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Frases prohibidas: “Este niño está buscando pelea (o un buen azote)”

Tendemos a juzgar el comportamiento de nuestros hijos como un ataque personal. Quizá nos ayude romper el prejuicio de que nuestros hijos nos quieren desafiar o buscan pelea, o peor aún, un azote, cuando en realidad, según Yolanda Salvatierra, están buscando ayuda o construyendo su autonomía. Lo vemos con la historia de Daniel y su "día nublado".

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Frases prohibidas: “Este niño está buscando pelea (o un buen azote)”

En más de una ocasión, hemos hablado de la tendencia peligrosa a juzgar a nuestros hijos en lugar de comprenderlos. Quizá se deba, como nos dice Gregorio Luri, a que tenemos urgencia para dar una respuesta a nuestros hijos” y esta es “siempre mayor que la inteligencia que tenemos disponible para resolver”. Y si nos falta tiempo o queremos resolver rápido, es más fácil caer en el juicio que parar un momento para conectar y comprender. Quizá nos ayude romper el prejuicio de que nuestros hijos nos quieren desafiar o buscan pelea, o peor aún, un azote, cuando en realidad, según Yolanda Salvatierra, están buscando ayuda o construyendo su autonomía.

Daniel, de 7 años, lleva un día complicado y eso que es un sábado de verano y no hay prisa. Se opone a todos los planes que proponen sus padres, Héctor y Paula, y se está quejando por todo: por ir a la piscina porque lo ha dicho su hermana Gema, de 9 años, que sí sabe lo que quiere, por la comida que van a comer, por no tener el juguete que quería llevarse a la piscina, ya que se lo ha dejado en casa, porque han invitado a la piscina por la tarde a la mejor amiga de su hermana… En fin, todo es motivo de protesta y de gritos y berrinches y el día está siendo agotador. Ya por la tarde, en la piscina, Paula, desesperada, le dice:

-Menudo día llevas, Daniel, estás todo el rato buscando pelea.

Y Héctor, también harto, apoya la opinión de su mujer añadiendo:

-O buscando un buen azote.

El niño se aleja de la piscina berreando y se sienta en otro lado, solo. Su hermana Gema, con la que llevaba todo el día peleando, se le acerca, se pone a su altura, le coge con cariño la cara y le dice:

-Dani, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?

El hermano, con los ojos como platos porque su hermana le haya ido a buscar y se haya puesto a hablar con él calmada, le contesta:

-No sé qué me pasa hoy, estoy como nublado. Y encima mamá y papá se ponen furiosos conmigo.

Paula y Héctor, que ven la escena desde lejos, se asombran de ver a los hijos hablando tan tranquilamente.

-Ya, Dani, a veces a mí me pasa. Cuando estoy así hay algo que me ayuda. ¿Te apetece que pensemos ideas para que te sientas mejor y lo pasemos bien?- le contesta Gema.

Y Daniel asiente, así que Gema corre a pedirle a su madre un papel y boli para pensar soluciones. Los padres prefieren no intervenir para no romper la magia y en poco rato ven a los niños jugando animadamente, pero saben que tienen un abrazo y una conversación calmada pendiente con Daniel y una lección que aprender de Gema: menos juzgar y más escuchar.       

 

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