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“La salud mental y emocional de los padres es condición indispensables para un buen desarrollo de los hijos”

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¿Somos realmente conscientes del papel que tenemos en los primeros años de vida de nuestros hijos e hijas? La infancia se ha considerado una etapa infravalorada por aquellos que no conocen el alcance de su importancia. De los primeros años, las experiencias, los traumas, las sensaciones o el movimiento que provoquemos en los más pequeños, dependerá todo lo que serán en el futuro.

El libro de Iñaki Pastor, Lucia To y Gloria González, “El desafío de crecer”, comienza con un experimento llevado a cabo en 1972 en la ciudad de Dunedin (Nueva Zelanda) donde estudiaron a un grupo de 1.037 niñas y niños. Fue un estudio longitudinal que abarcaba los hábitos, comportamientos, entorno y características familiares. Tuvieron en cuenta aspectos psicológicos, físicos y de salud, además de aspectos ligados a futuras drogodependencias.

Tras un seguimiento durante 40 años, llegaron a la conclusión de que todos aquellos niños y niñas que mostraban una personalidad segura de sí misma, reservada, pero no insegura, o bien adaptada, se convierten en adultos más exitosos, con mejor salud y mejores trabajos. Mientras que los niños y niñas que se mostraron ansiosos y con problemas de adaptación fueron más propensos a problemas en sus relaciones o problemas con el tabaco, alcohol o drogas.

Este estudio nos hace ver que todas las experiencias que vivimos en la infancia influyen en lo que seremos en el futuro.

Hemos hablado con los autores del libro para que nos cuenten más sobre estos temas tan interesantes:

  1. ¿Creéis que deberíamos eliminar de nuestro vocabulario la frase: ten cuidado, puedes caerte”?

Esta frase puede ser necesaria en algunos momentos, pero no puede ser la constante de nuestra comunicación hacia un niño o niña en desarrollo. Una alternativa es estar juntos en esa exploración del mundo, pero no desde el miedo sino desde el acompañar, el descubrir y el experienciar un mundo apasionante.

  1. ¿Hasta qué punto las experiencias que vivimos en la infancia condicionan nuestro desarrollo como adultos?

Las primeras experiencias como niños, ya desde antes de nacer, tienen un fuerte efecto en quienes somos y cómo funcionamos. Desde la visión psicológica no hay la menor duda, pero desde la parte neurológica nos ha costado reconocer que es así. Si los bebés han sido movidos y tocados o cuanto más tiempo hayan estado boca abajo, mejor será su desarrollo. Esto significa mejores condiciones para afrontar los desafíos de la vida. Lo interesante es que ciertos aspectos físicos y psicológicos se construyen a partir de experiencias comunes en la primera infancia. También hay que decir que la vida siempre nos permite mejorar y aprender, y el cerebro tiene una plasticidad y unos recursos inimaginables. Como dijo Frederick Douglas en el siglo XIX, “Es más fácil criar a niños fuertes que reparar a hombres rotos”.

  1. En el libro habláis del movimiento, de la importancia que tiene en los primeros años. La educación actual, sobre todo en la etapa de 3 a 6 años, está organizada de tal forma que pasan gran cantidad de tiempo sentados y comportándose como “futuros adultos”. ¿Cómo condiciona este aspecto a nuestro desarrollo motor, cognitivo y emocional?

Creo que cada vez más, los educadores son conscientes de las necesidades de experiencia corporal de los niños. Se van abriendo proyectos educativos diferentes que sacan a los niños pequeños de la mesa y los llevan a un lugar más abierto y con más posibilidades de movimiento. Espacios de vivir, de compartir y colaborar con otros.

El 70% de la información que entra en nuestro cerebro es visual, pero el sistema visual en esas primeras etapas de escolarización aún está inmaduro. Requiere de experiencias, al igual que el cuerpo, de movimiento. El desarrollo visual está en construcción hasta los 6-7 años. El sistema visual necesita de cambios constantes de la mirada, necesita jugar con el cálculo de distancias y los objetos en movimiento. Un exceso de tiempos sentados y de trabajo en visión próxima en un sistema inmaduro puede traer consecuencias para el óptimo desarrollo del sistema visual.

Por otro lado, el comienzo de la lectoescritura supone un desafío neurológico sin precedentes para un niño. Es un tema controvertido, pero parece que el hecho de retrasar ese momento hasta los 6 o 7 años trae muchos beneficios en cuanto al rendimiento escolar y la capacidad de asumir con sensación de autoeficacia esas tareas. Los países con sistemas educativos que posponen la entrada de la lectoescritura no tienen peores resultados, más bien al contrario.

  1. Si tuvierais que destacar algunas condiciones básicas para el desarrollo óptimo de los más pequeños, ¿cuáles serían?

Condiciones básicas serían un buen embarazo con una nutrición adecuada, un estado emocional sereno y con movimiento suficiente. Condiciones básicas a nivel postnatal serían el movimiento (juego, balanceo, porteo, etc.), el contacto piel con piel (estar juntos, masajes, abrazos, etc.), el estar mucho boca abajo (siempre despierto y vigilado), la disponibilidad total (interior y exterior) de la madre en los primeros meses de la vida y la expresividad y comunicación de los progenitores con el bebé. Experiencias ricas de juego y exploración usando canales multisensoriales y en presencia del adulto de referencia, que es con quien el niño quiere explorar y descubrir su entorno.

Además, durante toda la crianza, y sobre todo durante los primeros años de vida, la salud mental y emocional de los padres, un entorno seguro y tranquilo son condiciones básicas e indispensables para un buen desarrollo de los hijos.

  1. El tacto es el medio por el cual desarrollamos un apego y afectividad con nuestros progenitores, pero cuando se trata de otras personas ¿cómo debemos comportarnos cuando no quieren dar un beso o abrazar? Y por el lado contrario, ¿cómo enseñarle la línea de la seguridad personal y los límites hacia el propio cuerpo para que nadie lo sobrepase?

Antes de nada, los padres deberían cuestionarse por qué les incomoda que su hijo no quiera dar un beso o un abrazo a otras personas, cuáles son las creencias que subyacen a que su hijo no lo haga.

Nunca debe obligarse a un niño, o a una persona de cualquier edad, a dar un beso o un abrazo, pues no hay ninguna buena razón que lo justifique. Si por ejemplo lo que queremos con esa acción es que la abuela se sienta bien, estaremos enseñándole al niño que los estados emocionales de los demás pueden depender de lo que él haga y que es malo si no hace lo que el otro le pide. Como puede entenderse es un aprendizaje que en un futuro puede ocasionarle muchas dificultades para respetar algo tan importante como es su cuerpo y el cuerpo de los demás.

Por aclarar algo que he visto que los padres a veces no tienen muy claro: un beso y un abrazo nunca es una expresión de buena educación, decir hola o adiós, sí lo es.

Con respecto a la segunda pregunta, esto se consigue cuando los padres son respetuosos con el cuerpo de sus hijos, tanto en lo que se he comentado a cerca de los besos y abrazos como en la manera de tocar, acariciar, cómo se le habla de su cuerpo, etc. Por ejemplo, con el simple juego de las cosquillas, nunca deben ser de una intensidad tal que el niño no tenga el control del juego y siempre parar cuando el niño lo indique. Y algo muy importante, es que siempre, desde bien pequeños, enseñarles que su cuerpo es un regalo maravilloso que hay que cuidar y tratar con mucho amor.

  1. Los padres perfectos no existen, lo mencionas en el libro: los padres perfectos no existen, solo los padres suficientemente buenos aciertan a atender bien una necesidad de cada tres, lo que sería suficiente para generar un buen vínculo”. ¿Para ti que es un padre o una madre suficientemente bueno/a”?

Un padre o madre suficientemente bueno/a primero es un padre o madre que se preocupa en hacer las cosas lo mejor posible. En segundo lugar, es un padre o madre que es capaz de mentalizar a su hijo, es decir, que entiende los sentimientos e intenciones que subyacen al comportamiento de su hijo y, por tanto, es capaz de responder a este de forma sensible y adecuada.

Tercero, es consciente de cómo sus propias experiencias como hijo y otras experiencias de la vida pueden influir en la crianza y por tanto, trata de poner las medidas para que sus dificultades interfieran lo menos posible en la educación de su hijo. Y, en último lugar, es un padre o madre que busca profesionales para que le ayuden y orienten en su construcción como padre o madre suficientemente bueno.

  1. El libro está organizado de tal forma que en cada capítulo hay una serie de recomendaciones de actividades para realizar con los más pequeños. ¿Consideráis que las madres y padres necesitaban de un manual así?

Creo que las familias necesitan información de calidad. Quieren ofrecer lo mejor a sus hijos e hijas, pero no siempre saben cómo hacerlo. Tampoco son siempre conscientes del valor de las pequeñas cosas en la crianza, pequeñas cosas que marcan la diferencia en el desarrollo de los más pequeños. Tantos progenitores nos dicen, este es el libro que me hubiera gustado tener cuando llegó primer hijo. Solo puedo decir, que a mí también.

“El desafío de crecer” es ese manual que te gustaría haber conseguido cuando te iniciabas en la maternidad o paternidad. Un libro que te invita a ver la infancia con otros ojos, con la mirada puesta en la vivencia del niño y no en el adulto.

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Silvia Sánchez Ovejero

Silvia Sánchez Ovejero

Educadora y pedagoga
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