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Herencia 1.4

7 herencias que puedes dejar a tus hijos

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Guía para gestionar la ansiedad y el estrés en los niños.

Con la colaboración de la psicóloga

Úrsula Perona

Descubre: Cuáles son los síntomas del estrés infantil y cómo puedes ayudar a tus hijos e hijas a gestionarlo.

Eva Bach: “Cuando pregunto a los padres si aman la vida, la mayoría titubean”

"Como padres y madres tenemos que preguntarnos ¿Estoy haciendo algo bonito con mi propia vida?". Eva Bach cree que es importante contagiar a nuestros hijos amor a la vida a pesar de sus penas, Hablamos con Eva de su nuevo libro Educar para amar la vida.
Amar la vida - Eva Bach
Herencia 1.4

7 herencias que puedes dejar a tus hijos

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“Como padres y madres tenemos que preguntarnos ¿Estoy haciendo algo bonito con mi propia vida?”. Eva Bach cree que es importante contagiar a nuestros hijos amor a la vida a pesar de sus penas, ganas de hacer algo bello con su vida y la pasión por algo. Afirma que ve muchos padres y madres desencantados de la vida (muchos de los cuales sobreprotegen a sus hijos porque ven el entorno como hostil).  Por eso ha escrito Educar para amar la vida (Plataforma). Hablamos con Eva sobre cómo reenamorarnos de la vida y contagiar ese amor por la vida a nuestros hijos.

¿Por qué es necesario un libro así ahora? ¿Ves, como dices en el libro, que muchos educadores se han “desencantado y desenamorado de la vida”?

El verbo educar es imprescindible conjugarlo con el verbo amar y la palabra vida. Hay que educar no solo para la vida, sino también para amar la vida. Para que niños y jóvenes tengan ganas de hacer algo bonito con sus vidas y para la vida, tenemos que transmitirles que la vida es bonita y que vale la pena a pesar de las penas. Pero solo se lo podremos transmitir así si nosotros lo sentimos así y resulta que hay muchos padres y maestros desencantados o desenamorados de la vida. Que no ríen ni sonríen, que han perdido la ilusión, la esperanza.

Comunícate Mejor con tus hijos - Eva Bach

Cuando en mis charlas y talleres pregunto a los padres si aman a sus hijos, todos dicen que sí. Cuando les pregunto si aman la vida o la soportan, la mayoría titubean.

¿Crees que esto está relacionado con la sobreprotección y la hiperpaternidad? ¿Por qué crees que es una tendencia muy extendida?

Sin duda alguna está relacionado.

Si pienso y siento que la vida es una fatalidad, es muy probable que decida sobreproteger a mis hijos de dicha fatalidad, evitarles y postergar al máximo cualquier pena, frustración o contratiempo, manteniéndoles en una burbuja y haciendo todo por ellos, incluso lo que pueden y deben hacer por sí mismos. Lo hago principalmente para que no sufran, pero también para no sufrir yo y porque volcándome en ellos lleno mis vacíos y mitigo mi propio desencanto.

Ya se enterarán de qué va la vida cuando sean mayores. El problema es que cuando sean mayores y se encuentren cara a cara con la adversidad, nadie les habrá enseñado a afrontarla y, como dice Cristina Gutiérrez, tendrán que ir a una farmacia a buscar una de esas pastillas para levantarse. También hay padres y maestros que ante la fatalidad, optan por desproteger en lugar de por sobreproteger. Tratan con dureza a los hijos y alumnos para  acostumbrarles cuanto antes a la fatalidad. El hecho de que sea una tendencia extendida se debe, en parte, a heridas emocionales y frustraciones no curadas o no resueltas de nuestra propia infancia y adolescencia.

Dices en el libro que todas las tipologías de padres y madres sobreprotectores de los que habla Eva Millet son adultos gobernados por emociones infantiles no resueltas. ¿Nos puedes explicar por qué piensas eso?

Todos hemos sido heridos emocionalmente en algún momento de nuestra infancia y adolescencia. Necesidades afectivas y de reconocimiento que no fueron adecuadamente atendidas o satisfechas, autoestimas que no fueron bien nutridas, sueños e ilusiones que se nos rompieron, amores y desamores que nos rompieron el corazón… Estar gobernados por emociones no resueltas significa que todo esto no ha podido ser transformado, trascendido o resuelto  posteriormente, que en alguna medida los ecos de esas heridas y decepciones siguen resonando y haciendo mella en nuestro interior, y condicionando nuestras actitudes, formas de relacionarnos y visión de la vida.

Para ser padres positivos, animas a resolver esas emociones infantiles no resueltas pero estar en contacto con el niño y adolescente que fuimos desde emociones adultas. ¿Cómo podemos lograrlo? 

  • Viendo y comprendiendo limitaciones y dificultades que tuvieron nuestros padres y educadores que no podíamos comprender entonces, pero sí ahora, desde la persona adulta que somos (que también las experimenta).
  • Reconectando con el niño y adolecente que fuimos y atendiéndolo, reconociéndolo y nutriéndolo como entonces no pudo ser nutrido. Recuperando su esencia y reincorporándola a nuestra vida
  • Dándonos a nosotros mismos mensajes positivos, empáticos y palabras de consuelo que no podíamos darnos entonces.
  • Retomando lo ocurrido y contándolo otra manera que transforme las emociones primarias de tristeza, rabia, impotencia, desconfianza, miedo, etc. en otras emociones más sabias, lúcidas e inteligentes. En el fondo, elaborando nuevas narrativas de lo sucedido, cambiando nuestros relatos tristes o resentidos por otros que resulten reparadores y nos pacifiquen por dentro.

Algunas personas lo logran solas y otras van a necesitar ayuda, profesional quizás.

Eva Bach Gestionando Hijos BarcelonaEs muy buena la idea que propones de que se verifique si el profesorado está emocionalmente bien. ¿No sería esta apuesta extensible a padres y madres? ¿Crees que sería buena idea establecer ayudas o servicios para ayudar a educadores (padres, madres y docentes) estar emocionalmente bien?

Sería estupendo que hubiera ayudas o servicios de apoyo educativo y emocional, tanto para padres como para educadores. Los hay para los alumnos, pero sería fantástico que de manera complementaria se crearan unos centros, redes, equipos o unidades de atención, acompañamiento y apoyo a familias y educadores, que pudieran orientarles en cuestiones relativas a la crianza, a la educación en general y a dificultades concretas que superan sus recursos y capacidades. Ayudas puntuales a tiempo pueden evitar que problemáticas emocionales naturales deriven en conflictos que se enquistan y que acaban desembocando en la psicoterapia o en problemas mayores.

¿Cómo podemos inculcar a nuestros hijos las ganas de hacer algo bonito con la propia vida?

Haciendo algo bonito con nuestra propia vida. Como padres y madres tenemos que preguntarnos ¿Estoy haciendo algo bonito con mi propia vida? ¿Qué hay bello, sensible, ilusionante…, en mi vida y en mí? A menudo nos quejamos de que nuestros hijos o nuestros alumnos no están motivados. ¿Lo estamos nosotros? ¿Nos levantamos motivados? ¿Levantamos a nuestros hijos motivados? ¿Entramos en el aula motivados? ¿Amamos lo que hacemos? ¿Amamos para qué y para quién lo hacemos?¿Amamos a aquellos con quienes lo hacemos? ¿Amamos vivir? ¿Nos sentimos suficientemente vivos, agradecidos y esperanzados?

También fomentando las motivaciones internas (hacer algo bueno o bello por la alegría y la satisfacción de hacerlo) y las transcendentes (hacerlo por la alegría de aportar algo bueno a los otros o al mundo), por encima de las externas (hacerlo principalmente para obtener reconocimiento, dinero, éxito, fama…).

En el libro, criticas la idea de fomentar el esfuerzo por el esfuerzo (“es una de las acciones más insulsas y descorazonadoras que hay”, escribes) y hablas de que se necesita antes una ilusión. ¿Cómo podemos fomentar esa ilusión en nuestros hijos y en nosotros mismos?

La clave está en que lo que nos mueva o nos motive en la vida sea básicamente un fuego interno y no metas externas orientadas a valores materiales, efímeros y caducos.

Un esfuerzo es más fácil de sostener cuando lo mueve el amor a lo que hacemos, al para qué lo hacemos y/o a aquellos con quienes lo hacemos. Nuestros hijos podrán esforzarse si les ayudamos a encontrar una pasión, un sueño, un “para qué” inspirador.

Contagiémosles nuestro propio amor a la vida, a las personas, al amor, a la belleza.  Despertemos en ellos el gozo y las ganas de ser, de sentir, de hacer, de saborear, de servir, de amar, a partir de nuestro propio gozo y nuestras propias ganas, y tendremos que preocuparnos bastante menos del esfuerzo.

Afirmas que venimos de una generación de postguerra que no veía la vida como un regalo, sino como una calamidad. ¿Cómo podemos mirar nuestras raíces, superar eso e incorporar la alegría y el amor a la vida para compensar esa herencia?

Para que renazcan la alegría y el amor a la vida tenemos que descubrir en qué momentos y episodios de nuestra historia personal o familiar quedaron interceptados. Quizás el impulso más fuerte y más bonito para la alegría es el vínculo profundo y amoroso con los que nos han precedido y con los que vienen detrás. La alegría irá tomando cuerpo en nosotros más fácilmente si deseamos contagiar alegría a nuestros hijos y a la vez honrar a antepasados y familiares que tuvieron vidas difíciles. No hay nada mejor que poner rumbo a la alegría por nosotros mismos y por los nuestros. Si consigo restaurar la alegría interceptada, mi alegría será la de todos. El alma de los míos se alegrará con mi alegría. Otros esperan que resistas, que los ayude tu alegría, tu canción entre sus canciones, escribe José Agustín Goytisolo en «Palabras para Julia».

 ¿Por qué crees que, como citas en tu libro, al profesor Jaume Martínez Bonafé los padres nunca le preguntaron si sus hijos eran felices en la escuela?

Quizás porque tenemos un concepto equivocado de felicidad. Quizás la relacionamos con el rendimiento académico, con tener éxito, conseguir un buen sueldo, obtener reconocimiento, alcanzar determinados logros o metas externas…

La felicidad tiene que ver con a la alegría de ser, de vivir, de amar, de sentirse amado, útil, digno y válido.

Hay que educar para servir a la vida, para celebrarla y enseñar a celebrarla. Nunca eduqué a mis hijos para que brillen por fuera sino para que brillen por dentro, lo que más me importa es que resplandezcan cuando les mire a los ojos. Siempre les dije que si sus profesores me decían que eran malos compañeros, mal educados o desdichados me preocuparía y me entristecería mucho más que si me decían que iban flojos en alguna materia.

 Dices en tu libro que tan negativo es pensar que ningún sueño es realizable como creer que todos son posibles. ¿Por qué hoy en día nos pasamos de la raya con los superpoderes que creemos poseer? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a conocerse y a ser conscientes de sus limitaciones y seguir apostando por la alegría y el amor a la vida y por seguir soñando?

Tener sueños e ilusiones es imprescindible y es distinto de ser ilusos y de creer que todo va a ser posible. Pasarnos de la raya con los superpoderes puede deberse a un exceso de autoestima o de ego, que es tan perjudicial como un déficit.

“Si quieres, puedes” no siempre se cumple. A veces queremos y no podemos. Las limitaciones existen y tenerlas en cuenta nos hace humanos, humildes y realistas.  También es cierto que si creemos que no vamos a poder, casi seguro que no podremos. El mensaje adecuado es: “Quiero y voy a hacer todo lo que pueda y esté en mis manos”. 

Respecto a los sueños de nuestros hijos hay que tener en cuenta algunas cuestiones esenciales:

  • Nunca rebajarles el sueño de entrada o decirles que es imposible.
  • Ayudarles a discernir lo que está en sus manos en relación al sueño y lo que no depende de ellos.
  • Animarles a prepararse en lo que sí depende de ellos.
  • Decirles que un sueño siempre vale la pena aunque no se consiga, por todo lo que pone en marcha en nosotros y los aprendizajes que nos brinda.
  • Hacer hincapié en que el camino hacia el sueño importa más que el propio sueño y puede depararnos otros sueños o frutos que no imaginábamos.
  • Garantizarles que estamos a su lado tanto si lo consiguen como si no.
  • Enseñarles que no conseguir el sueño puede ser a veces mejor incluso que conseguirlo, pero a veces no lo vemos hasta que pasa el tiempo y tenemos perspectiva.
  • Transmitirles que el mejor sueño es sentirnos bien con nosotros mismos, con nuestra vida y con las personas importantes de nuestra vida.

¿Por qué padres y madres debemos practicar un egoísmo altruista?

Quien tiene en cuenta sus propias necesidades, puede dar y atender las de otros con mayor generosidad.

Tenemos que ser un poco egoístas, en el sentido de cuidar de nosotros y no solo de nuestros hijos, para ser más verdaderamente altruistas. Si no atendemos nuestra necesidades, querremos llenarlas con los hijos y nuestras expectativas hacia ellos van a ser mayores y desproporcionadas. Les exigiremos que nos satisfagan a nosotros y serán menos libres para seguir sus propios impulsos. Los padres tenemos que ocuparnos de nuestra propia felicidad, no solo de la de nuestros hijos, y llenar nuestro mundo afectivo no solamente con los hijos. Hay una máxima que se cumple la gran mayoría de las veces y es que si los padres estamos bien, los hijos están bien. Lo mejor que les podemos dar somos nosotros y nuestro bienestar.

¿Qué supone fomentar la resiliencia? ¿Cómo podemos hacerlo?

La resiliencia es la capacidad de aprovechar la adversidad y las dificultades para crecer, transformarnos y tejer una fortaleza interior. Está relacionada con la capacidad de ciertos metales para recobrar su forma inicial después de estar sometidos a fuertes presiones. Para fomentarla es necesario:

  • Dejar que nuestros hijos experimenten las dificultades propias de la vida y del crecimiento.
  • Ser una mano amiga que les consuela, les ofrece recursos para enfrentarse a dichas dificultades y les ayuda a hacer una elaboración emocionalmente saludable de las mismas.

Si te interesa educar a tus hijos para amar la vida, puedes leer estos posts:

Y en nuestra plataforma podrás disfrutar de contenidos exclusivos de la mano de Eva Bach, Carles Capdevila y Heike Freire para fomentar el optimismo, el disfrute y el amor a la vida en la educación de tus hijos.

 

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