Nuestros hijos tienen derecho a no obedecer. ¿Qué debemos hacer cuando esto ocurra?

Esperamos que nuestros hijos nos obedezcan siempre, pero ellos también tienen su punto de vista, sus ideas... Lo importante no es que ellos obedezcan siempre, es que sepamos qué vamos a hacer nosotros para lidiar con sus negativas

“Tengo la sensación de que con los niños y las niñas no tenemos integrado que son personas distintas a nosotros y que, por lo tanto, también tiene sus puntos de vista, sus opiniones, sus formas de ser, sus creencias e ideas. Por eso, cuando les mandamos obedecer, esperamos que lo hagan. Ni nos cuestionamos que puedan no hacerlo”. Con esta frase inicia la consultora de Crianza Miriam Tirado uno de los capítulos de su libro ‘Rabietas: consejos y herramientas para lidiar con ellas con conciencia, humor y amor’.

¿Por qué deberían obedecernos sin rechistar?

Esta reflexión nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión: ¿por qué deberían obedecernos? Está claro que nosotros somos los adultos, les pedimos que hagan las cosas de una determinada manera pensando en su bienestar, pero samos sensatos, a ellos esta razón les trae sin cuidado.

Tirado, en su libro nos propone, como punto de partida cuando nuestro hijo se niegue a obedecernos, entender que ante un: “recoge tus juguetes”, nuestros hijos tienen todo el derecho a decir: “no”.

“Esto no significa que nuestros hijos puedan hacer lo que les dé la gana, sino que nosotros debemos entender su postura. Ante un límite o una norma, su negativa no es ni una falta de respeto hacia nuestra autoridad o persona ni un problema, es simplemente que son personas y, como tales, tienen sus propias ideas, deseos y decisiones”.

También tenemos que aceptar que, de los 2 a los 6 años, nuestro hijos necesitarán experimentar la toma de decisiones, la confrontación y la desobediencia. “Lo más importante no es qué va a hacer él o ella, sino que harás tú para lidiar con sus negativas a los límites que hayas decidido que son inamovibles”, nos dice Tirado.

Motivos por los que nuestros hijos no cumplen algunos límites

Además de lo anteriormente descrito, Tirado recoge en su libro 6 motivos por los cuales nuestros hijos pueden revelarse contra nuestros límites. Los repasamos:

1.Ponemos muchos límites

¿Cuántas decisiones pueden tomar nuestros hijos al cabo del día? Prácticamente ninguna. Nosotros, los adultos, decidimos prácticamente todo por ellos: a qué hora se levantan, qué comen, la ropa que llevan, si vamos al parque o no después de clase, si les toca lavarse el pelo, a que hora se van a la cama, si vamos a ver a la abuela o a hacer la compra… Por no hablar de la cantidad de noes que damos a sus peticiones. Ante tantos límites, nuestros hijos se sienten desbordados.

2.El límite no es adecuado a su momento ni desarrollo

A veces, pedimos a nuestros hijos que hagan cosas que les resultan imposible hacer, como por ejemplo estar sentados quietos en un restaurante durante el tiempo que dura nuestra sobremesa interminable con amigos. A lo mejor tenemos que salir un rato con ellos a la calle a que corran.

3.Exceso de malestar

A veces, nuestros hijos no se sienten bien emocionalmente por cualquier motivo (tienen celos de su hermano, acaba de empezar el cole y está cansado…) y lo expresan en forma de rabieta o confrontación. “En realidad solo están buscando una excusa para poder explotar y sacar todo su malestar”, nos dice Tirado.

4.Ponemos el límite desde el lugar incorrecto

A veces, nuestro ego nos hace poner el límite desde la necesidad de imponer nuestra posición. No razonamos, simplemente queremos llevar razón, que se acate nuestra orden. Esto, los niños lo perciben.

5.Quieren llamar nuestra atención

A veces, sin querer, entramos en una dinámica que hace que nos sientan disponibles solo cuando no cumplen un límite. Ahí es cuando lo dejamos todo y acudimos a ellos. De esta forma, buscan el conflicto solamente para tener esa presencia plena.

6.Están cansados

Cuando nuestros hijos están muy cansados, solemos decir que “se han pasado de vueltas”. Y es así. Llevamos todo el día fuera y, cuando llegamos a casa y les pedimos que se laven los dientes, se niegan porque están realmente exhaustos. Por ese motivo, hay que intentar no llegar a esa situación. Si nuestro hijo está acostumbrado a dormir siesta, debemos respetar ese descanso.

¿Qué hago si no cumple un límite infranqueable?

Tirado, en su libro, nos pone un ejemplo de cómo actuar si nuestro hijo, por ejemplo, no quiere irse del parque y nosotros, en cambio, sabemos que tenemos que irnos.

1.Si hemos decidido que debemos irnos, lo haremos. Puede que nuestro hijo no quiera, entonces le cogeremos en brazos y nos iremos a casa.

2.No intentes dialogar con él en plena rabieta. No va a entrar en razón y solo estaremos posponiendo el “problema”.

3.No te preocupes si se pasa el trayecto pataleando y llorando. Es lógico, os estáis yendo del parque y él no quiere irse.

4.No olvides tu postura de adulto. Seguimos serenos, sin reaccionar a sus emociones. No nos enfadamos, ni nos indignamos por su actitud.

Y recuerda la pregunta que nos hacía el psicólogo Antonio Ortuño en una ponencia en uno de los eventos Educar es todo: ¿Qué quieres que sea tu hijo con 16 años: obediente o responsable? Responsable, ¿verdad? Entonces ¿porque nos empeñamos en educarles en la obediencia?

 

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María Dotor

Tener solo unas líneas para presentarse no es fácil. Espero hacerlo bien 😉 Soy periodista y amante de la educación. Una de mis frases favoritas es: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo” de Paulo Freire. Por eso creo que es tan importante tomárnoslo en serio. Por eso, y porque educar es el más apasionante e importante de los viajes. ¿No crees?

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