siente, hace y piensa. Cuando por desconocimiento o cualquier otra razón ese adulto oculta, niega o invalida el dolor emocional del niño, hay una gran probabilidad de que ese niño sea un adulto con incapacidad de gestionar su propio dolor y que no tenga herramientas adecuadas para hacerle frente a los momentos difíciles de su vida. Si no los acompañamos, no les explicamos y no los sostenemos emocionalmente primero no aprenderán a hacerlo con ellos mismos y con los otros después.

¿Cuáles son los mitos o creencias erróneas más comunes que existen sobre el duelo infantil?

Hay varios, uno de ellos es que son muy chiquitos y no se enteran. Y otro de los más extendidos es que si hablas con ellos sobre la muerte se pueden traumatizar.

Es importante tener en cuenta que un niño no se traumatiza porque llore, se frustre, o se sienta triste. Un niño podría llegar a traumatizarse porque llora, se frustra y vive su tristeza en soledad. Ante un evento de alto impacto emocional como lo es la muerte, no solo marca lo que pasó sino lo que faltó, lo que se silenció, lo que se ignoró.

 

¿Qué estrategias o consejos prácticos ofreces en la guía para ayudar a los niños en el proceso de duelo?

Hay varias dependiendo de la edad del niño. Mantener las rutinas establecidas, procurando que los horarios y las actividades del día a día estén presentes. Si uno de los cuidadores ha fallecido y era partícipe en la rutina diaria del niño, que otro adulto cercano asuma las acti- vidades que el cuidador llevaba a cabo en la rutina. Por ejemplo, bañarlo, leerle el cuento, acompañarlo mientras se duerme. Acompañarlo y responder pacientemente cada pregunta que le surja. Explicarle la causa de la muerte, lo que la provocó, y atender a todas sus dudas a través de una escucha empática le ayudará a lidiar con el dolor y la conmoción del momento. Incluirle en los rituales siempre preguntando si quiere participar (sobre todo cuando ya están en edad escolar). Es fundamental que siempre anticipemos y, antes de ir a cualquier lado, se le explique detalladamente al niño en qué consiste cada ritual, así como explicitarle que estará siempre acompañado y con la libertad de llorar y expresar su dolor. Asegurándonos de que tenga la certeza de que estamos allí para sostenerlo. Empatizar con su vivencia a partir de nuestra propia experiencia. Permanecer abiertos a escuchar más que a aconsejar o distraer las emociones que vive el niño es una tarea clave siempre, y sobre todo en el período entre los 10 y 12 años.

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María Dotor

Periodista especializada en educación y crianza

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