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No divorciarse por el bien de los hijos, ¿acierto o error?

Si estás atrapado en una relación de pareja porque tenéis hijos en común, te conviene leer esto
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¿Cuántas parejas conocéis que no son felices juntos y, aun así, no se separan porque tienen hijos en común? Mucha gente piensa que esto es cosa del pasado, cuando estaba mal visto (o incluso prohibido) divorciarse, o cuando las mujeres no tenían independencia económica para huir de relaciones insanas. Pero lo cierto es que, a pesar de los avances sociales, la correlación entre divorcio y fracaso sigue presente en el imaginario colectivo. Y especialmente cuando se tienen hijos.

Solemos creer que lo mejor para ellos es que sus dos progenitores estén juntos, a pesar de todo. Y, por esta razón, muchas parejas permanecen atrapadas en una relación que no les hace felices. Pero… ¿realmente es esto beneficioso para nuestros hijos?

Separarse o seguir juntos, ¿qué beneficia más a los hijos?

Silvia Congost, psicóloga experta en dependencia emocional, autoestima y relaciones de pareja, es tajante respecto a este asunto: “Si no somos felices o no estamos bien junto a la persona que tenemos al lado, deberíamos separarnos, justamente por nuestros hijos”.

No debemos olvidar que somos el ejemplo de nuestros hijos e hijas, también en las relaciones que forjamos. Por lo tanto, una separación o un divorcio también puede servir para enseñarles “que no pasa nada, que un divorcio no es el fin del mundo y que, por el contrario, es algo bueno porque nos permite seguir nuestra vida y apostar por la felicidad.  No olvidemos que cuando pensamos en el divorcio, es porque uno de los dos ya no quiere estar allí, ya no está bien allí y desea salir”, explica Silvia Congost.

La reproducción de modelos vistos en casa

Ya sabemos que el ejemplo que damos a niños y niñas es lo que más educa. De hecho, como señala Silvia Congost, “aquello que ven en nuestro modelo de relación (nuestra forma de hablarnos, de tratarnos, de cuidarnos, de pensar en el otro, etc.) es lo que ellos van a entender como “amor”. Para ellos, el amor, el día de mañana, será eso, y es muy probable que lo reproduzcan de forma automática con sus parejas, tanto si es un modelo positivo, funcional y adecuado, como si es completamente tóxico”.

Analizar nuestras creencias y conductas para dar ejemplo

Como ya hemos señalado, el ejemplo que demos en casa será fundamental para nuestros hijos e hijas. Por eso, es necesario que analicemos nuestras creencias, conductas y relaciones primero, para poder educar a nuestros hijos en una concepción sana del amor y ayudarles a construir una fuerte autoestima.

“Nos han enseñado que hay que aguantar, que el fin de una relación es un fracaso en nuestro historial amoroso y vital, y que sufrir en la relación de pareja es lo más normal del mundo”, señala la psicóloga. Y añade: “Todas estas ideas son totalmente ridículas y deberíamos empezar por cuestionarlas los propios padres”.

Solo así empezaremos a dar un ejemplo sano a nuestros hijos, “enseñándoles que no necesitan a una persona en concreto en su vida y que si las cosas cambian hay que abrazarlas, centrarnos en curar las heridas que esos cambios nos producen, y seguir adelante más fortalecidos con aquello que hemos aprendido”, concluye Silvia Congost.

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