Se me ha ido de las manos, ¿ahora qué hago?

Uno de los momentos que más culpa nos carga en la mochila a los padres es cuando la situación se ha ido de madre y terminamos gritando, pero ten en cuenta que todo tiene solución. Lo importante es qué hagas después y cómo consigas recuperar la conexión.

Que levante la mano quien nunca se haya desbordado. Puedo predecir que nadie lo hará, porque es imposible vivir sin perder los nervios.

Es importante trabajar el autocontrol y en qué hacemos cuando nos descontrolamos, pero en este artículo vamos a centrarnos en qué podemos hacer una vez que ya ha ocurrido.

 

Cuando la paciencia no es suficiente

Una situación te supera, tu cabeza comienza a ir a mil revoluciones y terminas pegando un grito. Casi nada más terminar de gritar comienza a invadirte la culpa por no haber sido capaz de gestionarlo mejor… ¿te suena?

Normalmente esta situación suele darse porque se ha terminado tu paciencia. Solemos tener grandes expectativas sobre lo que puede conseguir la paciencia, pero la realidad es que nunca es suficiente.

Ahora bien, tampoco vas a solucionar nada cargando con kilos de culpa. No olvides que una situación no define toda tu crianza y que, además, todos nos equivocamos.

Una situación no define toda tu crianza y que, además, todos nos equivocamos.

En este momento es fundamental que no pierdas de vista la importancia que tiene la conexión, tanto contigo mismo como con tus hijos. Una de las principales causas por las que pierdes los nervios ante determinadas situaciones es porque te desconectas y te dejas llevar por la intensidad de las emociones.

 

La reparación como herramienta de conexión

No perder la conexión es clave para resolver los conflictos, pero si la situación ya se te ha ido de las manos, no queda otra que centrarnos en la reparación.

No te quedes anclado en el grito que has dado, ya no puedes hacer nada... Lo que sí puedes es centrarte en recuperar la conexión contigo mismo, para posteriormente reparar la situación que no has gestionado bien.

Algunas claves para reparar esa situación son:

  • Pedir disculpas: No tienes ningún derecho a tratar mal a los demás por no poder controlar tus emociones, por eso el primer paso es pedir perdón por la forma en la que has actuado.
  • Asumir la equivocación: Eres tu quien te has desbordado y la otra persona no tiene ninguna responsabilidad, para poder reparar la situación es necesario que tus hijos lo sepan.
  • No culpabilizar a los demás: Nadie tiene la culpa de las emociones que tu sientes. Las emociones son tuyas y se despiertan en ti, no caigas en el típico “me has… (ponle la emoción que hayas sentido)”
  • Escucha a tu hijo: Pregúntale cómo se ha sentido. Aprovecha para hablar sobre el daño que pueden hacer las palabras y que los gritos no aportan nada positivo ni solucionan los conflictos.
  • Reflexionar sobre qué ha pasado y cómo te has sentido: Para poder sacar un aprendizaje de esta situación necesitas pensar sobre lo que ha pasado y sobre el porque no has podido gestionar la situación de otro modo.

Las primeras veces, seguramente, te saldrá forzado, porque no estás acostumbrado a resolver esos momentos desde esa perspectiva. Los cambios se dan paso a paso, así que calma: Interioriza los pasos uno a uno, intenta trabajar en liberarte de la culpa cuando te equivocas y busca cómo puedes convertirla en responsabilidad.

 

Los errores como vehículos de aprendizaje

Este tipo de situaciones, que tanto nos atormentan a los padres, son grandes momentos para aprender sobre gestión emocional. Aprovecha para hablar con tu hijo sobre cómo os habéis sentido y sobre de qué otra forma podrías haber actuado.

Además nuestros hijos ven que no somos perfectos, que los fallos forman parte de la vida y que suponen grandes momentos de aprendizaje sobre uno mismo. Aunque no lo creas, ver ese ejemplo influirá en la confianza que tiene en él mismo.

La búsqueda de la perfección afecta negativamente en la autoestima. Los niños que no ven equivocarse a sus padres, pueden desarrollar la necesidad de ser perfectos para no defraudar a los demás:Si papá o mamá nunca se equivocan yo tengo que hacer lo mismo“, recordemos que somos sus referentes.

Los niños que no ven equivocarse a sus padres, pueden desarrollar la necesidad de ser perfectos para no defraudar a los demás:

En esa búsqueda de la perfección la frustración y el pensamiento de “no soy suficiente” son los grandes protagonistas. Sentir que no vale y que nunca podrá ser tan bueno como los demás, hace mella en el autoconcepto que están desarrollando.

Todos nos equivocamos y nos desbordamos alguna vez, el aprendizaje depende de cómo afrontamos la situación… Podemos tratar de taparlo con excusas, que normalmente suelen centrarse en buscar culpables externos o podemos responsabilizarnos de la situación y tratar de aprender de ella.

Te aseguro que tanto para nosotros como para el desarrollo de los niños es mucho más efectiva la segunda opción.

 

Rosa Rasche Santaolalla, asesora de familias. Formada en psicología infantil y adolescente, gestión emocional, Encouragement Consultant y Disciplina Positiva. Creadora de Embarazo y Crianza (www.embarazoycrianza.com) desde donde ayudo a las familias a encontrar su camino y a vivir una crianza alejada de la culpa y la ansiedad

 

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Rosa Rasche Santaolalla

Rosa Rasche Santaolalla, asesora de familias. Formada en psicología infantil y adolescente, gestión emocional, Encouragement Consultant y Disciplina Positiva. Creadora de Embarazo y Crianza (www.embarazoycrianza.com) desde donde ayudo a las familias a encontrar su camino y a vivir una crianza alejada de la culpa y la ansiedad

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