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Papá, mamá, si me sale mal, ¿qué pasa?

Ángeles Jové Pons pone en cuestión el dicho de que "las cosas se hacen bien o no se hacen" para invitarnos a desdramatizar el error, apostar por la excelencia y el disfrute del camino y subrayar a nuestros hijos que los queremos no por lo que hacen, sino por lo que son.
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Al ser más bien una niña introvertida, sensible y perfeccionista, la frase “¡Las cosas se hacen BIEN o NO se hacen!” caló profundamente en mí como una creencia limitante que cortó muchas veces mis alas. ¿Te pasó algo parecido?

Estaría bien que todos, en algún momento y de la forma que nos guíe nuestra intuición de padres, tuviéramos una conversación semejante con nuestros hijos. Es una manera de enviarles dos mensajes claros, transparentes y muy potentes. Primero, el error es imprescindible para el aprendizaje. Segundo, una cosa es lo que eres y otra distinta es lo que haces.

 

Es una manera eficaz de promover la autoestima y la resiliencia de tu hijo.

– Papá, si me sale mal ¿Qué pasa?

– No pasa nada. Equivocarse está bien.

– ¡¿Está bieenn?! – te dirá quizás con incredulidad e ingenuidad.

– Sí, Nacho, no solo está bien sino que es imprescindible.

– ¿Qué es “imprescindible”?

– Imprescindible quiere decir que es necesario para aprender. Las cosas no salen a la primera, salvo que tengas un golpe de suerte. Aprendemos probando, repitiendo con esfuerzo, ¿sabes? Y, para probar no hay que tener miedo a equivocarse.

– Cuando tengo miedo, me pongo nervioso y me sale peor.

– ¡Exacto! Y, a veces, hace que no te atrevas a hacerlas, ¿verdad?

– Es verdad, pero… ¡Yo quiero que me salgan bien! ¡Quiero hacerlo todo bien!

– Eso está muy bien. Querer hacerlo bien está bien. Por eso siempre que puedo indicarte o corregirte, lo hago. También quiero que aprendas a hacerlo bien.

– ¿Entonces?

– A veces, aun queriendo hacer las cosas bien puedes equivocarte y cometer errores, pero eso te permitirá hacerlas todavía mejor. Se trata de probar, una y otra vez, hasta que salgan bien. Si no salen bien a la primera ¡no pasa nada! Lo conseguirás más adelante. Todos nos equivocamos y cometemos errores. Los papás también. Cuando te equivocas, tienes que pensar ¿Qué ha pasado? ¿Qué he hecho o no hecho para no conseguir lo que quería? ¿Cómo podría hacerlo de otra forma? ¿Qué me ha funcionado? Cuando ves con tranquilidad lo que ha pasado sabrás qué hacer o no hacer la próxima vez. ¡Yo te acompañaré y te ayudaré siempre! Si te sale un poquito mejor la segunda vez, celébralo ¡Enhorabuena! Significa que vas por el buen camino. ¡El camino de la excelencia!

– ¿Excelencia?

– Sí, cuando ponemos ilusión y pasión al hacer las cosas, celebramos los pasos que vamos haciendo para alcanzarlas, disfrutando así de lo que hacemos sin pensar solo y exclusivamente en los resultados. ¡Disfrutando del camino! De la misma forma que disfrutamos paseando cuando vamos a casa de los abuelos. Lo hacemos porque queremos ir a visitarlos pero te encanta entretenerte con los escaparates de tu tienda preferida y, cuando pasamos por el parque tu hermana disfruta cogiendo piedrecitas. ¿Verdad que también es importante el rato que pasamos juntos hablando de nuestras cosas hasta que llegamos a casa de la abuela? Lo natural es que haciéndolo así logremos lo que nos proponemos pero si no obtenemos lo que buscábamos nos sobreponemos, es decir, nos levantamos como cuando nos caemos al suelo y seguimos adelante poniendo lo mejor de nosotros mismos.

– ¿Es lo mismo que exigirnos?

– No, hijo, es lo opuesto. La exigencia es vivir obsesionados con el resultado final. Si te sale mal sufres, si te sale bien también pues no es perfecto, nunca lo es porque es imposible que lo sea, nadie ni nada es perfecto. Te sientes mal, pequeño, como si fueras menos por no haberlo hecho como esperabas o esperaban de ti. Cariño ¡haces muchas cosas preciosas! algunas las haces súper bien y yo me alegro mucho por ello, otras con el tiempo las harás mejor que como las haces ahora y me siento orgulloso de tu esfuerzo. Me hace feliz ver tu carita de alegría cuando consigues hacer la torre más alta con los legos, sacas un 10 en el dictado de clase…. aunque yo te quiero por ser quien eres. ¡Todos somos valiosos! ¿Sabes? Eres mi hijo y te quiero con toda mi alma. ERES suficiente y además quiero que te sientas orgulloso de lo que HACES. Es fantástico cuando lo consigues, ¿verdad

– ¡¡Síiii!!

– Aunque recuerda que tú eres mucho más de lo que haces… Entonces… Si no te sale algo bien solo significa ¡solo significa, no lo olvides! que con esfuerzo y dedicación siempre podrás hacerlo mejor de cómo lo hacías.¡Dame un beso!

Es imposible aprender sin comprender que la equivocación es una oportunidad. Forma parte del proceso de aprendizaje. Para aprender a hacer algo se ha de perder el miedo al error ya que es imprescindible probar, repetir, experimentar, crear, inventar, cambiar, intentar, atreverte… Reconozcamos el esfuerzo de nuestros hijos más que el resultado final. ¡DESDRAMATICEMOS EL ERROR! Cambiemos el foco de atención. Así fomentamos su autoestima y su resiliencia. Nuestros hijos no son lo que hacen ni lo que tienen. Si les enviamos el mensaje de que son lo que hacen y solo atendemos a los resultados, buscarán siempre la aprobación de los demás (en este caso la de sus padres) para sentir que SON.


Imagen de portada: Danielle MacIness. Fuente: Unsplash.

 

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