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¿Por qué es importante conocer el cerebro de tu hijo para mejorar su aprendizaje?

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Puede que al ver el título de este artículo te hayas parado a pensar en qué relación tiene conocer el cerebro de tu hijo con su aprendizaje. Desde hace varios años la neurociencia ha empezado a tenerse en cuenta en el campo de la educación. En Gestionando hijos comenzamos con grandes neuropsicólogos como Álvaro Bilbao, que ya nos avisaba de los efectos de las nuevas tecnologías en el cerebro de nuestros hijos.

Conocer cómo funciona el cerebro nos permite enfocar nuestro papel como acompañantes en el proceso de aprendizaje de nuestros hijos. Si sabemos cómo crear entornos más saludables para ellos, será mucho más fácil que se desarrollen desde el respeto y la calma.

Las tres áreas del cerebro

El Dr. Paul Mac Lean habla de tres áreas del cerebro: el sistema reptil, el sistema límbico y la neocorteza. Todas ellas están interconectadas y, si le damos el contexto y el cuidado necesario, serán capaces de crear el entorno perfecto para el aprendizaje.

El sistema reptil

El cerebro de reptil es el encargado de la supervivencia, es el más primario de todos. Es mecánico e instintivo. Está formado principalmente por el tronco cerebral y el cerebelo. Las conductas más identificables de este cerebro son la territorialidad para defender lo que es mío, mi territorio, mis pertenencias y el respeto innato que tenemos hacia el más poderoso.

¿Qué necesita este cerebro? Ambientes oxigenados, rutinas predecibles, sentirse seguro y sin amenazas y con sentimiento de pertenencia al grupo. Es decir, los niños necesitan ser vistos, que les hablemos y miremos desde el corazón, que sientan que forman parte de un grupo, ya sea la familia, la escuela o los amigos.

Todos deseamos ser amados por nuestros grupos de referencia, que nos preguntan y que nos aceptan. ¿Qué ocurre si este cerebro se siente amenazado o estresado? Pues que libera ciertas hormonas como la adrenalina o el cortisol que nos hará luchar o huir.

Además, la sangre se concentra en el tronco encefálico y el cerebelo. Por lo tanto, el estrés inhibe las funciones cognitivas. Si lo llevamos a la práctica diaria, si gritamos, presionamos o hacemos sentir mal a nuestros hijos cuando están haciendo su tarea, hemos perdido a nuestro hijo. En ese momento no le pidas que reste, sume o que te explique la fotosíntesis. Su cerebro se siente amenazado y solo va a pensar en lo incómodo que se siente y en que desea huir de la tarea y de ti. A menos que lo calmes y crees un entorno seguro, el aprendizaje ha sido bloqueado.

El sistema límbico

Nuestro cerebro límbico es el cerebro emocional por excelencia. Está muy relacionado con los vínculos, el apego, la expresión de nuestros sentimientos y emociones. Sirve para inhibir al cerebro reptil y a sus preferencias ritualistas.

Las emociones, las hormonas y los sentimientos afectan al aprendizaje. La experiencia y emociones que nos genera una situación determinará si queremos repetir, en el caso de que sea placentera, o rechazarlo, en el caso de ser dolorosa.

El ser humano se mueve entre el placer o el dolor. En este caso, si me encuentro en un ambiente donde no hay juicios, sino oportunidades para aprender del error, donde me apoyan y no me riñen por equivocarme, mi experiencia será positiva. En definitiva, querré volver y me sentiré motivado para continuar.

Además, las emociones juegan un papel crucial para la memoria, ya que facilitan el almacenamiento y el recuerdo de la información. Cuando involucramos las emociones se activa el cerebro al completo.

La neocorteza

Por último, la neocorteza, que es básicamente nuestro gorrito pensante. Es la parte del cerebro encargada de las funciones propiamente humanas como pensar, hablar, escribir, dibujar, etc. Esta funciona al 100% si el sistema límbico y el reptiliano fueron tenidos en cuenta en el momento de enseñar.

Si queremos que nuestros hijos den lo mejor de sí mismos para conseguir que introduzcan el aprendizaje en su memoria a largo plazo, lo ideal es crear ambientes donde el niño sea capaz de entender el error como una oportunidad, evitar los gritos, castigos e incluso tener estrategias para el autocuidado e higiene cerebral de los adultos.

Por ejemplo, si vemos que nosotros estamos saturados mentalmente y nuestros hijos son incapaces de continuar, lo mejor es hacer un parón y tener dinámicas que nos permitan quitar el foco de atención del problema y divertirnos. Ya sea bailar, estirar, respirar profundamente o movernos del sitio. Parar no es perder el tiempo, es necesario. Impulsemos los cerebros más primitivos para conseguir que la neocorteza haga su mejor trabajo.

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Silvia Sánchez Ovejero

Silvia Sánchez Ovejero

Educadora y pedagoga
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