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Educar es todo

Cualquier situación es una oportunidad de aprendizaje

Ángeles Jové nos cuenta cómo una mamá cambia su forma de comunicarse con su hijo tras asistir a uno de sus cursos: deja atrás las etiquetas como "inquieto", pregunta a su hijo cómo se siente, escucha sin juzgar y llega a acuerdos para mejorar la relación y resolver los pequeños problemas.

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Cualquier situación es una oportunidad de aprendizaje

Podría ser esta u otra historia, podría ser esta o tu propia historia. Un momento cualquiera, una situación cotidiana en la que todos los padres nos vemos reflejados. Una bonita historia que nos explica una mamá tras hacer el curso AEIOU y aplicar en casa nuestro método.

Me había propuesto estar diferente, quería que mi hijo se encontrara con una mamá distinta. Una madre con otra mirada, con otra actitud, con otros pensamientos, habiéndose escuchado en su interior y, por tanto, queriendo hacer las cosas desde otro lugar, desde otra emoción, con una energía distinta.

Al llegar a casa Álex estaba muy nervioso… bueno, en realidad como siempre… ¡Cuántas veces le habremos dicho que “ES muy nervioso”! ¡Lo tiene tan interiorizado! Se puso a dar volteretas en la cama mientras yo le preguntaba que tal había ido el día y él no paraba de moverse. Estaba muy tranquila (me había propuesto estarlo para él y por mí misma), centrada en el momento presente y le dije:

-¿Qué sientes cuando haces tantas volteretas?

-Y me contestó: “Mamá es que soy muy nervioso y no puedo parar”.

-No hijo, no es que seas nervioso, eres ¡activo! Además eso es muy normal en un niño de tu edad. Que tengas ganas de jugar, de correr, de saltar. ¿Qué te parece si hablamos un poquito aquí sentados?

-Muy bien, mamá. -Y se sentó a mi lado.

Es como si hubiera captado su atención. Creo que fue la conexión que establecimos al centrarme sólo en él, en el preciso instante que estábamos viviendo los dos, en el aquí y en el ahora. Estaba sorprendido porque me miraba con ojos grandes, curiosos… Apenas movía las piernas con movimiento juguetón, sentadito a mi lado. El haber transformado su etiqueta ¡¡Eres nervioso!! por ¡¡Eres activo!! Me ayudaba también para sentirme mejor con él.

-¿Qué te pasa hoy, mamá?- Me preguntaba extrañado.

Estuve tentada de decirle “pues que mamá ya no es la misma”. Sin embargo, respiré hondo y, pausadamente,  empezamos a hablar como hacía tiempo que no lo hacíamos. Los dos tranquilos, conectados. Con curiosidad, sin juicio, con unas ganas inmensas de descubrir a mi hijo, de acompañarlo, de confiar

-Álex, me gustaría que me explicaras cómo te sientes cuando haces los deberes y cuando estás en el cole.

Todavía se me pone la carne de gallina cuando lo recuerdo. ¿Sabéis que me dijo?

-Mamá en el cole estoy SIEMPRE nervioso, muy preocupado. Me pongo muy nervioso por si me equivoco y la profe me regaña. No puedo evitar estar nervioso porque si me pone puntos negativos sé que luego tú te vas a enfadar conmigo. Yo no quiero que te enfades conmigo pues me quedo muy triste.

Empecé a indagar ese estado de nervios y descubrí que lo que tenía era MIEDO. Una emoción que expresaba con ese movimiento ansioso, continuo. Miedo a hacer las cosas mal, a que le pusieran puntos negativos, a olvidarse la chaqueta, a perder las cosas. Decía de si mismo que “Era muy irresponsable y muy poco listo”.

¡¡¡¡Se me cayó el mundo a los pies!!!

Había estado practicando las Preguntas Potentes en el curso y conectándome con lo mejor de mí, y con todo el amor que pude expresarle le pregunté.

-Eres un niño listo.- Le acaricié su mejilla y le di un beso muy sentido.- ¿Qué necesitas para no tener miedo e ir contento y relajado al cole?

-Mamá, que si traigo un punto negativo no me GRITES.

Todavía me duele esa palabra. Recordé las veces que le gritaba, que le reñía con malas formas. Tras un rato de conversación en el que mirándole a los ojos ESCUCHÉ, ESCUCHÉ y ESCUCHÉ con todos mis sentidos, acordamos una alianza entre los dos:

  1. Que no me enfadaría cuando trajera un punto negativo. En lugar de enfados y gritos hablaríamos tranquilamente sobre lo que había pasado y buscaríamos una solución juntos para que no volviera a pasar.
  1. Que cuando llegara del cole le dejaría 15 minutos para hacer lo que quisiera antes de ponerse a hacer los deberes. Así podía descansar un poco de todo el día en el cole.
  1. Que pondríamos una cruz en la mano para que no se le olvidara nada en el cole.

¡Me sorprendí de todas esas necesidades insatisfechas que había sido incapaz de transmitirme! ¡Que no se había atrevido a pedirme, a decirme!

¡Qué ciega y sorda había estado hasta hoy!

Ahora, cuando lo dejo en el cole cada mañana, le digo que tenga “un buen día tranquilo” y se va riendo.

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