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Frases prohibidas: “Como te portes así, cojo la puerta y me voy”

No se nos puede olvidar que nuestros hijos confían plenamente en nuestras palabras y no entienden nuestras exageraciones, y muchos pueden llegar a creer que si se portan mal los abandonaremos. ¿No hay mejor modo de expresar nuestra necesidad de darnos un respiro que no haga a nuestros hijos temer ser abandonados?

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Frases prohibidas: “Como te portes así, cojo la puerta y me voy”

No cabe duda de que hay muchas veces que nuestros hijos nos sacan de nuestras casillas. Y que pensamos que nada funciona para conseguir que “se porten bien”. En estos momentos desesperados, seguramente nos darán ganas de, como seguramente nos dijo alguna madre, irnos a una isla desierta, coger la puerta e irnos y, en definitiva, dimitir de padres, aunque sea por un rato. Pero no se nos puede olvidar que nuestros hijos confían plenamente en nuestras palabras y no entienden nuestras exageraciones, y muchos pueden llegar a creer que si se portan mal los abandonaremos. ¿No hay mejor modo de expresar nuestra necesidad de darnos un respiro que no haga a nuestros hijos temer ser abandonados?

Carmen tiene cinco años y lleva uno de esos días terribles en los que todo ha sido una pelea: la merienda no le gustaba y ha montado en cólera, en el parque su madre, Alma, no ha traído el juguete que Carmen quería, así que otra vez la pequeña ha enfurecido, cuando ha tocado la hora de irse del parque Carmen no quería, de modo que de nuevo se ha vuelto a enfadar y ahora, en la hora del baño, Carmen no quiere bañarse y patalea y se pone hecha una furia. Alma está agotada y solo piensa en contar un cuento a la niña y caer en la cama. No entiende por qué su hija “me hace esto a mí” todas las tardes y no puede más. Mientras tanto, Carmen le dice a su madre que es mala y sigue gritando y resistiéndose a entrar en la bañera. Alma le dice:

Menuda tardecita llevas. Como sigas en este plan, cojo la puerta y me voy, que me tienes harta.

La niña, que sigue tremendamente furiosa, le grita:

-¡Vale, pues vete!

La madre cree que ha llegado el momento de dar un escarmiento a esta niña descarada y decide ir a la puerta de casa y decirle adiós a la niña:

-Me voy, Carmen, ya no te molestaré más.

La niña sale corriendo del cuarto de baño, llorando y alargando los brazos a su madre. La madre decide coger las llaves, salir de la casa y cerrar la puerta. Los lloros de terror de la niña no tardan en escucharse y enseguida Alma se arrepiente. Y piensa: “Pobrecita, está asustadísima. ¡Si tiene solo cinco años!”. Enseguida abre la puerta de casa y se encuentra a la niña hecha un mar de lágrimas. Alma se pone de cuclillas, la abraza muy fuerte y le dice:

-Pero mi niña, cómo me voy a ir si eres lo que más quiero en el mundo… Pero es que me agota pelearme contigo todas las tardes, tenemos que encontrar otra manera de calmarnos y llegar a acuerdos.

Alma, que muchas veces se siente desbordada por la tarea de educar a una niña que ella considera rebelde, decide que a partir de ahora le dirá a su hija que necesita relajarse y expresar lo que siente de un modo que no hiera a la niña. Tal y como nos contó Eva Bach en Barcelona, Alma decide “asumir sus limitaciones y pedir ayuda, expresando, cuando sea necesario, que “no estoy en condiciones hoy, necesito calmarme” y no dimitir de su función de madre. Porque no quiere ver nunca más en la cara de Carmen el terror y la pena enorme de creerse abandonada. Y no quiere que su hija pierda la confianza en el amor incondicional que ella le profesa. 

CADA LUNES Y JUEVES DEL 10 MAYO AL 10 DE JUNIO DE 22:00h A 23:00h

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