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Educar es todo

De padres, madres, deberes y WhatsApp

Los padres nos estamos exigiendo demasiado, extrapolando en ocasiones al cole y a la vida de nuestros hijos nuestra presión y competitividad profesional y nos distraemos de lo realmente importante: el disfrutar y acompañar a nuestros hijos en su aprendizaje y adquisición de autonomía.

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Soy coach, formadora y profesional del sector de educación superior pero ante todo, MADRE. Madre de dos pequeñas que en sólo dos años han producido en mí el mayor proceso de aprendizaje y transformación personal que ningún curso de formación ni experiencia anterior han provocado. He aprendido a aceptarme con mis imperfecciones, a entender que no tengo todas las soluciones y que educar a un hijo, responsabilizarse de su bienestar es moverse en una montaña rusa de emociones donde cada día aprendes más sobre ti y descubres nuevos recursos ante situaciones que ni te planteabas vivirías pero sobre todo, que no estás sólo, que hay miles de padres, madres que piensan y sienten como tú.

Este artículo surge a raíz del inicio de la etapa de guardería de mi hija mayor y es fruto de la reflexión compartida con hermanos, amigos sobre su experiencia con sus propios hijos e hijos de amigos.

Mi hija de 2 años comenzó el cole en septiembre, un lugar donde disfruta, juega y aprende y como madre estoy encantada con la oferta educativa y la calidad, humanidad de sus profesionales. Pues bien, hace un par de semanas hemos comenzado a recibir deberes para los peques consistentes en tareas divertidas a realizar en familia y que luego los niños puedan explicar en clase. Y he ahí que, llegó mi sorpresa como madre primeriza en estos lares: ¡estos ejercicios suponen una media de 40/60 mensajes en el WhatsApp del grupo de padres! El emoji de susto refleja mi sensación el primer día que vi en mi móvil ver el circulito rojo con un “63” sobre el icono de whatsapp. Uff.

Al leer los comentarios, el sentimiento que percibo y también comparto es de cierto agobio por “cómo” hay que hacer la tarea, la “falta de tiempo” para su realización y, ¿no son muy pequeños para esto?. Bien es cierto que también  es un alivio como comunidad de ayuda y apoyo de unos a otros con consejos sobre dónde encontrar el material para realizarlo o resolver dudas en general.

Hablando de esta anécdota con mi hermana y amigos con hijos de diferentes edades que estudian en otras instituciones, me confirman que el momento whastapp  ante los deberes (no digamos si hay un examen) y las sensaciones, preocupaciones de los padres son idénticas. Y más si estamos hablando de hijos adolescentes con tareas más complejas.

Unos amigos me cuentan que su sobrino adolescente les llamó lloroso y angustiado de noche porque no sabía realizar los deberes de matemáticas y sus padres tampoco sabían cómo ayudarle. Mis amigos le explicaron cómo realizar las tareas y entendió los conceptos pero ¿por qué este adolescente debe estar una tarde entera angustiado por no saber realizar la tarea y con miedo a equivocarse o llevarla mal hecha? ¿Qué pasaría si reconoce ante el profesor que no ha entendido algo y necesita ayuda? ¿Si se muestra vulnerable ante sus compañeros? Quizás podía ser una lección a la clase para aprender a no vivir el error como un fracaso y sí la vulnerabilidad como una fortaleza de una persona que se atreve a pedir ayuda.

Mi reflexión es que los padres nos estamos exigiendo demasiado, extrapolando en ocasiones al cole y a la vida de nuestros hijos nuestra presión y competitividad profesional centrándonos en la resolución y calidad de la tarea perdiendo de vista el objetivo real. Es cierto que vivimos en una sociedad competitiva dominada por las prisas con horarios y jornadas imposibles, con acumulación de tareas y responsabilidades. Estamos cansados, estresados, y nos distraemos, en ocasiones, sobre lo realmente importante como padres/madres: el disfrute con nuestros hijos acompañándoles en sus tareas que le ayudarán en su aprendizaje y en el desarrollo de su autonomía.

Ahora bien, sí somos responsables de cómo gestionamos esta situación,  mientras seguimos luchando por jornadas laborales más racionales y políticas de conciliación adecuadas, y la buena noticia es que podemos cambiar nuestra forma de afrontar los deberes y convertirlo en un espacio único al día para compartir. Sin móviles, prisas y con uno maestros muy importantes para los pequeños: su mamá y/o su papá. Los niños no tienen un estándar de calidad en su cerebro, no saben con qué actitud afrontar una tarea, lo aprenden de los adultos. El objetivo de la tarea no es ser una carga más del día a día ni que se realice bien o mal, es que el niño aprenda y cuando se trata de edades más tempranas, que disfrute del proceso de aprendizaje con su padre, madre, o ambos según el caso.

Como padres y madres necesitamos tomar conciencia de nuestra parte de responsabilidad y apoyar a los profesores en la tarea común de educar a nuestros hijos. Recordemos que el primer ensayo de relación social es la familia y los niños aprenden de nosotros actitudes y modelos de  cómo afrontar sus problemas  y resolver sus desafíos. ¿Qué queremos transmitirles?

Imagen: Kaboompics /Pixabay

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