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Escenas educativas 16: Construimos soluciones entre todos

Paola nos cuenta cómo, tras darse cuenta de que el reproche y la queja eran contraproducentes, trata de tomar decisiones y resolver conflictos en familia, dando voz y voto a sus hijos.
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Hoy Paola nos cuenta cómo trata de tomar decisiones y resolver conflictos en familia, dando voz y voto a sus hijos. Si quieres contarnos tu historia, escribe a autores@gestionandohijos.com. 

Hace unas semanas estaba agotada de tanta pelea con mis hijos, de tan poca colaboración y con la sensación de que íbamos arrastrando los días. Seguro que sabéis a lo que me refiero. Y claro, no estaba siendo muy simpática con mis hijos, me había instalado en la queja y el reproche. Recuerdo que en el garaje de mi casa, al salir del coche, se pusieron, por enésima vez, a correr por el garaje mientras yo les decía: “Es que no me hacéis ni caso. ¡Estoy harta!”. Justo en ese momento, pasó a mi lado (yo no lo había visto) un vecino que me ‘regaló’ una mirada de lástima.

La verdad, creo que algo en mí hizo un click. No me gustó despertar lástima y menos aún que un vecino hubiera oído mis lamentos. Y pensé: “si me avergüenza que un tipo que no me importa mucho me oiga decir esto, ¿no será que el mensaje no es bueno? ¿No debería cambiar?”. Quizá eso me decidió a pensar que podría pensar soluciones en lugar de quejarme sin que nada cambiara (es más, estaba claro que mi queja y mis reproches solo empeoraban las cosas).

Y entonces, cuando llegamos todos a casa, propuse a mis hijos y a mi marido que nos reuniéramos para hablar de algunos conflictos que estábamos teniendo.  Las únicas reglas eran que todos debíamos dar nuestra opinión y que debíamos escucharnos, sin juzgar. Cada uno propuso los temas de conflicto que más le importaban: las peleas por la mañana, la colaboración a la hora de recoger la cena, la organización con los deberes, el cuidado de las mascotas… Por cada tema, el que lo proponía explicaba cómo se sentía ante ese problema y quien quisiera planteaba soluciones. Y luego, entre todos se votaba la mejor. Me encantó, porque mis hijos se mostraban muy motivados a la hora de pensar soluciones y de aportar mejores ideas.

Uno de los temas que más tiempo nos llevó fue el de las peleas por la mañana. Yo les comenté que me ponía de muy mal humor que no se levantaran hasta el último momento y que no me gustaba nada llegar tarde al cole. Y ellos me dijeron que no se podían levantar enseguida porque estaban cansados. De ahí, llegó la solución de irse a la cama un poco antes después de leer un rato y así poder descansar mejor. Para organizarnos bien por la mañana, yo propuse fijar alarmas que marcaran la hora a la que debían estar vestidos, la hora a la que debía terminar el desayuno y la hora a la que debían estar aseados y listos para el cole. Mi hijo mayor propuso además que quien no cumpliera las etapas se podría quedar sin desayunar. Y mi hija pequeña propuso que hiciéramos más divertidas las mañanas con juegos (como, por ejemplo, el escondite inglés, pero en lugar de avanzar hacia la pared debían quitarse o ponerse una prenda antes de que yo volviera la cabeza).

Estábamos todos entusiasmados, y la verdad es que en las semanas que han pasado hemos vuelto a tener algún conflicto por estos temas, pero al menos ahora sé que podemos intentar cambiar las cosas, que hasta a mis hijos se les ocurren ideas brillantes que nos hacen aprender y avanzar y me ha enseñado que la queja no me lleva a donde quiero, sino a un sitio mucho más desagradable, y que las propuestas son pasos, a veces pequeños, a veces grandes, que me recuerdan que avanzar y crecer es posible y es un placer si contamos con todos. 

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