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Rabietas: ¿cuándo dejan de ser normales y se convierten en un problema?

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Las rabietas, las pataletas, los empujones acompañados de gritos… Todos los padres y madres hemos pasado por estas situaciones con nuestros hijos e hijas pequeños. Las rabietas son una etapa natural que se da en los niños entre los dos y los cuatro años. Los niños en estas edades expresan sus emociones mediante estas rabietas, ya que no tienen todavía la capacidad de controlar sus impulsos y tampoco tienen la capacidad de expresar sus emociones de otra forma.

“La mente emocional la tiene perfectamente desarrollada desde que nace, pero la parte racional, la parte encargada de controlar esos impulsos todavía no le acaba de funcionar del todo bien. Por eso se producen las rabietas”, cuenta el psicólogo Alberto Soler. Pero ¿hasta cuando son estas rabietas normales? ¿Cuándo pasan la edad de los cuatro años deberían desaparecer?

La edad a la que descienden las rabietas

“A partir de los cuatro años, las rabietas tienen que ser menos frecuentes y menos intensas”, afirma Soler. A partir de esa edad, el número de rabietas que tienen los niños y la intensidad de ellas debería bajar. Sin embargo, cada niño es diferente y su desarrollo también. El descenso del número de rabietas es un proceso natural que irá tomando el niño ya que su cerebro va adquiriendo mayor capacidad para gestionar la impulsividad. No va a suceder de la noche a la mañana, sino que poco a poco sus impulsos irán rebajándose.

Para ello, nosotros como padres y madres podemos ayudarles a autorregularse. A la edad de cuatro años, todavía nuestros hijos no entenderán cómo pueden comprender sus emociones. Pero como padres podemos ayudarles a vivir todos sus estados emocionales, enseñarles a nombrar la emoción, a identificarla y poco a poco a buscar la causa que ha generado esa emoción y reconducir las conductas que expresamos al sentir esas emociones.

Cuando las rabietas se convierten en un problema

Soler advierte que, aunque las rabietas son naturales, hay que fijarse bien en varios factores que nos pueden indicar que son un problema.

  • Si la frecuencia y la intensidad son mayores que lo habitual: En este caso, deberíamos pedir ayuda a un psicólogo especialista. “Son rabietas con una frecuencia e intensidad muy elevadas, mucho más de lo que podéis ver a vuestro alrededor o mucho más de lo que familiarmente sois capaces de gestionar”, cuenta.
  • Si van acompañadas de un pobre desarrollo verbal, socialización, poco contacto visual. Cuando hay poco contacto ocular o cuando no tienen interés en socializar con otros niños y se acompaña esta etapa de rabietas, es preferible acudir a un pediatra para consultarlo.
  • Si la escuela alerta algo raro
  • Si afectan mucho al clima familiar

Cómo actuar durante una rabieta

Alberto Soler nos recomienda que cuando nuestro hijo o hija se encuentre inmerso en una pataleta, “conectemos y redirijamos”. ¿Pero cómo se hace esto? El psicólogo nos explica: “Cuando un niño o cuando una persona está alterada, no atiende a razones. Empezar a darle la chapa, a darle largas explicaciones de por qué no se puede, no surten ningún efecto. Tenemos que controlar mucho más el cómo lo decimos, el tono, que el contenido del mensaje“, añade.

Además, “tampoco tiene sentido echarle leña al fuego y empezar a gritarle siempre estás igual, siempre me la estás liando”. Con esto solo conseguiremos que la rabieta se mantenga en el punto álgido durante más tiempo. Podemos seguir estos consejos que nos da Soler.

  1. “Cuando estamos con el niño tirado en el suelo, con la cara roja, encendido, tenemos que bajarnos a su nivel, hablarle con calma y mirarle a los ojos“.
  2. “Transmitir afecto y contención emocional. Los niños son muy sentidos y se dan cuenta de cuándo estamos enfadados, y pueden dudar de que les sigamos queriendo. No está de más que de manera explícita les digamos cuánto les queremos. Mira, cariño, te quiero mucho, pero esto no es posible. Agachados, mirándole a los ojos, en un tono bajito”.
  3.  “Evitar las grandes explicaciones. Repetir el mensaje tranquilamente, acompañándoles”.
  4. “Redirigir, apelar a su mente racional, pero no cuando esté tirado en el suelo del supermercado gritando”.
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Con la colaboración de la periodista

Ana López

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