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Carmen Guaita: “Siempre tenemos en cuenta nuestro sacrificio, pero nos olvidamos cuántas cosas nos perdonan y todo lo que hacen nuestros hijos por nosotros”

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Carmen Guaita es filósofa, profesora y autora de libros como «Lo que mis alumnos me enseñaron» o «Los amigos de mis hijos». Su experiencia, tanto con sus alumnos como con sus hijos, será el eje sobre el que girará su ponencia, ‘Lo que nuestros hijos enseñan’ el próximo 7 de marzo en el evento que ha organizado Gestionando hijos y Prensa Ibérica en Las Palmas de Gran Canarias.

1. Carmen, tendemos a pensar, hablar y debatir sobre la educación que damos a nuestros hijos, pero ¿nos olvidamos de todo lo que ellos pueden enseñarnos a nosotros?

Así es. Con frecuencia nos olvidamos de que nuestros hijos son personas plenas y absolutas, distintas a nosotros desde el principio de su vida. ¡Nos olvidamos incluso de cuánto nos quieren ellos a nosotros! Siempre tenemos en cuenta nuestro sacrificio, todo lo que hacemos por ellos y lo que estaríamos dispuestos a hacer, y perdemos de vista cuántas cosas nos perdonan y todo lo que hacen ellos por nosotros, como poner en nuestras manos su confianza absoluta. De una persona que mira el mundo por primera vez se puede aprender mucho. Es cuestión de escuchar sus sentimientos y reflexiones, y no simplemente “lo que les apetece” o “lo que han hecho”.

2. ¿Qué aprendizajes destacarías de todo lo que has aprendido desde que eres madre?

Mis hijos, con sus diferentes caracteres, me han asombrado siempre y, por supuesto, ahora que son adultos, directamente me guían. Responder a sus requerimientos, entenderlos, disfrutar de verlos crecer, ha sido el más feliz aprendizaje de mi vida. De mi hijo mayor he aprendido a profundizar en lo que me rodea, una conexión con la realidad- como un mindfulness– que él tiene de manera natural desde muy niño; del menor he aprendido la resiliencia, porque él se rearma siempre con calma después de un problema, tiene una inmensa libertad interior y, en mi fuero interno lo llamo “el maestro zen.” De ambos, he aprendido a protestar, es decir, a no aceptar lo inaceptable. He aprendido también que, como todas las personas, no “se parecen” a nadie, y esa es la premisa para aceptar que tienen muchas cosas que enseñarte.

3. Te dedicas a la docencia, por lo que tu vida está (y ha estado) rodeada de niños y niñas, ¿esto te hace ver la vida desde otra perspectiva?

Ser maestra es un privilegio absoluto, un regalo que la vida me ha hecho. Conocer a las personas en el momento en que descubren el mundo, formar parte de ese descubrimiento abriendo las ventanas del conocimiento, convertirme en parte importante de su biografía… ¡Enseñar a leer! Increíble. Un privilegio, no se me ocurre otra forma de llamarlo. Cada día, literalmente, vivo en la escuela momentos de una belleza que no se puede ni explicar.

4. ¿Qué mensaje quieres enviar a los padres, madres y docentes a través de tu ponencia?

Precisamente, que tener hijos es un privilegio. Me preocupa que empecemos a verlo como un problema, una limitación o un cansancio. Los años más felices de la vida son cansados, sí. Y no viajas tanto, ni vas tanto al cine, es verdad. ¡Pero tienes el mayor espectáculo del mundo en tu propia casa! Hay allí una niña o un niño que sienten por ti un amor incondicional, que esperan tu amor y necesitan tu capacidad de educarle bien. La belleza no es estática, se mueve, corre y grita. La belleza es la infancia.

5. ¿Estamos cerrados los adultos a seguir aprendiendo y disfrutando como niños?

Me parece que aprender y disfrutar no es patrimonio de los niños. Nosotros podemos aprender y disfrutar como padres, como adultos. Lo que nuestros hijos necesitan es, precisamente, que seamos adultos. Abiertos, curiosos, alegres, risueños, con sentido común, con sentido del humor, con paciencia y con ganas de estar con ellos, pero adultos. Los padres infantilizados son algo artificial y extraño porque no son niños ya, les falta autenticidad.

6. Tenemos niños con agendas de ministros, sobresaturados de extraescolares para paliar el tiempo en el que los padres trabajamos. ¿Crees que si la sociedad pusiera más el foco en los niños, en sus necesidades, temas como la conciliación laboral estarían más superados?

La falta de conciliación me preocupa muchísimo porque veo sus efectos en la vida de muchos niños. Y también veo los efectos del agotamiento de los padres, de su necesidad de tiempo libre también. Es un problema social gravísimo que, sin que nos demos cuenta, está transformando el panorama demográfico y social.

Y la niñera electrónica, una especie de Mary Poppins con forma de tableta o teléfono, directamente me parece un experimento cuyas consecuencias veremos en unos años con auténtico dolor. Espero no ser catastrofista, pero la ausencia de los padres en la vida de sus hijos, incluso cuando están todos juntos, me preocupa de verdad.

María Dotor

María Dotor

Periodista
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