El método Kiva, implantado en Finlandia, educa a los niños, al principio de cada curso escolar, para que entiendan que el acoso es muy malo y va a tener consecuencias. Todos los niños no quieren acosar porque conciben que es algo malo y cuando hay uno que lo hace los demás, los espectadores, que son claves en esto, lo denuncian a los profesores. Así el acosador deja de verse como un triunfador. El que acosa lo hace para ser admirado, para adquirir una posición de liderazgo. ¿Por qué necesita hacer eso? La mayoría de ellos tienen alguna deficiencia afectiva en su entorno más cercano. Ese niño busca un protagonismo que no tiene en su entorno y termina queriendo hacerse el fuerte entre los débiles y busca un blanco al que pueda ir debilitándolo más y que a él le fortalezca más. El método Kiva hace que cuando un niño busca ese protagonismo riéndose de otro o pegando los demás se ponen del lado de la víctima, por lo que el acosador deja de acosar. Por eso en Finlandia el acoso se ha reducido a prácticamente cero.