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Con la colaboración de la psicóloga

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Descubre: Cuáles son los síntomas del estrés infantil y cómo puedes ayudar a tus hijos e hijas a gestionarlo.

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Qué es el adultocentrismo y cómo podemos evitar aplicarlo a nuestros hijos

El adultocentrismo alude a la relación asimétrica entre los adultos y las generaciones más jóvenes.
adultocentrismo
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7 herencias que puedes dejar a tus hijos

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Dos personas adultas charlan tranquilamente. Un niño pequeño está muy interesado en la conversación, quiere saber de qué hablan y les pregunta: ¿qué es eso? ¿qué significa? ¿por qué pasa eso?

La reacción de los adultos es u obviar que el niño está interesado en la conversación o contestarle con cierta superioridad, negando su curiosidad y su conocimiento:

“Eres demasiado pequeño para entenderlo”

“Nada, son cosas de adultos, sigue a lo tuyo”

Los adultos están tratando al niño de una manera adultocéntrica: con superioridad, como si fuera una persona que no comprende nada, reprimiendo sus ganas de conocer, imponiendo su opinión sin ningún tipo de razón y perpetuando una sociedad en donde solo las opiniones son válidas si provienen de un adulto.

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Relaciones de poder asimétricas entre adultos y niños y jóvenes

El adultocentrismo alude a la relación asimétrica entre los adultos y las generaciones más jóvenes. Esto implica que las opiniones y actitudes de los adultos son consideradas en nuestra sociedad superiores a las del resto de generaciones más pequeñas por el simple hecho de ser adultos. Así, las opiniones y los actos de niños, adolescentes y jóvenes se consideran no válidas por el motivo de que no han llegado a la etapa de la adultez.

Unicef en este informe señala que el adultocentrismo se basa en “ciertos privilegios por el hecho de ser adulto” porque “la sociedad y su cultura así lo han definido”. La cultura ha ido amoldando el modelo de ser adulto, la figura que ordena y manda a las generaciones más pequeñas (aunque no tenga razón) y ha ido moldeando la figura de niños y adolescentes como aquellos cuyas opiniones no son tan válidas como la de los adultos. Desde pequeños vamos aprendiendo que la validez de pensamientos y de conocimientos solo se da cuando eres adulto, y que las opiniones de niños y adolescentes no cuentan tanto como la de los adultos. 

Situaciones en las que aplicamos el adultocentrismo

Usamos actitudes adultocéntricas en nuestros momentos más cotidianos. Cuando nos comunicamos con nuestros hijos, cuando les obligamos a hacer algo que nosotros como adultos no haríamos, cuando les negamos el conocimiento o les prohibimos descubrir algo.

“No sabe de nada”, “si es un niño, no se entera de nada” son frases en las que se muestra esta visión del adultocentrismo, que delatan la poca importancia y el poco valor que damos a las opiniones de los niños. “Se hace así porque aquí el adulto soy yo”, “no se hable más” son otras frases que denotan cómo imponemos nuestra superioridad como adultos y que, además, pueden minar su autoestima y reprimir su curiosidad.

Castigado en tu habitación hasta que apruebes el examen

Rafa Guerrero nos contaba en esta estupenda ponencia un ejemplo claro de cómo a veces aplicamos castigos y consecuencias a niños que nunca haríamos a un adulto, y esto también es una actitud adultocéntrica. Al igual que si nuestra pareja pierde el trabajo no le vamos a decir que se queda castigada en su habitación hasta que no encuentre otro trabajo, con los niños no debemos encerrarles en su habitación hasta que se sepan toda la lección porque no hayan aprobado un examen. Y es que a los niños se les aplican castigos que no tienen ningún sentido guiándonos por nuestra visión adultocéntrica.

Ponte el abrigo que nos vamos ya de la fiesta de cumpleaños

Nuestro hijo está en una fiesta de cumpleaños con el resto de sus amigos. Se lo está pasando bien, no está cansado, ni quiere marcharse. Sin embargo, sin previo aviso, le decimos “ponte el abrigo que nos vamos”. Nuestro hijo se queda triste, se pregunta por qué se tiene que marchar. Y se le responde “porque lo digo yo, vámonos”. Hemos tomado una decisión que afecta directamente a él sin contar con su opinión, sin preguntarle y sin tener en cuenta cómo le puede afectar. Está claro que los adultos tenemos diferentes obligaciones a las que nuestros hijos se deben adaptar, pero siempre podemos compartir con ellos esta información y pedir su opinión para poder llegar a un acuerdo.

Cómete todo lo que está en el plato

Como nos decía Juan Llorca, debemos respetar el apetito de los niños y niñas, y no se les puede obligar a terminar un plato cuando ya no pueden más. Si nuestro hijo dice “no tengo hambre” no se le debe obligar a comer toda la comida al igual que a un adulto no se le obligaría a terminársela.

Situaciones con adolescentes

Las actitudes adultocéntricas también se dan con adolescentes y jóvenes. Las nuevas generaciones tienen una mayor conciencia social en temas de cambio climático, feminismo y discriminación. Sin embargo, los adultos han cuestionado muchas veces este activismo y hablan sobre ellos con condescendencia. Un ejemplo claro lo vimos con la activista Greta Thunberg, ya que muchos dirigentes políticos y muchos adultos hablaban de ella y de sus discursos con paternalismo, desprecio y superioridad.

Las ciudades también son adultocéntricas

La vida está hecha para los adultos: para la productividad, para el trabajo, para el ocio del adulto, pero no para el del niño. Durante la pandemia se vio claramente, pues los parques de juegos se cerraron y sin embargo, se ampliaron las terrazas para que el ocio de los adultos estuviese asegurado. Estamos en una sociedad adultocéntrica que también hace daño a los propios adultos: las calles están hechas solo para caminar de un lado a otro, no para permanecer en ellas; las plazas no tienen bancos en los que sentarse ni sombras en las que resguardarse del sol; hay muy pocas zonas de juego donde pueden estar seguros los niños… La ciudad está hecha para la vida productiva del adulto, no está pensada para llevar una vida que se aleja de este modelo adultocéntrico. 

Qué podemos hacer para huir de actitudes adultocéntricas

  • Hacer escucha activa: Escuchar a los niños sin juzgar, atendiendo a sus peticiones y necesidades, y actuando para favorecer su curiosidad. Para poder erradicar nuestras actitudes adultrocéntricas, Educo puso en marcha una campaña muy interesante bajo el nombre “Activa la escucha”.
  • Recordar que los niños que tienen voz y voto y no son personas apartadas de la sociedad sin derechos.
  • Respeto mutuo: Los niños son nuestros iguales. Debemos comunicarnos con ellos sin infravalorarles y sin superioridad. Nuestros hijos, al ver que nos comunicamos con ellos con respeto, ellos nos imitarán y el respeto será mutuo.
  • No ridiculizarles ni usar frases que puedan minar su moral.
  • Hacerles partícipes de la toma de decisiones: No hay mejor ocasión para fomentar la autonomía que hacerles partícipe de las decisiones que tomamos como familia. La autoestima se reforzará y les ayudará a ir tomando sus propias decisiones y realizando actos por sí mismos.

 

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