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Educar es todo

Frases prohibidas: “Es fácil que el niño me haga caso, le doy un guantazo y ya. El problema es el adolescente, con él no valen los guantazos”

Tirando del hilo de una escena real en una escuela de padres, hablamos de cómo sentar las bases en la infancia de una buena relación con nuestros hijos y cómo lo que sembramos en la infancia se recoge en la adolescencia. Y, como dice Eva Bach, apostamos por sembrar empatía, asertividad, ternura, escucha, límites y negociación.

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Frases prohibidas: “Es fácil que el niño me haga caso, le pego un guantazo y ya. El problema es el adolescente, con él no valen los guantazos”

Educar parece el juego del “y más difícil todavía”. Cuando nos quejamos del embarazo o expresamos nuestros temores por el parto, alguien nos dice que ya nos enteraremos de lo que es bueno cuando el niño nazca. Cuando tenemos ya el bebé, alguien nos advierte de que la lactancia es lo fácil, que lo difícil es educar a un niño. Y cuando estamos educando al niño, nos cuentan que eso es un camino de rosas comparado con la adolescencia. Algo así debió de pensar una madre que acudía a una escuela de padres y que, ante la mayoría de padres de niños pequeños, dijo esta frase que hoy seleccionamos como prohibida. Y esta escena real nos hace pensar en una idea que nos brindó Eva Bach en su ponencia sobre la adolescencia:  “La buena adolescencia comienza en la infancia. Todo lo que hace falta en la adolescencia empieza en la infancia: la empatía, la ternura, la escucha amorosa, la asertividad, la negociación, los límites, escuchar desde el corazón, abrir nuestro corazón, que nos muestren el suyo”.

La escena tiene lugar en una escuela de padres organizado por el gabinete psicopedagógico de una ciudad mediana. En la sala, casi todo son madres de niños de 0 a 10 años, deseosas de reflexionar y debatir sobre los retos propios de esta edad: superar las rabietas, conseguir que los niños hagan caso, establecer una buena relación con los hijos, conseguir que estudien, que hagan los deberes… Un psicólogo dinamiza un debate y ofrece unas pocas claves para entender el momento evolutivo de los niños.

Muchas de las madres hablan de los problemas de los niños con mucha angustia: llevan muy mal que nunca hagan caso, les entristece mucho no sentirse escuchadas por ellos, les preocupa la situación de sus hijos en el colegio como si determinara su futuro. En estas, una madre que ha hablado poco en el grupo,  animada por el psicólogo, que trata de que todos intervengan, dice:

Me parece que os complicáis mucho la vida. Yo tengo dos hijos. El pequeño, de 8 años, es fácil que me haga caso. Le doy un guantazo y ya. Para mí el problema es el mayor, que tiene 16 años y no me hace ni caso. Ni los guantazos funcionan.  

El silencio en la sala es enorme. El psicólogo comenta algo sobre que la agresión hacia los hijos no es el mejor camino para educar, pero zanja el tema dando la palabra a otras madres. La madre no reaparece en el grupo. Y muchas de las madres y padres comentan en otras sesiones el miedo que tienen a la adolescencia de sus hijos. Y el psicólogo trata de calmarlos diciendo que “todo lo que se siembra durante la infancia da sus frutos para que la adolescencia no sea tan terrible como nos tememos”. Y aunque no lo dijo, queda claro que si sembramos azotes en la infancia, en la adolescencia no recibiremos buenos frutos. Y que si en la infancia sembramos, como nos dice Eva Bach, “empatía, ternura, escucha amorosa, asertividad, negociación, límites, escuchar desde el corazón, abrir nuestro corazón, que nos muestren el suyo”, probablemente los frutos que recojamos en la adolescencia, aunque sea una etapa llena de rebeldía y con ciertos problemas de comunicación, serán mejores. 

Imagen: Rachael Crowe /Unsplash

 

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