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Rabietas y límites desde el respeto

Por Amaya de Miguel

Una escucha activa desde pequeños será el cimiento para una buena comunicación en la adolescencia

Escucharles desde pequeños fomenta el apego seguro y la autoestima de los niños

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Todos sabemos que es importante escuchar a las personas, desde niños, jóvenes, adultos a ancianos. Pero ¿sabemos cómo hacerlo? ¿Realmente estamos haciendo una escucha activa?

Nuestros hijos e hijas necesitan sentirse escuchados, si no lo perciben les va a afectar a su desarrollo, a su autoestima y al concepto que tienen de sí mismos. Si nuestros hijos e hijas no se sienten escuchados de pequeños, puede repercutir en sus relaciones con los demás, les pueden generar inseguridades y la comunicación que tenga con nosotros cuando llegue a la adolescencia se va a ver afectada.

Sentirse escuchado desde pequeños les hace sentirse queridos, les hace ver que son personas por las que la gente se preocupa y les hace tener una buena relación con sus adultos de referencia. Sin embargo, es a los niños a los que menos escuchamos. Al tener la idea de que son pequeños, que no tienen una opinión válida sobre la vida, y que no se enteran de la mitad de cosas que decimos, pasamos por alto sus comentarios, e incluso a veces llegamos a minusvalorar lo que dicen y no prestarles atención.

Escuchar a los niños ayuda a potenciar la conexión emocional

En los primeros años de vida de nuestros hijos no tienen desarrollado la habilidad para comunicarse a través del lenguaje. Por eso, nos observan, nos miran y toman como referencia los gestos que hacemos. Aún no pudiendo comunicarse mediante el habla, nos hablan de otras formas, en la mayoría de ocasiones con la mirada o con el lloro. Al igual que llora un niño y no le dejamos que llore solo, lo mismo deberíamos hacer cuando nos hablan y no les hacemos caso. Si atendemos estas necesidades que tiene nuestro hijo o hija como bebé, ya estaremos sembrando la semilla de la escucha para cuando se pueda comunicar.

Una vez ya más mayores, una vez que ya se pueden comunicar con nosotros, la escucha activa es vital para potenciar el apego y el vínculo emocional con nuestro hijo. “Los estudios demuestran que la forma en la que los padres respondemos a sus necesidades, a sus miedos o al escucharlos cuando nos hablan tiene una importante influencia sobre el desarrollo del tipo de apego”, señala el psicólogo Rafa Guerrero en su libro ‘Educar en el vínculo’.

Sin embargo, a veces no es posible prestar la atención que queremos por falta de conciliación: “Las familias viven sin tiempo, corriendo, y al finalizar la jornada están muy estresadas y cansadas como para poder escuchar, jugar y tener tiempo para la afectividad y la conexión emocional con sus hijos, que es lo que da calidad al vínculo de apego”, indica Guerrero. Es importante hacer el esfuerzo de pasar tiempo con nuestros hijos e hijas, pues no solo será un tiempo valioso para nosotros, sino que para ellos será muy beneficioso para su desarrollo y su apego.

Escucharles cuando tienen emociones desagradables

A veces, cuando pedimos algo a nuestro hijo o hija y no nos hace caso, en nosotros empiezan a surgir emociones como el enfado. Cuando nos secuestran estas emociones, solemos gritar y no permitimos escucharles para que nos explican por qué no quieren hacer la tarea que les hemos mandado. Cuando tengamos nosotros emociones que no podamos controlar y la tomemos con nuestro hijo, recordemos que él no tiene la culpa de que estemos así, y que merece ser escuchado.

Por otra parte, cuando ellos son los que tienen emociones como la tristeza o la rabia, es importante que estemos con ellos y les escuchemos para que sientan que sus figuras más cercanas validan sus emociones y les permiten expresarlas. La educadora Tania García cuenta en su libro ‘Educar sin perder los nervios’ un ejemplo sobre la importancia de escuchar y entender sus emociones: “A muchísimos de los adultos de hoy en día no nos prestaban atención cuando sentíamos emociones. Por ejemplo, en el caso de alguien que llegaba triste de la escuela porque no había logrado superar un examen muy importante, nadie le preguntaba qué le pasaba y, si lo hacían, lo único que escuchaba eran reprimendas por aquel suspenso”.

Además, esta escucha tiene que ser sin juicios, solo así empatizaremos con ellos: “Cuando estábamos experimentando una emoción, no nos escuchaban, no sentíamos apoyo ni comprensión, no éramos respetados, ni tan siquiera nos sentíamos amados como necesitábamos. Porque cuando uno es niño o adolescente y está sintiendo algo, necesita el máximo respeto y comprensión hacia lo que siente para lograr entender qué está sintiendo y poder racionalizar la acción que está realizando o que va a realizar; es decir, para poder ponerle templanza y coherencia a la situación, precisa respeto hacia lo que siente y sostén, sin juicios, sin prisas, sin importar el motivo, sin importar nada más”, añade García.

Una escucha activa desde pequeños para una adolescencia con conexión

La adolescencia tiene la fama de ser una etapa complicada, en la que los chicos y chicas ya no escuchan a sus padres, quieren alejarse de la familia, tener nuevas experiencias y en la que sobre todo no hay comunicación.

La base para tener una buena relación con nuestro hijo adolescente es haber plantado una buena semilla en la infancia, en la que escuchamos a los hijos sin juicios, atendemos sus necesidades y no ridiculizamos lo que dicen. Si educamos en una escucha activa desde pequeños, los adolescentes serán más abiertos a contarnos sus preocupaciones, sus dudas y su día a día.

Claves para mejorar la escucha activa a nuestros hijos

  • Deja las distracciones fuera de tu campo de visión
  • Si es necesario, apaga el móvil
  • Planea al menos una actividad con tu hijo a diario
  • Haz que el tiempo que pasas con ellos sea de calidad
  • Hazle preguntas más allá del ‘¿Qué tal el cole?’
  • Presta atención a su estado emocional y pregúntale por cómo se encuentra

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