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¿Qué piden los profes a los padres de sus alumnos? Contesta Isabel

Hace unas semanas, preguntamos a los profes qué pedirían a los padres. Isabel pide respeto (que no desacreditemos a los profesores) y colaboración para educar a mejores personas.
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Hace un par de semanas, pedimos a los profesores que nos contaran qué pedirían a los padres de sus alumnos y alumnas. Y nos contestó Mª Isabel Giménez Millor, profesora de un colegio público de Valencia. Compartimos su respuesta para invitar a la reflexión y la colaboración de un binomio imprescindible para conseguir un objetivo común: educar bien para que nuestros hijos y alumnos sean buenas personas. Si eres profesor o profesora y nos quieres dar tu opinión, escribe a autores@gestionandohijos.com

Les pediría respeto. Respeto y colaboración. Respeto, porque los maestros somos los profesionales, sí, profesionales, como la médico o el panadero, que, durante unos 185 días de clase cada curso (nada más, o nada menos), escuchamos, atendemos, instruimos,ilusionamos, educamos, consolamos, levantamos, curamos, protegemos, valoramos, conducimos, reconducimos… a sus hijos.

Y colaboración conmigo, que soy la tutora de la clase de sus hijos y la que pasa tantas, o incluso más horas al día que ellos, con sus niños (en este caso, de 3º de Primaria, 29 niños de 8 años). Porque sin colaboración, los críos oyen hablar en demasiadas ocasiones de lo exigente, estricta, exagerada, fastidiosa, o blanda, poco exigente/benévola, aburrida, corriente, sosa,…, que es su “señorita Isabel”.

Colaboración en lo académico, en las pautas de trabajo a seguir en clase y, si hace falta, en casa, en el refuerzo de las técnicas de estudio iniciadas pero aún no conseguidas (en mi caso, en mi grupo, la mayoría de los padres pueden y saben hacer eso, y más);… En cuanto a actitudes, colaboración para que los valores como el respeto, la responsabilidad, el interés o la empatía,entre otros, tan trabajados y tan “enaltecidos” en clase, no sean esas palabras que tanto nos repite la “seño” en clase y de las que tanto hablamos y las que intentamos, ilusionados, poner en práctica, y que sean también puestos en práctica y “valorados”, nunca mejor dicho, en casa. Y en lo conductual, colaboración con las normas básicas de convivencia que un niño de esta edad puede interiorizar y poner en práctica, siempre, en clase, en el colegio, en casa, en el parque, o en el supermercado.

Colaboración para que no nos desacrediten más delante de sus hijos, porque somos sus “maestros”; para que acudan, receptivos y no inflexibles y creyendo estar en posesión de la verdad absoluta e infravalorando el trabajo que realizamos (por y para sus hijos), a las reuniones de tutoría cuando se les cita para hablar de lo que consideramos normal y de lo que es preocupante; colaboración para seguir las pautas de modificación de conducta que en ocasiones se les sugieren por el bien de sus hijos y del resto del grupo, colaboración para seguir desarrollando en casa, cada día, pese al cansancio con que los adultos llegamos por la tarde/noche a casa, la cultura del esfuerzo. Colaboración para que les sigan inculcando la importancia del esfuerzo en la sociedad actual, para aprender, como alumnos y como personas, para no crear seres “dependientes” de los cientos de tipos de maquinitas electrónicas que hoy tienen tan fácilmente a su disposición ( “¿divisiones?…. ¡bah!, las haré con la calculadora del móvil de mi padre”; “¿mural informativo?… ¡vale!, me lo hacen mi madre y mi abuela mientras  yo pasaré de nivel en el juego X de la tablet”).

Colaboración, en definitiva, para ayudar a crecer a niños, para ayudarles a que se conviertan en  personas reflexivas, personas pensantes, personas lectoras, personas autónomas, personas solidarias, personas esforzadas, buenas personas. 

Y que les quieran, que les quieran siempre, pero con un amor bien entendido, un amor en el que no se vale todo, un amor que protege y ayuda a crecer.

Eso es lo que yo pido a los padres y madres de mis alumnos, lo que siempre les he pedido y lo que seguiré pidiendo.


Imagen de portada: Frente a la pizarra. Fuente: Juan Carlos Mejía /Flickr

 

 

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